lunes, junio 11, 2007

Educación y precio. Un comentario escuchando la ciudad.

Revisando el blog, ahora que se acerca el tiempo de su primer cumpleaños, me reencontré con el comentario de Julián, desconcertante alumno a quien di clase, ahora pedagogo y músico magnífico con disco recién estrenado y a cuyo nacimiento tuve la suerte de ser invitado. En el comentario citado, tras esa avalancha tan propia del lenguaje de Julián, se escondían intuiciones a considerar pues revelan asuntos de importancia que me dispongo brevemente a comentar. ¿Puede ser negocio una relación que básicamente es de ayuda? ¿Es negocio la educación o sólo puede ser tal la preparación para la obtención de un título? ¿Acaso puede cobrar un padre por enseñar el mundo a su hijo? Pero, por otra parte ¿Acaso no cobra un maestro por enseñar las primeras letras a su alumno? ¿Es la educación un producto o un regalo? Complicados asuntos, sin duda, que se mezclan en la mente del que se acerca al mundo de la educación y quiere vivir legítimamente de ello sin parecerse a sí mismo mercenario. ¿Podremos acaso cobrar por la ayuda? ¿No es acaso la ayuda un acto de amor? ¿Podremos cobrar por el amor? ¿Pero es que lo realmente valioso tiene precio, acaso puede pagarse? ¿Se puede competir por ayudar? Miles de preguntas de este cariz pugnan en la mente del romántico postmoderno sujeto de contradicciones. ¿Cómo salir de aquí?, ¿cómo conjugar las teorías que explican la educación dentro de las relaciones de ayuda con las que ven la educación producto de mercado?

Tras lo aparente no hay contradicción pues nadie dijo que el precio en metálico agote el valor de la actividad humana. Recuérdese que el liberalismo, que en esta página hemos defendido con pasión y razón, no es prioritariamente una doctrina económica sino ante todo una doctrina moral. Invito al amable lector a comparar ahora la educación con la música a los acordes del que inspiró este comentario. Es claro que el que toca y el que escucha sacan de esa actividad, si es buena y libre, algo más que los euros muchos o pocos que hayan acordado en el intercambio. Ese precio, de por sí y aparentemente, no influye en la manera de tocar del músico ni en la manera de escuchar del oyente. Sin embargo, ese libre intercambio de un puñado de euros funciona como un complejo sistema de señales que no quedará en saco roto y que resultará de interés para el músico. Si alguien voluntariamente y de sus limitados bienes disponibles es capaz de dedicar algunos a la escucha de las creaciones del otro sin duda será una buena señal para aquel que quiere crear y vivir de su talento y de su creación. ¿Quiere esto decir que sólo puede sacar unos euros de su creación? ¿Es ese todo el valor de la música? ¿No hay acaso en el tocar una recompensa intrínseca? Desde luego pero la acción del intercambio quiere decir que otro "puede y quiere" dar voluntariamente unos euros al músico por haberle proporcionado ese buen rato.

Imaginemos ahora que alguien que se dedica a la música o a la educación disfruta tanto de su actividad que dedica parte de su tiempo libre a seguir tocando o enseñando sin recibir compensación económica por ello ¿quiere decir que su labor no tiene valor? No, sólo quiere decir que "libremente" está dispuesto a darlo gratis. Sin embargo, imaginemos ahora que un poderoso gobernante decide que la música de tal cantante es tan buena que merece ser pagada por un aparato estatal creado a tal efecto. Esto es, el estado confisca una parte del dinero a sus súbditos para pagar al cantante que es remunerado con una cantidad fija por la actividad de deleitar con sus canciones a los otros. En un paso más el estado, poseído de un gusto que cree indiscutible, incluso obligará a esos súbditos a acudir sin protestar a los conciertos de ese cantante. Aparentemente eso no tiene por que influir en la pasión que ese músico ponga en su actividad pero sólo aparentemente. La realidad es que con ese modelo ese autor habrá renunciado al sistema de señales que le permite conocer cual es el valor que los otros estarán dado a su creación y habrá renunciado también a la necesidad de persuadir, ¿les gustará? Ya no podrá saberlo jamás. También habrá desaparecido la necesidad de saberlo pues sólo con contentar al jefe de ese estado tendrá garantizados para siempre sus "honorarios". Se habrá convertido sin saberlo en el oso que atado por una argolla a la nariz danza a la orden de su amo. Por supuesto que la educación verdadera, como la buena música, será siempre más que los euros que se puedan pagar por ella pero mirando las cosas con perspectiva y profundidad vemos que el sistema de señales que los mercados utilizan no es ni mucho menos accesorio.

