miércoles, febrero 21, 2007

Otra educación es posible, -aunque seguramente no la que tú piensas-.

En un libro publicado en el 2006 y dedicado al análisis del mundo globalizado se pueden leer cosas como éstas: "En él (el mundo globalizado se entiende), bajo la hipoteca al neoliberalismo, tiende a imponerse como valor superior el valor de cambio, constitutivo de la economía de mercado. En ella desaparece el que desde la modernidad se consideró como máximo valor, a saber, la autonomía de la persona que constituye su dignidad y que obliga a no servirse de la humanidad, ni en cada persona ni en su conjunto, nunca sólo como mero medio, sino siempre como fin. No instrumentalizar al otro se constituye entonces en el imperativo de toda educación en valores que responda a los ideales libertarios de la modernidad. En tiempos de globalización neoliberal, cuando la democracia liberal formal se convierte en estrategia de dominación, la formación en valores tiene que significar ante todo deconstrucción del fetiche del neoliberalismo y reconstrucción del auténtico sentido de participación democrática en clave cosmopolita con base en ciudadanas y ciudadanos libres e iguales." (Miquel Martínez, Guillermo Hoyos (coords.), La formación en valores en sociedades democráticas, Editorial OEI-Octaedro)
Traigo este texto a este blog como ejemplo de los continuos y machacones ataques que desde el mundo de la teoría de la educación, sobre todo cuando se habla de formación moral, se hacen al liberalismo considerado como el gran Satán de la pedagogía y la humanidad entera. Aunque es laborioso tratar de desmontar estos dogmas, resulta una tarea indispensable para los que creemos en la absoluta necesidad de libertad de empresa, también -o sobre todo- en el campo educativo.
Ejemplos para pensar de
a favor del liberalismo económico hay muchos, sólo hace falta abrir los ojos.
En 1998 dos jóvenes informáticos, Larry Page y Sergey Brin fundaron el buscador google en una decisión no exenta de riesgos pues el mercado ya tenía un campeón que se llamaba Yahoo. Ni Larry ni Sergey robaron ni sobornaron a nadie para fundar su empresa, sólo innovaron, arriesgaron y confiaron en que ofrecían un producto atractivo y útil a la gente, mejor que el que existía, y que sólo funcionaría si un gran número de personas lo utilizaban de manera voluntaria y reiterada.
En Abril del año 2005, uno de esos hombres que tanto arriesgan su patrimonio, un político llamado Jacques y apellidado Chirac, anunciaba la creación de un buscador quaero que haría la competencia frente a ese asqueroso monopolio norteamericano en el mundo de internet. Apoyado con dinero que no es suyo se lanzó, junto con el gobierno alemán, a la aventura de crear un buscador al que destinaría la nada despreciable cantidad de
2500 millones de euros, -existen maneras absurdas de tirar la pasta, pero el estado es líder en innovación en este campo-.
Recientemente el gobierno alemán anunció su intención de bajarse de un proyecto sólo basado en las ansias imperiales de políticos que, éstos sí que sí, se sirven de la humanidad ¿deberemos llamarlos neoliberales?

jueves, febrero 01, 2007

Educación social. Las campañas de concienciación.

El día de hoy, 1 de febrero de 2007, se prepara un apagón como protesta contra el calentamiento de la tierra y contra el derroche de energía. Así lo he leído hoy en uno de esos panfletos gratuitos que reparten en el metro. No recuerdo la hora pues apagaré la luz para irme a acostar y eso, todavía, sólo depende de mi voluntad.


La proliferación de ese tipo de campañas es abundante gracias a las posibilidades de comunicación de la globalización, pero su utilidad y su oportunidad no depende de la abundancia de altavoces para su propagación, ni siquiera de la buena voluntad de sus organizadores. La buena voluntad, en el supuesto de que exista, no hace buenas las acciones humanas. De hecho, durante algún tiempo el fallo de la educación ha sido el considerar que sólo la buena voluntad valía para ser buen educador. Desde un punto de vista educativo debemos analizar la eficacia del método y la bondad del fin propuesto. Sobre el método y el fin de esta campaña tengo algunas observaciones que me hacen dudar de su validez. Empezaré por la objeción más obvía. ¿Se han puesto a analizar los organizadores el coste de la reconexión? Hago esta pregunta porque dudo mucho que mi factura de la luz mejorase si apagase cada cinco minutos todos los electrodomésticos de casa y los volviese a encender de golpe. Es más creo que no sería tonto pensar que quizás subiese.

Los organizadores, y todos los organismos públicos que secundan el apagón, podrían argüir, y de hecho así lo dicen, que más importante que el ahorro energético es la concienciación del problema. Pero ¿que concienciación? ¿Contra quien se quiere protestar? ¿Contra uno mismo? Obviamente contra los políticos que hoy se reunen en la ONU para hablar del cambio climático, para que favorezcan medidas que frenen ese proceso de destrucción del planeta del que es culpable el ser humano, -"hecho", por cierto, obsesivamente negado por algunos. En definitiva, que no se trata de de generar hábitos buenos, labor costosa y desagradable como bien sabe cualquier padre, sino de presionar a los políticos para que, como siempre, regulen la capacidad de elegir libremente. Cómo no somos capaces de consumir menos hemos de desear que nos lo prohiban. No gracias, para tratar con niños ya tengo a los de mi casa.

Pero más allá de esta puntual campaña de concienciación -educación social-, resulta característico en todas ellas el machacón recurso a lo lúdico, nótese que en la campaña comentada no se propone seguir un día el ritmo que marque la luz solar y prescindir de tele, ordenadores, música y lecturas, -si es que alguien sigue con esa ancestral costumbre-, durante una noche, sino que se apela al "divertido" ejercicio de apagar cinco minutos, asomarse a la ventana y ver el panorama de una ciudad casi a oscuras,¡qué bonito!, ¡qué romántico!

Lo lúdico es valioso en educación, aunque no tiene siempre un valor absoluto. Por ejemplo, en el cole un grupo de profes, o una ONG, se propone enseñar mediante actividades lúdicas, las consecuencias negativas de las drogas para que en un futuro, cuando a los niños les llegue el momento de elegir, se mantengan apartados de las mismas. Pero, cuando llegue ese momento, ¿se acordarán más de los contenidos que les enseñaron o asociarán el consumo de droga con esas clases "tan divertidas"?