martes, abril 10, 2007

De ovejas y otros animales una contrarréplica a la réplica de Fernando

En el largo comentario que Fernando me hizo el ya lejano día 15 de noviembre frente a mis no menos largas parrafadas tituladas: "Más sobre ciudadanía" y "El estado debe formar ciudadanos.....(y los lobos deben cuidar gallineros)" , se criticaban mis puntos de vista sobre la asignatura de "Educación para la ciudadanía". En el primero de estos textos hacía alusión a una crítica que Fernando Savater hacía hacia quienes nos oponíamos a esta asignatura. En su desmelene en defensa de la asignatura Savater decía: "Los padres de cierta ortodoxia pueden enseñar a sus hijos que la homosexualidad es una perversión y que no hay otra familia que la heterosexual; la escuela debe informar alternativamente de que tal "perversión" es perfectamente legal y una opción moral asumible por muchos, con la que deben acostumbrarse a convivir sin hostilidad incluso quienes peor la aceptan. Los alumnos deben saber que una cosa son los pecados y otra los delitos" Frente a esa argumentación que, en mi opinión equiparaba legal y moral, y también desmelenado, se me ocurrió poner el ejemplo del trajín con las ovejas del que Fernando sacó buena lana.

Como utilizando un mandoble para matar mosquitos o una lanza que atacaba imaginarios molinos de viento, yo utilizaba una lógica que claramente parecería situar mi posición frente a peligros que no eran reales. Fernando me daba tres razones que trataré de resumir y luego añadía una cuarta crítica. Primero, la ley propone objetivos que pueden ser mal leídos pero que de hecho no lo son en la realidad pues, y cito literalmente: "la escuela tiende en su conjunto a suavizar cualquier cosa que acoge, a suavizarla además siempre hacia abajo, a diluirla, a hacerla líquida. La escuela casi nunca cumple la literalidad de una ley en sus objetivos educativos, en ninguna materia. Hasta tal punto es así que llevamos 15 años bajando drásticamente los contenidos a adquirir en todas las asignaturas". La asignatura de marras, por lo tanto, se limitará a trasmitir lo deseable socialmente sin arriesgados movimientos. Segundo, una cosa es la legislación, que en temas valorativos suele limitarse a redacciones formales de máximos y sin mucho matiz, y otra las adaptaciones a la realidad y la edad de los sujetos que realicen las editoriales de libros de texto y los pofes que, a buen seguro, limitarán el tema de las ovejas a las ciencias naturales, y si acaso, a la economía. Tercero, los coles no hacen otra cosa que reproducir el orden de los valores morales que existen en la realidad. Las posiciones mal representadas en la sociedad estarán igualmente mal representadas en la escuela. Esto debe ser así, no es malo pues no es ni viable ni pedagógico incluir todas las posibilidades. Los buenos docentes sabrán tratar los temas conflictivos. Por último, Fernando me hace una cuarta crítica frente a mi propuesta de que el estado se atreva a enseñar el código penal, pues yo había argüido que lo único que legítimamente me puede trasmitir es lo no puedo hacer. Deja Fernando claro en su respuesta los peligros que encierra el conocimiento del código penal por razones de un mal uso, y ¿por qué conviene una general ignorancia en algunos aspectos? confieso que esta crítica es la que me ha parecido más sorprendente pues Fernando parece sugerir que la gente se llevaría las manos a la cabeza. Quizás la enseñanza del código empujaría a a un cambio en el mismo para ajustarlo más a los conceptos de justicia de la sociedad que tal vez no resultase indeseable puesto que en el resto de críticas se han puesto estos conceptos como criterio máximo de valoración.