Felicidades Julián, aprovecha ahora tu libertad de crear y tu necesidad de persuadir y convencer.

2 comentarios:

julian dijo...

y qué decirte a tí, maestro, mentor y amigo; si leyéndote fluyo y me ubico mejor en el mundo.. qué es el arte? si no un espejo rastreador de quejas infantiles; del salto ingrávido... y porqué no venderlo? si al hacerlo no me entrego a nadie ni nada; si tan sólo doy valor a lo creado, como maestro... Les decía hoy: En música cuando empiezas tu camino, todos piensan que tu máxima es vender millones de discos y "triunfar".. respeto sin duda esa opción.. pero en pedagogía? acaso cuando empiezas piensan que tu fin es acabar vendiendo libros, disfrutando catedras u ocupando grandes despachos? la respuesta es evidente; NO. practicar pedagogía es practivar el proyecto humano común; es alzarte en pro del otro sin otra máxima que encontr-arte en su piel; ofertar ventanas, lirios y alegres duermevelas...
qué pasa en la música? acaso deseo vender millones de discos? acaso quiero que me paren por la calles y me digan blablarías ortofalarias que engorden mi ego?... qué le respondería un pedagogo? Usted está loco!!! la música, como la pedagogía, nace, vive y aletea precisamente porque no entienden de caminos sin sendas mágicas. no pretendo ser más músico que el mejor pedagogo; construir un mundo por pintar repartiendo ternura en las calles, ofreciendo mi yo como un tú por construir. Lo profesional, mi yo reglado y normativizado, prentede un objetivo suyo cuya lanza es la pedagogía; pero ésta (mi opción pensada y procesiva) no puede, ni debe alejarse del actor que vive la vida como una devenir chocante y romántico. Simplemente caminante y camino son la misma cosa.

porqué no vender mis alas? hacerlas neg-otium? darles valor del esto que te doy te llevas te va a costar una porción de tu bolsillo?(y también de tu corazón) por qué los maestro y los músicos seguimos anquilosados en esa ruptura antigua del "lo que hago lo hago por amor al arte" como advirtiendo que el arte no debe mezclarse con la plata porque esta lo destiñe en una aleación degenerada? quieren osos con pinzas en la nariz? o quieren artistas de puedan vivir su tiempo cobrando su honor en honorarios? porqué tanto miedo, en los artistas, a cobrar por sus hijas? si después se hace por precios desorbitados notando como artistas hay pocos y cuesta mucho ser músico o pintor?.

es un camino difícil, dicen todos ¿y cuál no lo es? pregunto yo.

no es también acaso un mensaje claro en la sociedad el promover programas televisivos donde se venden oportunidades para ser osos con argollas y en los que se recibe claramente que quien no ha entrado en el casting no es artista? esto es PEDAGOGICO!, crea un modelo ser ser y aún peor, de "poder ser" en el sujeto que experimenta la expresión artística (mágica forma de decirse en el mundo), ahora sí en un neg-ocio de panzudos piegrones que juegan con esos pobres artistas ofreciéndoles el cielo, sin haberles hablado nunca de las estrellas...

el tipo equivocado dijo...

David, tu compañero de pupitre universitario, Fernando, me indicó el camino hasta esta, tu morada internáutica.

Y como este post me dice mucho, pues me dispongo a comentar, que para eso hemos venido.

Cada vez que me acechan atisbos de aristocracias-meritocráticas-despóticas, pienso en lo bonito que es la libertad y caigo rapidamente una vez más en la cuenta de que las cosas bonitas incluida por supuesto la música, lo serán y por siempre independientemente de quien la "siga", la imponga o quien la recomiende.

Siempre habrá gente que siguiendo su propio camino consiga el reconocimiento del "buen" oyente. El problema surge cuando la gente de a pie confunde el baremo con el que medir la grandeza del músico, estadios atestados? dinero? fama? mala cosa...

No impongamos nada porque mientras haya gente "buena" haciendo "buena" musica, siempre habrá gente "buena" escuchándola y aunque esa gente "buena" no sea la suficientemente numerosa como para llenar el puchero del artista a diario, acabará siendo como poco un poderosísimo incentivo para seguir luchando.

"Peleando a la contra", siempre.

César.