sábado, junio 30, 2007

Los libros de texto

Tener el BOE como lectura de cabecera no suele ser una actividad muy recomendable pues es fácil que el dolor de cabeza ronde al incauto. Sin embargo, en esta ocasión, y empujado por mi amigo Juan, me lance a la lectura de la recientemente publicada ley del libro. Reconozco humildemente que durante la lectura de las primeras páginas de la ley no podía evitar esbozar una tenue sonrisa cuando no sonoras carcajadas ante tanta cursilería. No recordaba la jocosidad que suele inspirar el subconsciente del legislador. La moralina cursi que rezuma la ley es tan increíble que está pensada no sólo para regular la producción, el precio y la distribución de libros sino que también pretende regular.... la lectura, -el título de la ley es ley 10/2007, de 22 de junio de la lectura, del libro y de las bibliotecas-.
Voy a tratar de resumir los aspectos de la ley que me parecen más discutibles empezando por el primero, su necesidad. Por lo visto el libro necesita de una ley especial, que no necesitan los videojuegos o los compases, porque, y cito literalmente, se "parte de la convicción de que se ofrece un producto que es más que una mera mercancía". Golpeado por semejante afirmación me dirijo al diccionario de la RAE para ver si es que en el concepto de mercancía no era suficientemente digno o tenía connotaciones peyorativas y descubro que en la primera acepción sólo pone. " Cosa mueble que se hace objeto de trato o venta." Por lo tanto si el libro fuese una mera mercancía sería "solamente" un objeto al que se le da un valor, y por lo tanto es susceptible de ser vendido y comprado. Ciertamente esto es lamentable y no se puede tolerar, el libro es más que eso, ¿qué? no se, pero más. Más allá de las bromas lo que hay en la ley es la defensa de un status quo para libreros y editores. Desconozco el argumento por el que un librero que puede vender Mein Kampf -cito este libro por no crear polémicas con libros de asesinos más actuales-, cumple una labor más cívica que el vendedor de chuches, gran apaciguador de fierecillas.

Esa defensa de las pequeñas papelerías y los grandes editores, que no se verán presionados para distribuir más barato pues los grandes almacenes no tienen libertad para fijar el precio del libro, tiene un aspecto aún mas sutil y asqueroso cuando nos acercamos a leer lo que la ley tiene que decir de los libros de texto. Resulta que ahora a los libros de texto se les concede la excepción del precio libre. A parte de la curiosidad de esta excepción, contra la que se han movido tradicionalmente las pequeñas papelerías y las editoriales, resulta una broma pesada su justificación. Se dice que se quiere favorecer el ahorro de las familias, luego se reconoce que la libertad de precios baja los costes, ¿se han convertido los políticos que nos gobiernan en liberales? ¿Se han decidido por el precio libre como una forma de favorecer el acceso a la lectura? Lamentablemente la respuesta es no por varias razones. Primero, porque el caso de los libros de texto es, tal y como dice la ley, una excepción y si reconociesen que es una medida tan valiosa para que las familias tengan un mayor acceso a los libros, y siendo uno de los grandes objetivos de la ley la promoción de la lectura, no tendrían argumentos para no aplicar el asunto del precio libre al resto de sectores. Segundo, porque, y ahí está la trampa, el estado, sea en forma de Comunidad Autónoma, sea en forma de ayuntamiento, está a punto de hacerse cargo del pago generalizado de los libros de texto. En Madrid, por ejemplo, en el curso que empezará en septiembre, un altísimo número de familias se beneficiará de los cheques para compra de libros. ¿Qué interés pueden tener las grandes superficies o las pequeñas en vender más barato cuando los clientes van a llegar con un cheque del estado? Obviamente ninguno porque el precio sobrante del cheque no iría a las familias sino que se reembolsaría al estado, tampoco las familias van a estrujarse la cabeza para buscar un lugar de venta más barato ya que no obtendrían ningún beneficio de la búsqueda. Si acaso lo que puede producirse, y se producirá, es que todos los agentes relacionados con el mercado del libro de texto, siendo como son un importante grupo de presión, sólo tendrán que dirigirse al estado para que el cheque sea cada vez más voluminoso. Pero no nos preocupemos ya sabemos como suelen resistirse los estados al aumento del gasto público. En fin, como siempre una trampa para no competir y sí cometer latrocinio. Como siempre también, y es lo que da más asco, todo sostenido con burda "ideología cultureta" sobre el valor intangible de la cultura y bla, bla, bla..., mentiras y gordas.

lunes, junio 18, 2007

Descanse en paz Richard Rorty

El día 8 de junio moría a los 75 años de edad uno de los filósofos más influyentes del último siglo. Aunque no se le puede considerar específicamente como filósofo de la educación no podemos dejar de constatar la enorme influencia que su pensamiento ha ejercido en la teoría de la educación de los últimos tiempos. Si tuviera que destacar sus escritos más influyentes en el campo educativo citaría sobre todo dos que, por distintas razones, han marcado en gran medida la concepción actual de la educación. El primero de estos artículos se titula Educación sin dogma y está publicado en su versión española en la revista Facetas. El segundo está sacado de una conferencia que este filósofo norteamericano pronunció en el año 1984 en la Universidad de Virginia en conmemoración del segundo centenario del Estatuto de Libertad Religiosa de Virginia. La conferencia se tituló "La prioridad de la democracia sobre la filosofía" y los interesados pueden encontrarla publicada en español en el libro del autor Objetividad relativismo y verdad. Escritos filosóficos I, publicado por la editorial Paidós el año 1996. Muchas de las justificaciones que están en el fondo filosófico de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía, están ya en este artículo.
Sin ánimo de entrar en excesivas profundidades comentaré a modo de síntesis que la obsesión que guió la obra de este autor era reconducir el debate filosófico desde los asuntos referentes a la búsqueda de la verdad a los asuntos relativos a cómo podemos solucionar los problemas que genera nuestra convivencia. Este giro, que "parece" muy razonable, tiene consecuencias imprevistas y de gran calado. Nos empuja a un mundo que no es necesariamente más tolerante, aunque en apariencia se llene la boca con la palabra, pero que desde luego sí que está más desorientado. Es lo que tiene renunciar a la búsqueda de la verdad. Aparentemente ganamos libertad y espontaneidad pero en la realidad creo que perdemos ambas cosas.

