lunes, julio 16, 2007

A vueltas con la ciudadanía..., y con la religión

"Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por una cierta credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamente una historia que no pude verificar en su momento mediante experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de que nací el 29 de mayo de 1874, en Capden Hill, Kensington y de que me bautizaron según el rito de la Iglesia anglicana en la pequeña iglesia de St George, situada frente a la gran Torre de las Aguas que dominaba aquella colina. (....) Por supuesto que lo que muchos llaman testimonio de oídas, o lo que yo llamo testimonio humano, podría cuestionarse en teoría, como en la controversia baconiana o en gran parte de la discusión teológica. La historia de mi nacimiento podría ser falsa. Podría ser el heredero, perdido durante tanto tiempo, del Sacro Imperio Romano o un niño abandonado por unos rufianes en Limehouse en el umbral de una casa de Kensington que en su madurez desarrollo una abominable herencia criminal. Algunos de los métodos escépticos aplicados al origen del mundo podrían aplicarse a mi origen, y un investigador serio y riguroso llegaría a la conclusión de que yo no habría nacido jamás" (Chesterton, G.K Autobiografía. Barcelona, El acantilado, pp.7-8)

El genial comienzo de la autobiografía de Chesterton que luego utilizaré me va a servir como escusa para iniciar este comentario rompiendo una promesa, que no tiene más de una semana, de no volver a tocar un teclado en lo referente a la educación para la ciudadanía pero se ve que la carne es débil -y la mía más-. No me he podido resistir ante la segunda ola de artículos con la que nos estamos encontrando referidas al tema y las cosas que se están oyendo. Sin embargo, y aunque parezca una contradicción, este comentario no tiene como destinatario sorprendentemente ningún artículo nuevo sino que su motivo se encuentra en el repaso a un interesante dossier con varios de los artículos que han salido al respecto en medios de comunicación pero más antiguos. De esos, uno en concreto, titulado "Educación cívica ¿transversal o atravesada?", ha captado mi atención y aunque es antiquísimo, pues tiene algo más de dos años, toda una eternidad al ritmo que nos movemos, resulta revelador respecto a la idea de la asignatura que está en el subconsciente, y en el consciente también, de algunos importantes promotores de la susodicha materia.

El autor del artículo es Fernando Savater y en un momento de su argumentación se le "escapan" dos ejemplos que ilustran los fines que debe tener la nueva asignatura, que aunque nueva parece siempre tan vieja. Dice así,
"sólo mediante una educación cívica puede justificarse, por ejemplo, la exclusión del currículo escolar de la asignatura confesional de religión, que nada tiene que ver con la hostilidad hacia las creencias, sino con el papel de éstas en una comunidad democrática. Porque en ésta la religión no es algo meramente íntimo y secreto, sino que puede ser manifestada y reivindicada en el espacio público; pero se inscribe en tal espacio público a título privado, aceptando el pluralismo y su desvinculación del ordenamiento político neutralmente laico. También esa educación cívica puede servir para justificar racionalmente que sostener unos medios de comunicación públicos no es una falta de respeto al contribuyente, sino darle la oportunidad de que sea propietario, junto a los demás, de cadenas de televisión o radio como ésas que, según la iniciativa privada, sólo pueden poseer los plutócratas. En fin, cosas así... en las que consiste la democracia contemporánea." (El país 1/03/2005) He de reconocer que el primer ejemplo me ha provocado pena y el segundo risa, pero risa de verdad.

Voy a tratar de rebatir desde el principio las afirmaciones de Savater con respecto a la religión, ¿tiene cabida la religión en la escuela o necesitamos urgentemente una asignatura de "educación para la ciudadanía" que nos adoc.., perdón que nos muestre racionalmente que no hay lugar para la religión en la escuela pública? Ants de empezar quisiera recordar que en el planteamiento de máximos que defendemos en este blog la escuela pública, esto es obligatoria y regulada por el estado hasta la saciedad, no debería existir, pero puesto que existe, y además tiende a más, damos ese hecho como inevitable, al menos de momento.

Así las cosas dentro de esa escuela hiper controlada por el poder estatal, se hace imprescindible para algunos terminar con una de las pocas asignaturas que tenemos voluntarias, la religión, ¿por qué a algunos les costará tanto admitir la libertad en educación? En primer lugar habría que decir que toda Europa anda "contaminada" con el "incívico" asunto de hablar de religión en la escuela ya que en toda Europa, salvo en Francia, la religión es materia escolar.

Sí, sí, sorprendido lector, en todos los países de Europa se da religión. En algunos incluso de manera obligatoria aunque se permita la objeción. En muchos de esos países el sistema de contratación de profesores es estatal y en otros es decidido por las iglesias, existen todo tipo de casos pero no se crean que aquí somos tan raritos por mantener el sistema que tenemos. Incluso en Francia hay zonas donde se da religión en la "santa" escuela laica, concretamente en la zona de Alsacia y Lorena. Pero bueno pudiera ser que todos los países estuviesen gobernados por agentes secretos del Vaticano, por lo que aún así y para no dar nada por sentado tiene sentido preguntarnos si tiene cabida la religión en la escuela y en qué debería consistir esta asignatura.