Una vez comprendidas las críticas trataré de ofrecer una contestación coherente. La primera parte de esta respuesta parte de constar mi perplejidad por lo que yo creo que es la base de la defensa que Fernando hace de la asignatura y que se constituye en un acerado ataque a la escuela. Entiendo por lo expresado que los peligros de la asignatura no son tantos pues la escuela no es otra cosa que reproductora de los valores sociales. Pero si eso es estrictamente así, -que lo es en parte- realmente ¿para que la queremos? ¿tanta pasta para unos logros tan lamentables? Si de lo que se trata es de reproducir el pensamiento de la calle y la tele creo que nos sobrará con la calle y la tele. No creo que necesitemos una asignatura más para tan paupérrimo fin.

Pero trataré ahora de contestar al corazón de la defensa de la asignatura que se apoya en los buenos docentes, en el sentido común de las editoriales y en la imposibilidad e inconveniencia de que en la escuela se hable de todas las posiciones legales y se tengan que limitar a las socialmente más aceptadas. Lo haré contando una historia que también va de ovejas. Resulta que en un lejano país había un hombre rico con muchas ovejas, tierras y riquezas. También allí vivía otro hombre, pero éste pobre, que con gran sacrificio logró comprar un sólo corderillo, sólo uno, pequeño y criado con esmero y cariño. Vino a ese país un visitante que se alojó en casa del rico que no queriendo sacrificar una de sus ovejas tomo la del pobre y se la ofreció al visitante en banquete.

Como habrás adivinado, pues eres persona entrada en años, aunque no muchos, es la historia que puede encontrarse en el libro segundo de Samuel y con la que el profeta Natán denunció al rey David después de que éste matase indirectamente a Urías para quedarse con su mujer. ¿Por qué la cuento ahora? Porque me ha parecido ver en tu respuesta que tratas el tema de la educación como el profesional o el político que tiene que legislar para toda la población y con una cierta mentalidad del que gestiona cientos de ovejas y no ve la importancia de una sola. Que se limita a hacer estadística. Una mentalidad que, en el fondo, no puede sino olvidar el corazón de la enseñanza moral. Para muchos, entre los que me encuentro, la educación de temas morales es asunto crucial, poco más tenemos que dejar a nuestros hijos. En esto me importa un bledo la estadística, que mi posición sea o no mayoritaria, el hecho de que no pasará nada, que será una "María". Muchas veces me has comentado como te fastidia lo mal que se enseña la lengua, lo poco que se consigue despertar el entusiasmo por la lectura en escuelas concretas, quizás por que los buenos profesores son un bien escaso, quizás por la propia estructura del sistema, es igual. Yo puedo pasar, aunque me apenaría, por una mala trasmisión cultural. Sin embargo, ahora no hablamos de una asignatura cualquiera, hablamos de lo importante, -cito literalmente del decreto de mínimos-, de "los principios de ética personal y social y se incluyen, entre otros contenidos, los relativos a las relaciones humanas y a la educación afectivo-emocional", y aunque es cierto que la escuela no tiene tanto poder, bastantes dificultades tiene ya quien quiere transmitir una ética sustantiva y no solo pensamiento de moda como para sumarle otra más. Sólo la posibilidad de convertir el tratamiento de temas de verdad importantes en asuntos tan muertos como lo está muchas veces la cultura en las escuelas me aterra, y aunque parezca un contrasentido la asignatura devalúa los problemas básicos del ser humano precisamente por que, como bien dices, la escuela licúa lo que toca. ¿Es mucho pedir al estado que deje en paz a las ovejas que no son suyas? No he encontrado en tu escrito un sólo argumento que me justifique que no deben dejarnos en paz a los que deseamos que así sea y no somos criminales sanguinarios ni tampoco comeniños.

Un último asunto, este en respuesta al comentario de Juan acerca de la imposibilidad de que la escuela pueda incluir la ideología liberal pues ya la constitución reconoce que España se configura como estado " social" y democrático de derecho. Cierto, pero también en esa misma constitución se habla de "indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles" y no he conseguido encontrar el tema en los decretos. Tampoco ninguno que hablase de cohesión territorial, -seguramente porque eran necesarios votos concretos para que esto saliese a la luz-. La política es así y esta, amigo, es una asignatura claramente política, y no precisamente en el sentido aristotélico de la palabra.