lunes, mayo 07, 2007

Educación y reformas. Un repaso a un par de asuntos educativos aprovechando las elecciones francesas.

El debate electoral en Francia también ha tocado temas educativos. Por parte de Ségolène Royal además de las clásicas propuestas de más pasta, gabinetes, estudios y demás, propias de las ideologías socialistas, propone la obligatoriedad de la escolarización de 3 a 6 años. He de reconocer que con esta propuesta no salgo de mi asombro. Proponer la "obligatoriedad" de la escolaridad de 3 a 6 años, ¿por qué? ¿No es suficiente proponer el apoyo a los padres que deseen la escolarización a partir de los 3 años? No, no es suficiente necesitamos más ley, más recursos confiscados obligatoriamente y más coacción, -siempre, como no, por el bien de los pobres y marginados que además de pobres y marginados son considerados claramente estúpidos e incapaces de querer voluntariamente lo mejor para sus hijos-. Pero más allá de esa propuesta, propia de quien cree que sabe lo que todos necesitan, también había vida en su programa electoral y la socialista, empujada por el miedo a los desordenes en el otrora "santificado" modelo galo de educación, abogaba por mejorar la disciplina, -propuesta tradicionalmente vinculada a partidos conservadores-. Además, y esto sí es nuevo viniendo de donde viene, Ségolène sugería la necesidad de flexibilizar un poco la elección de centro escolar, -propuesta tímidamente liberal-. Para entender un poco esta propuesta es necesario aclarar que en Francia la "carte scolaire", buen ejemplo de planificación  y control estatista, obliga a elegir el centro público más cercano al domicilio. Si no te gusta siempre puedes ir a la enseñanza privada. Dicho de otra manera en Francia no se puede elegir centro público a no ser que te cambies de casa, o cambies de empadronamiento que ahí está el truco-trampa. Ségolène no quería derogar la "carte" sólo retocarla un poquito y aún esa tímida propuesta la costó importantes tensiones con su partido.

De Sarkozy sólo nos ha llegado la frase "que los niños se pongan de pie cuando el profesor entre en clase". Cómo siempre entretenidos en el comentario de lo superficial olvidamos ir a lo importante. Todo el mundo se habrá dado cuenta de que aunque consiguiéramos que todos los estudiantes se pusieran en pie cuando entrasen sus profesores, - cosa sencilla, no hay más que armar a cada uno de los profes con un kalashnikov-, los problemas educativos no desaparecerían. Sin embargo la propuesta tiene su interés pues centra el eje del ideario educativo conservador en torno a la necesidad de recuperar el reconocimiento de la asimetría entre profesor-alumno un tanto desprestigiada por concepciones pedagógicas igualitaristas. De todas formas quizás algún día me decida a comentar en este blog el asunto de la disciplina y el respeto de manera más extensa. Además de medidas de este tipo tendentes a recuperar el orden y el clásico principio de autoridad, Sarkozy también prometía algunas medidas que podrían entenderse como liberales. Vaya por delante que no creo que pueda calificarse fácilmente a Sarkozy como liberal en el asunto educativo pues no cuestiona, ni siquiera mínimamente, el papel del estado en este asunto. No obstante, es justo reconocer que, tal y como es la política educativa de aquel país, algunas de sus propuestas educativas si que pueden introducir en la educación francesa algo que suene a libertad. Destacaré su propuesta de derogar completamente la famosa "carte" antes citada, y su deseo de introducir pruebas varias cuyos resultados se harán públicos y que permitirán jerarquizar a los colegios y penalizar a los que funcionen peor. Ninguna de estas medidas es nueva, están extraídas de la reforma educativa que Margaret Thatcher impulsó en el Reino Unido y que, por cierto, el laborista Blair apenas ha cambiado. En España si alguien quiere ver algo parecido a un ranking de centros educativos se tendrá que conformar con esto.

1 comentario:

Fernando dijo...

Decía Laura Campany en un artículo periodístico que "a poco que Sarkozy cumpla sus compromisos, los alumnos franceses tendrán que levantarse cuando «monsieur le professeur» entre en el aula. Y eso de levantarse quiere decir callarse, desconectar el móvil, mirar al encerado, no hacer muecas ni gestos ofensivos, vestirse con un mínimo decoro, renunciar al insulto, la burla o la amenaza, prescindir de la fuerza, iniciarse en los tratos, no hacer ostentación de la belleza, convertir en tesón la rebeldía, ejercitar el don de la paciencia, aprender a sacarle punta al tedio, abrir bien los oídos, desempolvar la mente, recibir el legado de los siglos".

Un alumno mío colgó este texto, completo, en el foro de nuestra asignatura. Esta fue mi contestación: "Si fuera profesor de un Liceo y vosotros mis alumnos tendría este panfleto:

-No quiero que os levantéis cuando entro en clase, de verdad, no quiero. Sí quiero que nos levantemos cuando oigamos un argumento brutal.

-Quiero que consideréis la conveniencia de apagar el móvil, pero no voy a montarla
porque suene, mañana me puede sonar a mi.

-Me esforzaré por escribir ideas tan interesantes en la pizarra que conseguiré que miréis.

-Prohibiré las muecas y los gestos ofensivos, pero si a alguno se le escapa espero que sea por haber logrado en clase un debate argumentalmente tenso y no en una clase alborotada por la desgana del profesor. Y si me lo hace a mi, procuraré corregirle sin olvidar que los adultos estamos algo, no digo siempre y para todo, pero sí algo para que se crezcan contra nosotros y saltándonos.

- Establecería con vosotros las normas en torno al decoro, ¿Por qué tengo que ser yo el
que dicte a gente joven, que pretende hacerse a la contra, qué es decoro y qué no? Prefiero la rebeldía en el vestir que quemando coches. Por cierto, ¿Habéis considerado
qué es exactamente eso de no ser decoroso en el vestir? Todavía no he conocido a
ningún adolescente que no lo sea.

-Exigiría paciencia ejemplificando la paciencia, en primer lugar y siempre con el comportamiento de los mismos alumnos.

- ¿No hacer ostentación de la belleza? No entiendo qué es eso, bueno, sí, mentira, que las chicas, por ejemplo, no se pinten y ¿por qué no? ¿Qué problema hay? El problema es
que yo después de un año no consiga cultivar en quien se pinta el deseo de que también se pinte su alma y su cerebro.

Soy ilustrado, os doy clases desde los valores de la ilustración pero me voy convenciendo que tal vez hay valores complementarios que sin anular los anteriores, son demandados por las nuevas generaciones y no me parece enteramente mal, jóvenes que buscan, como todos, la felicidad, pero que demandan un trato más igualitario, un respeto por las formas de vestir y de hablar particulares, que no creen que un espacio de aprendizaje sea necesariamente un espacio absoluto de silencio, que leer a Aristóteles es cojonudo, pero que aprenden también leyendo a Bucay, que se comunican por messenger, chatean y se mandan sms, que buscan el sentido en las películas y las canciones, que dan tanta importancia a un sentimiento que a una idea....¿Por qué los adultos nos creemos tan arrogantes que llegamos a pensar que nada de esto tiene expresión de valor, de saber y de amar? Yo me niego. Más aún: ningún joven saca nada de la chistera, hasta su rebeldía es la expresión sugerida de forma implícita o explícita por la generación de adultos.