martes, marzo 09, 2010

Educación e internet. Replantearse la docencia.

En un capítulo de la serie House, un joven creador de videojuegos sufre uno de esos espectaculares ataques, propios de las series de médicos, y acaba en el hospital del famoso especialista en diagnóstico. El chaval, un friki de la tecnología, cansado de los recurrentes fallos en el diagnóstico del equipo del huraño doctor quien, por cierto, se encontraba ausente en proceso de rehabilitación, decide colgar su caso en la red y ofrecer una suculenta recompensa a quien de con la solución. Las potenciales soluciones llegan en una gigantesca tormenta de ideas. Por supuesto, al final el caso es resuelto gracias al genial doctor que, en un rato libre se conecta, resuelve el problema, acrecienta su desmesurado ego y se embolsa el premio.
Los guionistas de la serie explotan la principal e imbatible ventaja de la red: su capacidad para hacer funcionar el conocimiento disperso. Ciertamente, por mucho que sepan un genial grupo de técnicos sobre cualquier cosa siempre habrá más conocimiento fuera de ese grupo que dentro de él. La red ha supuesto un cambio, aun no suficientemente estudiado, en lo referente a asuntos técnicos, como sabrá cualquiera que haya intentado arreglar algún problema con el software de su ordenador. Sorprendente, siempre ha habido alguien que lo ha hecho antes y que además, se ha preocupado de publicar la solución.
El otro día Fernando, inagotable fuente de ideas sobre las que escribir, me envió un interesantísimo enlace a la página patata brava. La página en cuestión es parecida al rincón del vago pero más elaborada. Además de tener apuntes de varias asignaturas por universidad y profesor tiene también una sección de frases celebres que, como no podía ser de otra manera, están sacadas de contexto. Aunque auguro una larga vida a este experimento u otros similares, reconozco que me inquieta vagamente. Todos los que nos dedicamos a la docencia sabemos que en el calor de una discusión o de una explicación somos dados al abuso de la hipérbole, muchas veces, con pretensiones humorísticas encima, y si nos sentimos hipervigilados y transparentes podemos frenarnos en exceso y acabar no diciendo nada realmente provocador o interesante por miedo a ser manipulados o distorsionados para varios siglos pues hay formas de humor que sólo funcionan en el concreto espacio-tiempo en el que son utilizadas.
Pero más allá de estos temores, no exentos de una cierta paranoia abundante en el gremio, lo que resulta interesante uniendo ambas historias, la de House y la de Fernando, es que todo parece conspirar contra la idea de la clase como momento privilegiado para la transmisión. ¿Transmisión de qué?, ¿de técnicas?, ¿de datos? El problema no es llegar a clase y encontrarte con que unos cuantos alumnos tienen tus apuntes perfectamente escritos, y quizás, si son espabilados y trabajadores, comparados con los de otras universidades o profesores, o que van con ordenadores a clase, conexión a internet y acceso a muchos más datos de los que uno domina, o que graban alguna de tus clases, o trozos, o... El problema genuino es qué transmitir hoy en la educación superior ¿qué es lo que ni internet ni los apuntes les pueden dar? Pues lo único que nos queda es la transmisión de juicio práctico y creo que sabemos como hacerlo pero lo contaré otro día.

jueves, febrero 11, 2010

Explicación pedagógica sobre moral, sinergia, competencia e imposición (en una lección)

