jueves, febrero 01, 2007

Educación social. Las campañas de concienciación.

El día de hoy, 1 de febrero de 2007, se prepara un apagón como protesta contra el calentamiento de la tierra y contra el derroche de energía. Así lo he leído hoy en uno de esos panfletos gratuitos que reparten en el metro. No recuerdo la hora pues apagaré la luz para irme a acostar y eso, todavía, sólo depende de mi voluntad.


La proliferación de ese tipo de campañas es abundante gracias a las posibilidades de comunicación de la globalización, pero su utilidad y su oportunidad no depende de la abundancia de altavoces para su propagación, ni siquiera de la buena voluntad de sus organizadores. La buena voluntad, en el supuesto de que exista, no hace buenas las acciones humanas. De hecho, durante algún tiempo el fallo de la educación ha sido el considerar que sólo la buena voluntad valía para ser buen educador. Desde un punto de vista educativo debemos analizar la eficacia del método y la bondad del fin propuesto. Sobre el método y el fin de esta campaña tengo algunas observaciones que me hacen dudar de su validez. Empezaré por la objeción más obvía. ¿Se han puesto a analizar los organizadores el coste de la reconexión? Hago esta pregunta porque dudo mucho que mi factura de la luz mejorase si apagase cada cinco minutos todos los electrodomésticos de casa y los volviese a encender de golpe. Es más creo que no sería tonto pensar que quizás subiese.

Los organizadores, y todos los organismos públicos que secundan el apagón, podrían argüir, y de hecho así lo dicen, que más importante que el ahorro energético es la concienciación del problema. Pero ¿que concienciación? ¿Contra quien se quiere protestar? ¿Contra uno mismo? Obviamente contra los políticos que hoy se reunen en la ONU para hablar del cambio climático, para que favorezcan medidas que frenen ese proceso de destrucción del planeta del que es culpable el ser humano, -"hecho", por cierto, obsesivamente negado por algunos. En definitiva, que no se trata de de generar hábitos buenos, labor costosa y desagradable como bien sabe cualquier padre, sino de presionar a los políticos para que, como siempre, regulen la capacidad de elegir libremente. Cómo no somos capaces de consumir menos hemos de desear que nos lo prohiban. No gracias, para tratar con niños ya tengo a los de mi casa.

Pero más allá de esta puntual campaña de concienciación -educación social-, resulta característico en todas ellas el machacón recurso a lo lúdico, nótese que en la campaña comentada no se propone seguir un día el ritmo que marque la luz solar y prescindir de tele, ordenadores, música y lecturas, -si es que alguien sigue con esa ancestral costumbre-, durante una noche, sino que se apela al "divertido" ejercicio de apagar cinco minutos, asomarse a la ventana y ver el panorama de una ciudad casi a oscuras,¡qué bonito!, ¡qué romántico!

Lo lúdico es valioso en educación, aunque no tiene siempre un valor absoluto. Por ejemplo, en el cole un grupo de profes, o una ONG, se propone enseñar mediante actividades lúdicas, las consecuencias negativas de las drogas para que en un futuro, cuando a los niños les llegue el momento de elegir, se mantengan apartados de las mismas. Pero, cuando llegue ese momento, ¿se acordarán más de los contenidos que les enseñaron o asociarán el consumo de droga con esas clases "tan divertidas"?


1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en que la buena voluntad no basta y en que apagar el mundo entero cinco minutos y volver a encenderlo, posiblemente genere más gasto energético que ahorro. Incluso la finalidad última de los promotores de la campaña es discutible. Sin duda la concienciación de cada persona para no derrochar energía ni consumir productos para cuya realización haya sido necesario el gasto “excesivo” de energía, sería lo deseable. Pero eso es tan bonito como utópico y, en este caso, las consecuencias del problema que tenemos delante parecen ser tan grandes, que si me lo permites cualquier acción simbólica o “divertida” que haga reaccionar a la gente o inducir una acción política aunque el objetivo de ésta sea colgarse medallas, será bienvenido, al menos, por mí. Que las personas necesitemos del espectáculo para concienciarnos no deja de ser lamentable, pero esa no es la cuestión en este momento. En este caso, si el numerito del apagón ha contribuido siquiera mínimamente a avanzar en el camino hacia una solución (lo cual no es descartable pues así funciona la sociedad y la política), el fin habrá justificado los medios. Esto hay que atajarlo como sea, o nuestras aspiraciones dejarán de ser mejorar el espíritu humano para retomar otras preocupaciones más básicas, más cercanas a la supervivencia inmediata.
Un saludo,
SERGIO