jueves, agosto 31, 2006

Más sobre ciudadanía

Durante este verano al menos cuatro autores en el periódico "el país" han defendido, o eso pretendían, la asignatura de educación para la ciudadanía, Por orden de aparición en escena, Savater, 12 de agosto, Francisco Laporta, 16 de agosto, Peces-Barba el día 22 y Aurelio Arteta el 30 de agosto. Es posible que haya más pues mi afición por la lectura de ese periódico tiene sus límites. Por pocos artículos que se hayan leído de estos autores es fácil reconocer la ecuanimidad y falta de prejuicios con las que estos pensadores suelen tratar lo que suene a iglesia (católica, por supuesto) y esto es lo primero que sorprende, que artículos supuestamente destinados a defender la maldita asignatura "obligatoria" - esto es que utiliza la coacción y no la persuasión como punto principal en el que apoyarse- estén dedicados, en la mayor parte de su argumentación, a atacar a la iglesia y no los argumentos que existen para oponerse a este futuro engendro. Aunque hay católicos que nos oponemos a esa asignatura también hay no católicos que lo hacen y, en cualquier caso yo al menos no he utilizado ninguna alusión a argumentos teológicos o de autoridad eclesial para oponerme a la asignatura, ni siquiera he podido leer ninguno, me opongo desde mi condición de ciudadano por eso me gustaría un poco de consideración y que los legítimos críticos con los críticos se atengan a criticar los argumentos y no utilicen distractores, ya sabemos que Aznar la iglesia católica y Bush son los únicos culpables del mal del mundo, junto con Israel, y que su uso es rentable pues aglutina emociones, pero ahora vamos a intentar discutir con argumentos.

Pero como los autores, quizás por falta de mejores argumentos, quizás pensando que un chivo expiatorio les hará más fácil entrar en las mentes educadas en la televisión, o quizás para satisfacer a los deseosos de carnaza anticlerical, han utilizado un tipo de lenguaje antieclesial, habrá que empezar contestando algunas de las cosas que dicen al respecto. Los argumentos utilizados van desde los típicos tópicos sobre la iglesia hasta otros supuestamente ilustrados como el de Peces pero que leídos atentamente son de llorar, resulta que ahora los obispos añoran según el imparcial y razonable Peces las situaciones teocráticas. Ya se sabe, los curas no quieren que nos gobiernen los socialistas porque son ateos. Peces parece razonar como sigue, no admites otra autoridad que la celeste porque si la admitieses dejarías legítimamente que gobernasen te callarías y no osarías criticar sus siempre legítimos planteamientos. La iglesia siempre ha criticado todo lo que huela a ilustración y eso es intolerable, la ilustración no admite crítica, ésta sí que sí, es inmutable y perfecta. Hombre Peces, los acontecimientos de la Vendee, Stalin y sus millones de muertos, frutos lógicos de la revolución francesa -recordemos que el socialismo al que remitían era "científico"- ¿no son más que daños colaterales? yo, que me opongo a la asignatura, no quiero un estado teocrático pero tampoco totalitario y no he oído a ningún obispo pedir un estado teocrático si acaso poder expresar sus opiniones pero quizás el nuevo estilo es que como no pueden imponerlas tampoco pueden predicarlas y los católicos a obedecer y a callar, ¿será éste el primer tema de la asignatura o quedará para secundaria?

En uno de sus párrafos más llorones el celebrado catedrático continúa diciendo "por eso no pueden admitir que la enseñanza de un Estado democrático pueda transmitir los valores de libertad, de igualdad, de pluralismo y de justicia que están en el artículo primero de la Constitución. Tampoco otros complementarios como la tolerancia, la solidaridad y la seguridad. Ni las reglas y los procedimientos que aseguran la convivencia desde el Estado de Derecho" snif, snif, me duele la incomprensión que tenemos los rebeldes. O sea Peces, ¿desear que el estado se limite, que no es poco, a practicar las reglas del juego y las ejerzan sin más coacción hacia quien cumple la ley y no quiere sus sermones es cosa de malos ciudadanos? Pues para Peces sí, porque para Peces los poderes públicos tienen competencia "plena" en esa materia educativa. ¿Lo de plena es que los demás no tienen nada que decir? ¿Sólo los amiguitos del poder de turno? El estado habla el ciudadano no progre calla, ¿Tema 2?

El artículo de Laporta comienza mejor para acabar en la misma defensa del actual estado, se ve que la filosofía orgánica no es un invento solo de los regímenes abiertamente autoritarios. Después de constatar lo mal que hemos hecho aquí la asignatura pasa a la crítica a la iglesia que es precisamente quien no ha hecho la ley y quien no ha diseñado la asignatura. Lo de siempre que mal lo hemos hecho por culpa de los que no se han limitado a tragar. ¿Quién ha buscado consenso? La izquierda está acostumbrada a manejar a su antojo las leyes educativas, si la reforma no es "progre" no es buena ni ilustrada. El artículo no da para más, el fácil discurso de nosotros los ilustrados, los buenos. La sociedad, los padres, la tele, los malos.