Hoy voy a contar una historia. No es una historia estrictamente pedagógica. Sin embargo, es una historia que recoge resultados educativos de manera ejemplar. Recoge lo que muchas personas han aprendido sobre la relación existente entre moral, mercado, justicia, sinergia, persuasión, servicio etc. El resultado, visto lo visto y aunque estas personas se vistan de presidentes de telefónica, es verdaderamente lamentable. Nuestra pequeña historia podría constituirse perfectamente en un tema de educación cívica.
Lo genial es que esta historia, dentro de su complejidad, su intensidad y sus impresionantes efectos, no tiene más de 40 años.
Contrariamente a lo que muchos piensan, internet no nació como experimento militar del todo poderoso ejercito USA, ni siquiera se puede decir que internet naciese en los laboratorios de investigación de algunas universidades americanas. Tampoco internet nació en algunos garajes con adolescentes granulientos más o menos frikis. Podríamos decir que internet nació en todos esos sitios de manera no planficada. En 1963, la prehistoria de nuestra historia, un grupo de investigadores consiguieron conectar tres computadores de California y uno de Utha en una pequeña red llamada ARPANET. La conexión formaba parte de un proyecto del ejercito americano. Es cierto que el ejercito y las universidades crearon las herramientas que sostienen el sistema pero de poco valen las herramientas sin una mentalidad empresarial que sea capaz de darles más usos que los que el investigador inicial imagina.
En los años 70 comienzan a circular las primeras computadoras personales en un proceso digno de estudio y donde se mezcla la pasión de unos jóvenes por la microinformática, la creatividad y la visión comercial. Apple, fundada en 1976, Microsoft, fundada en 1975 serán las grandes empresas creadas en la década. En 1981 IBM entra en la escena creando el primer PC. A finales de los años 80, tenemos pues una red, creada con intereses militares y unas iniciales computadoras que van lentamente introduciéndose en los hogares y no sólo en grandes centros de investigación o en empresas.
En 1991, hace menos de 20 años, un tal Berners-Lee crea el primer servidor web del mundo y el primer navegador. Los años 90 son los años de expansión de la red. En 1994 nace Lycos, en 1995 altavista y en 1996 yahoo. Hasta el 4 de septiembre de 1998 no llega google, una empresa que sólo tiene 11 años y que es la viva muestra de que, en los mercados libres, llegar el último no significa quedar el último.
Internet es el fruto de innovación de muchas personas, la gran mayoría de ellas no se conocen, si se conociesen es posible que muchos de ellos se llevasen mal y fuesen incapaces de convivir. Todos tratan de rentabilizar sus descubrimientos y avances a partir de lo que otros también hacen en un típico proceso de destrucción creativa de los que habla Joseph Schumpeter. Lamentablemente, frente a este proceso pleno de creatividad, competencia y múltiples beneficios para millones de usuarios hay varios peligros entre los que destacan dos que suelen estar relacionados, los jetas llorones y los estados que se pliegan a los jetas llorones.
En los últimos días el presidente de esa humilde empresa conocida como "telefónica", se ha unido al destacado grupo de los jetas llorones con unas declaraciones preocupantes. Dice el buen señor: "Es evidente que los buscadores de Internet utilizan nuestras redes sin pagarnos nada, lo cual es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros", afirmó Alierta. "Pero eso no puede seguir, las redes las ponemos nosotros (...), lo hacemos todo. Eso va a cambiar, estoy convencido". Alierta quiere cobrar a google con un argumento alucinante. Alguien debería recomendarle no tomar sustancias químicas antes de acudir a las conferencias o ruedas de prensa. La relación entre google y telefónica es el ejemplo clásico de sinergia. Telefónica es más útil porque existe google y google es lo que es porque las redes telefónicas han tenido un gran desarrollo ¿quién vive de quién? Ambos viven el uno del otro ¿para que se creerá este tipo que pagamos adsl? ¿para conectarnos a terra? (ji, ji, ji...). Es como si iberdrola pretendiera cobrar a HP por que sus clientes enchufan los ordenadores a su red. Telefónica no paga a la cantidad ingente de creadores de contenidos que hay en internet. La gente paga su adsl para acceder a los mismos y pide que el proveedor sea bueno. De hecho, podríamos decir que telefónica se lucra de esos contenidos ofreciendo sólo un servicio de acceso. Todos viven mejor si los otros hacen bien su trabajo (y a sí debe ser). Esa es la gran lección.
Además, la realidad es que telefónica sólo tiene dos opciones para cobrar a google, una imposible y otra inmoral. La imposible consiste en cortar la conexión a google y sus servicios si este no paga. Dificil pues sin el correo de google, su buscador, google docs, google earth o youtube o ...., es difícil que a telefónica le quedase un cliente, al menos yo se de muchos que le darían una bonita patada en el culo. Podría también convencer al resto de competidores de las bondades de su idea para que hiciesen lo mismo, sin embargo, dudo que lo consiga pues un sólo díscolo se llevaría una buena tarta del mercado, y eso sin contar con la posibilidad de que google se convierta en un proveedor de telefonía, más le valdría ponerse a currar para ofrecer mejores servicios u ofrecer a google valor añadido pues aquí acaban sus posibilidades legítimas.
La segunda posibilidad, la inmoral, es una posibilidad siniestra y consiste en presionar a los gobiernos, siempre interesados en la regulación, en este caso con la macro excusa del monopolio. Lo que sea con tal de no competir. El asunto de los monopolios es muy interesante y la oposición a los mismos no es, de por sí, un sintoma de libertad o liberalismo. No todo monopolio es malo ni todo antimonopolio bueno.
Conservar el mercado no es tan fácil y menos un mercado tan ágil y dinámico como internet donde los competidores y las posibilidades son tantas. Desde luego estas estrategias que se basan en la generación de un lobby que presione vía estado a quien no puedes ganar vía mercado no benefician a los ciudadanos pero realmente tampoco suelen beneficiar a las empresas lloronas que acaban siendo sobre pasadas por otras, estas sí, preocupadas por lo importante (recuérdese el caso de netscape y la guerra iniciada contra explorer. Se multó a microsoft pero hoy netscape es una empresa marginal en el mundo de los navegadores).
En el mundo de internet puedes ser muy fuerte pero si no te mantienes al día caes pues no dispones del elemento de la coacción. Google puede perder su posición pero esperemos que sea porque alguien ofrece algo mejor.
Esta breve historia de este mercado poco regulado nos ofrece muchas lecciones que deberían ser aprovechadas por los que se dedican a la educación cívica. Ya he contado algunas, dejare que en su inteligencia extraigan otras.