Durante la segunda mitad del siglo IV y primero del V dos personas, Agustín de Hipona y un monje británico llamado Pelagio mantuvieron una importante disputa a cerca del papel de la gracia y el pecado original. Mirando esos asuntos superficialmente cualquiera diría que no tienen nada que ver con lo sucede en nuestro mundo del siglo XXI, tan tecnificado plural y cambiante (o eso dicen). Sin embargo, discusiones como esas y otras muchas que recorren la historia del pensamiento teológico desde le siglo III hasta nuestros días, resultan fundamentales para entender conceptos como la dignidad humana, la debilidad, la libertad, la responsabilidad, la solidaridad, la misericordia, etc., conceptos que están en la base de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que tanto se dice defender.

Algunos pensamos que su valor tiene que ver con lo que Chesterton, en la cita del comienzo de este escrito, llama testimonio humano, realidades no demostrables con probetas ni experimentos controlados, pero reales, racionales y tan verdaderas como nuestra propia existencia. Si suprimimos de raíz esas discusiones sobre las que es posible pensar y estudiar, eso es lo que hace la teología, nos quedaremos sin lo que para muchos constituye el fundamento de esos derechos.

La educación no se agota sólo con la enseñanza de la ciencia. Tampoco con la transmisión de una racionalidad presuntamente "objetiva" que acabó siendo totalitaria cuanto más científica se pretendía, sino con la transmisión del testimonio humano que para muchos está ligado a valores recibidos por una autoridad de siglos y que son racionales aunque no sean científico positivos.


Desde esta idea, donde el conocimiento es más que conocimiento científico positivo y enseñar es siempre enseñar a ver de una manera y desde una perspectiva, algunos legítima y lógicamente desean
que sus hijos tengan en la escuela acceso la enseñanza de la teología adaptada a la edad de los niños, igual que se enseñan matemáticas o ciencias adaptadas a la edad, y, la verdad, no se me ocurre argumento suficiente para impedírselo. Quizás algunos puedan argüir que desde esa forma de ver las cosas también habría que satisfacer a los padres deseos de clases de astrología pero más allá de la, si se me permite, estupidez del ejemplo y aplicando el sentido común, cualquiera reconocerá que la influencia de la teología en el conocimiento humanístico no admite comparación. Incluso un hombre no sectario y sin prejuicios reconocerá que la filosofía del siglo XX, desde el propio Nietzsche hasta el recientemente fallecido Rorty pasando por Sartre, es un gigantesco combate contra la teología cristiana, ¿no resulta lógico querer conocer los términos de la contienda? Incluso en la mente de un ateo ,"ilustrado" y no sectario, puede aparecer como razonable el deseo de estudiar la teología cristiana a fin de conocer mejor la antropología que dirige la vida de muchos de sus conciudadanos y, lo quiera o no, de la suya propia.

Para terminar analizaré el segundo de los argumentos de Savater que justifican la asignatura. Repito literalmente la increíble cita del propio autor:
"También esa educación cívica puede servir para justificar racionalmente que sostener unos medios de comunicación públicos no es una falta de respeto al contribuyente, sino darle la oportunidad de que sea propietario, junto a los demás, de cadenas de televisión o radio como ésas que, según la iniciativa privada, sólo pueden poseer los plutócratas". ¡Qué bien, tendremos la oportunidad ser propietarios como los plutócratas! ¿Tendremos la oportunidad? Primera mentira, no tendremos la oportunidad, estaremos obligados. Tener la oportunidad es también tener la posibilidad de no ejercerla y este no es el caso. Tu pagas impuestos para la tele quieras o no. Un pequeño fallo demagógico en el argumento ¿es el único? No, lamentablemente no es el único pues tampoco es cierto que seamos propietarios. Todo propietario puede vender su propiedad, incluso el copropietario puede hacerlo, ¿puedes tu vender tu propiedad en televisión? No, no puedes. En el caso de las mal llamadas empresas públicas tu aportación es obligatoria, no te puedes escapar, luego lo que sucede es que es esa fantástica propiedad la que te posee a ti, eres , literalmente, esclavo del famoso "ente público". Sólo te corresponde pagar. Sí que puedes ser copropietario, con los plutócatras como Polanco, de las empresas privadas ya que esas empresas cotizan en bolsa y puedes comprar y vender acciones libremente. En resumen, que la asignatura de marras no es adoctrinamiento en el manual del perfecto socialista. No, ¡qué va!, es racionalidad pura.

Felices vacaciones para todos.