Aurelio Arteta comienza citando a Perogrullo para luego dar el triple salto mortal y justificar la intervención estatal: "No hay democracia sin demócratas, pero nadie nace demócrata o ciudadano sino que ha de aprender a serlo. ¿Por qué entonces esta cruzada contra la introducción en la escuela de una asignatura como la Educación para la Ciudadanía?" Pregunta retórica que él ya se responde, le voy a proponer otras posibles respuestas, 1- porque algunos piensan que un buen ciudadano es el que resiste frente al poder del estado sobre todo cuando ese estado quiere imponer no sólo un código penal sino una forma de ver el mundo. 2- Porque algunos creemos, con conocimiento de causa, que el estado desincentiva todo lo que toca, y decir que se dedicará a la educación cívica es trasmitir a la sociedad civil que no debe preocuparse ya de ese tema. 3- Porque el estado abusa de la extorsión en forma de impuestos para propaganda y adoctrinamiento -TV, radios, y periódicos públicos, recordaré para los incautos que hoy también tenemos prensa del movimiento y que es cara, pregunten en su ayuntamiento cuanto cuesta el pasquín que generosamente reparte "gratis" en su buzón- y sospechamos que la asignatura sea un eslabón más en esa trama de autobombo. 3- Porque los derechos humanos nacieron para defender al individuo de las ingerencias externas del estado y algunos desconfiamos de que el mejor modo de confiar la enseñanza de ese sagrado principio de la libertad individual sea delegar la tarea de la educación moral a quien ejecutó a los que defendieron esos principios iniciales. Hay más respuestas, pero para comenzar a pensar éstas creo que resultan suficientes.
Después de continuar riñendo a quien se opone a la asignatura como mal ciudadano y, pásmense, relativista, en un momento de calentamiento llega a decir: "Pues no son todavía ciudadanos quienes viven ajenos a la comunidad general, de cuyo buen orden depende el de las comunidades particulares que formamos; los que no se tienen por sujetos activos de ella, porque eso es asunto de "los políticos"; los que apenas reconocen deberes respecto a sus conciudadanos, y sí más bien derechos. Un griego clásico les hubiera llamado idiotas, o sea, individuos tan sólo preocupados por lo idíos o propio. A poco ciudadanos que se sintieran, admitirían que este saber de lo tocante a todos no puede transmitirlo la familia, que es una comunidad parcial y volcada en el egoísta interés de sus miembros." Me interesan, de esta catarata de sofismas, varias cosas, de entrada, porque suponen un juicio excesivo hacia quienes nos oponemos a esta asignatura, ya que nos trata como a gentes que no queremos participar en la vida común, -jolín con los saltos lógicos-. Además, ¿quién ha dicho que la familia es suficiente? Creo que la familia tiene la prioridad en la formación moral porque lo dicen los Derechos Humanos tan invocados cuando interesa y porque, ¿qué puede dejar un padre a un hijo -que no sea Polanco que además les dejará una pasta- sino una forma de ver el mundo?, pero creo que existe toda una red de instituciones intermedias entre la familia y el estado que son las que realmente ayudan a formar ciudadanos. Si nuestra sociedad civil está muerta y no tiene esa red la culpa es precisamente del afán expansivo del tremendo aparato estatal que, entre instancias municipales, autonómicas, estatales, europeas e internacionales, padecemos. Lo que necesitamos es precisamente menos estado no más, por favor. Y además, ¿Qué es, Don Aurelio, participar en la comunidad general? ¿Quién reniega de su participación? Precisamente los que objetamos a esta asignatura estamos realmente participando, ¿o participa más quien aborregadamente delega todo tipo de formación moral en el estado confiando en su benevolencia? ¿Participa más quién se limita a meter un papel con el nombre de un partido del que no ha leído nada en una caja cada cuatro años o quien consciente y razonadamente se queda en su casa? ¿Puede ser el que considera que los partidos políticos, los sindicatos, las instituciones burocráticas europeas son una enorme jaula de hierro que acogota al ciudadano, vive de su dinero y no se preocupa de persuadirle sino que se basta con extorsionarle a base de impuestos, sea un buen ciudadano preocupado realmente por la libertad? ¿Puede ser que el que desconfíe de esta asignatura, sobre todo viendo el contenido aparecido en los borradores y su extensión y viviendo en comunidades nacionalistas donde muchos de los temas pueden ser leídos en esta clave, sea considerado un buen ciudadano precisamente por objetar? Paradójica y legítimamente, creo que es auténtica preocupación por lo común. Continúa el autor criticando que la oposición de la iglesia supone buscar una teocracia en la línea de Peces, el bla, bla, bla, típico para desacreditar.