lunes, febrero 01, 2010

El magisterio y los incentivos.

Supongo que todo el mundo recibe en el correo multitud de mensajes inútiles, algunos graciosos otros interesantes y la mayoría bobos. El otro día me llegó un artículo interesante publicado en el semanario del periódico "el mundo". El artículo titulado "los profesores mejor pagados del mundo" contaba la experiencia de Zeke Vanderhoek, creador de una exitosa academia a los 23 años, e impulsor de un proyecto educativo cuya nota más destacada y llamativa son los altos sueldos pagados a los maestros, política que, por cierto también emplea en su exitosa academia. El tipo es muy interesante y a quienes queráis saber más de él y de sus opiniones sobre educación os recomiendo la entrevista que está tras el enlace que he puesto sobre su nombre (está en inglés).

Me interesa comentar ahora una de las frases de la noticia del mundo atribuida a Pilar Cavero. La presidenta de ANCABA (Asoicación Nacional de Catedráticos de Bachillerato) dice: "En principio, un sistema de remuneración así difícilmente puede ayudar a mejorar la educación" "No parece muy profesional vincular la mejora de conocimientos y resultados solamente a un incremento salarial. Si fuera así, significaría que los profesores no hacen todo lo que pueden y eso no es cierto".

Aunque el artículo recoge más consideraciones sobre el programa de esta profesora me gustaría realizar un pequeño análisis de esta frase que manifiesta algunas verdades incompletas junto con errores antropológicos evidentes. En primer lugar es una obviedad, reconocida por el propio Vanderhoek, el argumento de que pagar más no hace mejores profesores. En efecto, imaginemos que un modesto club de fútbol ficha a Paquethiño. Paquethiño, joven promesa, es incapaz de dar una patada a un bote. Para incentivarlo en su trabajo, el presidente del modesto club de fútbol le pone la ficha de CR9 más la de Messi. Evidentemente, Paquethiño sigue sin dar una patada a un bote y el presi ha tirado su dinero por el retrete. Sin embargo, sorprendentemente, o quizás no tanto, similar política siguen muchas veces las administraciones públicas en sus juegos con los sindicatos educativos cuando estos "negocian" subidas de sueldo generalizadas para todos los maestros.

No obstante, aun siendo esto verdad, la presidenta de la ANCABA olvida otro de los sentidos de los salarios en un mercado libre. El salario, que es un precio, tiene, como todos los precios, el efecto de señal para la atracción o expulsión de capitales, en este caso de capital humano. Un sistema competitivo de salarios altos atraerá a los mejores hacia la educación. En palabras del propio Vanderhoek: "People make the mistake of thinking that the salary that we are offering is somehow designed to make a mediocre teacher better. Completely wrong. If you pay somebody more it's not going to make them a better teacher. That's completely missing the point of the project. The point of the project is just change the perception of who should become a teacher. It's to change the sort of lip service mode of, "Oh teachers we really value you" to something concrete". O dicho de otra manera ofreciendo un salario mayor y competitivo yo podré competir por llevarme a Messi a mi equipo y despedir a Paquethiño.


domingo, enero 17, 2010

Juicio pedagógico.

Un gran amigo mio me ha regalado un libro, recientemente publicado en español, de C.S. Lewis, "Reflexiones sobre los Salmos". El libro, que acabo de empezar, es fantástico como casi todo lo escrito por ese genial inglés. Pero lo traigo aquí no por su contenido religioso sino por el pedagógico. En la introducción el autor se ve legitimado para escribir sobre los Salmos no siendo un profesional de la exégesis y aún así, o quizás por eso, resultar interesante para el público común. Para lograr convencernos de esa legitimidad parte de un sencillo comentario pedagógico que sin quererlo demuestra, indirectamente y por la vía de los hechos, que la reflexión y el juicio sobre asuntos práctico morales como la educación no es sólo un asunto para profesionales de la pedagogía.