lunes, junio 11, 2007

Educación y precio. Un comentario escuchando la ciudad.

Revisando el blog, ahora que se acerca el tiempo de su primer cumpleaños, me reencontré con el comentario de Julián, desconcertante alumno a quien di clase, ahora pedagogo y músico magnífico con disco recién estrenado y a cuyo nacimiento tuve la suerte de ser invitado. En el comentario citado, tras esa avalancha tan propia del lenguaje de Julián, se escondían intuiciones a considerar pues revelan asuntos de importancia que me dispongo brevemente a comentar. ¿Puede ser negocio una relación que básicamente es de ayuda? ¿Es negocio la educación o sólo puede ser tal la preparación para la obtención de un título? ¿Acaso puede cobrar un padre por enseñar el mundo a su hijo? Pero, por otra parte ¿Acaso no cobra un maestro por enseñar las primeras letras a su alumno? ¿Es la educación un producto o un regalo? Complicados asuntos, sin duda, que se mezclan en la mente del que se acerca al mundo de la educación y quiere vivir legítimamente de ello sin parecerse a sí mismo mercenario. ¿Podremos acaso cobrar por la ayuda? ¿No es acaso la ayuda un acto de amor? ¿Podremos cobrar por el amor? ¿Pero es que lo realmente valioso tiene precio, acaso puede pagarse? ¿Se puede competir por ayudar? Miles de preguntas de este cariz pugnan en la mente del romántico postmoderno sujeto de contradicciones. ¿Cómo salir de aquí?, ¿cómo conjugar las teorías que explican la educación dentro de las relaciones de ayuda con las que ven la educación producto de mercado?

Tras lo aparente no hay contradicción pues nadie dijo que el precio en metálico agote el valor de la actividad humana. Recuérdese que el liberalismo, que en esta página hemos defendido con pasión y razón, no es prioritariamente una doctrina económica sino ante todo una doctrina moral. Invito al amable lector a comparar ahora la educación con la música a los acordes del que inspiró este comentario. Es claro que el que toca y el que escucha sacan de esa actividad, si es buena y libre, algo más que los euros muchos o pocos que hayan acordado en el intercambio. Ese precio, de por sí y aparentemente, no influye en la manera de tocar del músico ni en la manera de escuchar del oyente. Sin embargo, ese libre intercambio de un puñado de euros funciona como un complejo sistema de señales que no quedará en saco roto y que resultará de interés para el músico. Si alguien voluntariamente y de sus limitados bienes disponibles es capaz de dedicar algunos a la escucha de las creaciones del otro sin duda será una buena señal para aquel que quiere crear y vivir de su talento y de su creación. ¿Quiere esto decir que sólo puede sacar unos euros de su creación? ¿Es ese todo el valor de la música? ¿No hay acaso en el tocar una recompensa intrínseca? Desde luego pero la acción del intercambio quiere decir que otro "puede y quiere" dar voluntariamente unos euros al músico por haberle proporcionado ese buen rato.

Imaginemos ahora que alguien que se dedica a la música o a la educación disfruta tanto de su actividad que dedica parte de su tiempo libre a seguir tocando o enseñando sin recibir compensación económica por ello ¿quiere decir que su labor no tiene valor? No, sólo quiere decir que "libremente" está dispuesto a darlo gratis. Sin embargo, imaginemos ahora que un poderoso gobernante decide que la música de tal cantante es tan buena que merece ser pagada por un aparato estatal creado a tal efecto. Esto es, el estado confisca una parte del dinero a sus súbditos para pagar al cantante que es remunerado con una cantidad fija por la actividad de deleitar con sus canciones a los otros. En un paso más el estado, poseído de un gusto que cree indiscutible, incluso obligará a esos súbditos a acudir sin protestar a los conciertos de ese cantante. Aparentemente eso no tiene por que influir en la pasión que ese músico ponga en su actividad pero sólo aparentemente. La realidad es que con ese modelo ese autor habrá renunciado al sistema de señales que le permite conocer cual es el valor que los otros estarán dado a su creación y habrá renunciado también a la necesidad de persuadir, ¿les gustará? Ya no podrá saberlo jamás. También habrá desaparecido la necesidad de saberlo pues sólo con contentar al jefe de ese estado tendrá garantizados para siempre sus "honorarios". Se habrá convertido sin saberlo en el oso que atado por una argolla a la nariz danza a la orden de su amo. Por supuesto que la educación verdadera, como la buena música, será siempre más que los euros que se puedan pagar por ella pero mirando las cosas con perspectiva y profundidad vemos que el sistema de señales que los mercados utilizan no es ni mucho menos accesorio.

Felicidades Julián, aprovecha ahora tu libertad de crear y tu necesidad de persuadir y convencer.