Terminaré comentando el artículo de Savater al que considero el más inteligente de los articulistas. Después de el obligatorio ataque a la iglesia, necesario como todo el mundo sabe para defender el valor de una asignatura, Savater nos ofrece el meollo de su argumentación en un párrafo que transcribo literalmente: "La objeción más inteligible contra esta materia viene a ser que el Estado no debe pretender educar a los neófitos en cuestiones morales porque ésta es una atribución exclusiva de las familias. Como ha dicho monseñor Rouco, la asignatura culpable no formaría a los estudiantes, sino que les transmitiría "una forma de ver la vida", que abarcaría "no sólo el ámbito social, sino también el personal". Francamente, no me resulta fácil imaginar una formación educativa que no incluya una forma de ver la vida, ni una educación de personas que omita mencionar la relación entre la conciencia de cada cual y las normas sociales que comparte con su comunidad. Pero de lo que estoy convencido es de que la enseñanza institucional tiene no sólo el derecho sino la clarísima obligación de instruir en valores morales compartidos, no para acogotar el pluralismo moral, sino precisamente para permitir que éste exista en un marco de convivencia. Los testigos de Jehová tienen derecho a explicar a sus hijos que las transfusiones de sangre son pecado; la escuela pública debe enseñar que son una práctica médica para salvar vidas y que muchas personas escrupulosamente éticas no se sienten mancilladas por someterse a ellas. Los padres de cierta ortodoxia pueden enseñar a sus hijos que la homosexualidad es una perversión y que no hay otra familia que la heterosexual; la escuela debe informar alternativamente de que tal "perversión" es perfectamente legal y una opción moral asumible por muchos, con la que deben acostumbrarse a convivir sin hostilidad incluso quienes peor la aceptan. Los alumnos deben saber que una cosa son los pecados y otra los delitos".

La primera objeción es de precisión, algo exigible a un filósofo, ¿seguro que Rouco ha dicho que la educación de cuestiones morales es una atribución "exclusiva" de las familias? Un poco de honradez con las opiniones ajenas es algo valorable en un filósofo, prioritariamente decidida por las familias, no es exclusiva. Sobre la crítica a las excesivas pretensiones de la asignatura y a su excesivo intrusismo en asuntos que no le competen ¿qué otra crítica sobre los contenidos, y a los que según él debemos estar atentos - veo que sólo de boquilla-, es la que propone Savater como legítima? El mismo debería leer los borradores del Ministerio y ponerse a temblar por lo que pueden implicar en algunas Autonomías por él bien conocidas y justamente criticadas. La asignatura puede fácilmente terminar en un nuevo dogma que diga que fuera de la ideología dominante (socialismo, nacionalismo, nacionalsocialismo, o pijoprogresismo genérico) no hay salvación. Pero lo más sorprendente es la confusión que muestra entre legal y moral cuando acusa a quienes confunden los delitos con los pecados, "Los padres de cierta ortodoxia pueden enseñar a sus hijos que la homosexualidad es una perversión y que no hay otra familia que la heterosexual; la escuela debe informar alternativamente de que tal "perversión" es perfectamente legal y una opción moral asumible por muchos, con la que deben acostumbrarse a convivir sin hostilidad incluso quienes peor la aceptan" . Confirmado, a partir de ahora los comportamientos permitidos por el estado tienen que ser respetados como morales no sólo tolerados dentro de la libertad de cada cual. Por ejemplo, como no es delito la vieja práctica de buscar alivio con las ovejas llevémoslas a los colegios en muestra de respeto hacia prácticas ajenas no delictivas y realicemos unas sesiones de convivencia y conocimiento profundo entre especies. Eso si que es confusión, amigo Savater, pues una cosa es lo legal y otra lo moral, lo primero debe fijarlo el estado, sobre lo segundo, por favor no sermoneen utilizando el aparato coactivo de la escuela, de la cual no es posible escapar, pues todos estamos condenados a él. Eso es pluralismo lo otro totalitarismo, porque entre las múltiples, casi infinitas, opciones legales, ¿cuáles, además claro está de la homosexualidad según se ve en el ejemplo, va a presentar el estado como morales? ¿Sobre que comportamientos nos va a "adoctrinar" como políticamente correctos y dignos casi de admiración?

Para terminar me hace llorar de risa, y más viniendo de un filósofo "profesional", la apelación a la enseñanza de los principios y no sólo de actitudes. Sólo una observación a este respecto, ¿para que llevamos años enseñando una asignatura de filosofía sino es para enseñar los principios del razonamiento, la moral y la política? ¿Qué habéis estado haciendo hasta ahora? Como la filosofía del siglo XX, que decretó el fin de la verdad pero que resulta tan estimulante en las charlas de café entre pedantes, nos dejo sin razones, ahora necesitamos que la política a través del aparato escolar venga a corregir estos delirios de la razón para lograr que las cosas no se nos vayan de las manos. ¿Se corta las uñas al gato y luego se quiere que siga cazando ratones?

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