"A menudo sucede que dos alumnos resuelven mejor entre ellos sus dificultades en las tareas de lo que puede hacerlo el maestro, porque cuando uno le llevaba el problema al profesor, como todos recordamos, muchas veces él nos acababa explicando lo que ya sabíamos, nos cargaba con una enorme cantidad de información que no deseábamos y no nos solucionaba en absoluto aquello que no entendíamos. He presenciado esta situación desde ambos lados de la red; porque cuando, ya siendo maestro, intentaba responder las cuestiones que me planteaban mis alumnos, en ocasiones, después de un rato, veía instalarse en sus caras una expresión que me aseguraba que estaban sufriendo exactamente la misma frustración que experimentaba yo con mis propios profesores. El compañero es capaz de ayudarte mejor que el maestro porque sabe menos. La dificultad que queremos que nos explique es una que él acaba de afrontar. El experto, en cambio, tuvo que hacerlo hace tanto tiempo que ya se le ha olvidado. Y en estos momentos, ve el tema desde una perspectiva tan distinta que no puede comprender que es lo que le da problemas al alumno; ve otra docena de dificultades que son las que deberían estar preocupándole, pero que, en realidad, no lo están haciendo".  
(C.S. Lewis, Reflexiones sobre los Salmos)  


jueves, diciembre 03, 2009

A vueltas con los crucifijos en las escuelas.

Sigue la polémica.

-Una vez conocí a un hombre como usted, Lucifer- siguió diciendo el monje monótonamente sin ninguna inflexión especial-. Aquel hombre adoptó...

-No hay un hombre como yo -protestó Lucifer con tanta violencia que su nave dio un bandazo.

-Como iba diciendo –prosiguió Michael_, aquel hombre adoptó ese punto de vista según el cual el símbolo de la cristiandad es una expresión del salvajismo y la irracionalidad. Su historia es muy elocuente. Es una alegoría perfecta de lo que les ocurre a los racionalistas como usted. Comenzó, naturalmente, por eliminar de su casa los crucifijos, fuera el que llevaba al cuello su esposa, fueran incluso los que aparecían en los cuadros colgados de las paredes. Aquel hombre decía, como usted, que eso era una simple forma fantásticamente arbitraria, una monstruosidad amada por paradójica. Entonces empezó a hacerse más y más fieramente excéntrico; rompía las cruces que encontraba en los caminos, pues vivía en un país católico romano. Finalmente, en la cumbre de sus despropósitos, se subió una noche a la torre de una parroquia y echó abajo la cruz que la coronaba mientras profería brutales blasfemias bajo las estrellas. Después, una noche de verano, cuando regresaba a su casa a través de una senda, su locura diabólica comenzó a insuflarle ideas para cambiar el mundo. Se detuvo unos instantes para fumar, mientras pensaba en todo aquello, frente a una interminable estacada, y de repente se le abrieron desmesuradamente los ojos. No es que viera una luz hiriente, no es que viera de súbito un libro abierto y revelador, sino que observó que la estacada era algo así como un ejército de cruces que se extendían hacia las faldas de la colina. Entonces alzó su bastón y cargó contra las cruces. Milla tras milla a lo largo de su camino fue descargando bastonazos contra las cruces. Cuando llegó a su casa era un hombre literalmente loco. Se dejó caer en una silla, pero al instante le pareció que la carpintería del mobiliario reproducía también aquel símbolo, para él horrible, aquella imagen intolerable. Se metió en la cama pensando que todo respondía a una confabulación. Y al poco se levantó para cargar contra los muebles, a los que tenía por cruces dispuestas de distintas maneras. Y luego pegó fuego a su casa, pues la tenía por hecha de cruces... Lo encontraran en el río...

Lucifer lo miraba con sus labios crispados.

-¿Esa historia es real? –preguntó.

-Claro que no -dijo Michael alegremente-. Es una parábola. Es una parábola que los representa a usted y a sus racionalistas. Comienzan ustedes por destrozar la cruz y acaban destrozando el mundo habitable. Hay los tenemos a ustedes, diciendo de continuo que la Iglesia no puede ir contra sus voluntades, pero cuando nos volvemos a encontrar dicen que nadie debe adherirse a la Iglesia.

(G.K. Chesterton (1910) La esfera y la cruz)

lunes, noviembre 09, 2009

¿Obligatoriedad hasta los 18 años? ¿Por qué no hasta los 20?

No cabe duda de que los juegos de simulación social, entre los que destacan el famoso "Los Sims", resultan ser un fenómeno interesante y, según el parecer de los muchos usuarios que lo disfrutan, incluso divertido. El juego, a partir de una cierta sofisticación de variables, permite diseñar un barrio que funciona en base a las interacciones que tienen sus habitantes. Uno puede, siquiera por un momento, sentirse miembro de un todo poderoso gobierno moderno y progresista que diseña la vida de sus habitantes y contribuye a hacerla dichosa o desgraciada o al menos intentarlo. Recuerdo otros juegos parecidos como "The age of empires", al que alguna vez incluso jugué con cierta curiosidad. También se basaba en la posibilidad de diseñar el funcionamiento de una sociedad. Uno puede verse en la disyuntiva de proveer a su micro sociedad de, por ejemplo, más soldados o más sacerdotes, decisiones de las que depende en gran medida el futuro de esa sociedad y del jugador en el juego.
No se muy bien si los que se dedican a la política, en el pequeño sentido del término, esto es, los que viven en los parlamentos y ministerios, tienen juegos de esos en sus despachos pero muchas veces pienso que manejan las situaciones de la misma manera. "Si aumento la obligatoriedad de mis "piezas" mejoro su formación y eso me da más puntos para alcanzar el nivel de desarrollo que me permitirá superar tal y tal obstáculo. Por otra parte el coste me impedirá aumentar las ayudas al automóvil con lo que puede subir el paro. Si hago ambas cosas quizás aumente en exceso mi deuda y me acaben echando del tablero del juego europeo, en fin, no es una situación fácil. Lanzaré ese bonito artilugio llamado globo sonda a ver que pasa".
Quizás en el ministerio de educación han creado un juego llamado "the age of education" y algún software estadístico les ha dicho que deben aumentar la obligatoriedad hasta los 18 años (ya saben, cifras del paro....). Lo peor de todo es que se pueden llegar a creer que el juego funciona y que responden únicamente a la búsqueda de nuestro bien.
Ya que he empezado con la metáfora del juego, todo puede volverse aún más divertido si analizamos todas las posibilidades que ofrece. Imaginemos que leemos esta jugada de una manera creativa. Quizás los diseñadores de la partida calcularon mal la jugada anterior, aquella que aumentó la comprensividad hasta los 16 años disminuyendo la variabilidad en ese tramo. Aquellos que antes iban a la formación profesional en lugar de al bachillerato se amontonan ahora en las mismas aulas. Imaginemos que los jugadores tratan de explotar mejor sus recursos pues los resultados no han sido todo lo brillantes que desean y antes que dar la razón a otro de los jugadores se embarcan en una aventura de aumento de la obligatoriedad hasta los 18 años y reducción a la vez de la comprensividad (el propio ministro cree lógico aumentar el bachillerato de dos a tres años). En efecto, es una jugada posible. Tendríamos ahora un ciclo común hasta los 15 años y no hasta los 16, como ahora, y un ciclo obligatorio hasta los 18. El debate entre jugadores estrategas se pone interesante. Los que defendían una reducción de la comprensividad verían sus tesis finalmente victoriosas aunque fuese por la puerta de atrás. El jugador principal, el que tiene la última palabra e ideó la jugada previa, salvaría la cara pues nadie repararía en su vergonzante reconocimiento de un error. Varios jugadores que parecían liberales y a los que se les llenaba la boca con el derecho de los padres a decidir defenderían el aumento de la obligatoriedad reparando en los nuevos ingresos que la medida supondría para los centros concertados. Todos ganaban, aparentemente.
Sin embargo, la realidad es cruel. Ningún ministro, ni todo su equipo, por grande e inteligente que sea, (y me consta que tienen personas inteligentes y aún más últimamente), puede tener el conocimiento suficiente para determinar la edad optima a la que debe extenderse la educación obligatoria. Este calculo no puede hacerse por una razón muy clara y evidente para cualquiera que piense un poco. Esa edad no existe pues no todos somos iguales ni necesitamos, queremos, o valemos para lo mismo. Creo que aún hay algo peor y más criminal en el asunto y es que ellos lo saben. Saben positivamente que habrá personas sacrificadas involuntariamente en favor de una batalla de la que el individuo es pieza para futuras victorias en el tablero de su nuevo juguete.

miércoles, septiembre 09, 2009

Comienzan las clases

Este video dura 19 minutos y si lo veis no habréis perdido el tiempo. Podéis activar los subtítulos en español. Feliz comienzo de curso para todos los niños.

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