sábado, agosto 11, 2007

Superioridad ministerial

Dentro de las labores propias de su cargo la ministra de educación del Reino de España acudió a Valparaíso para participar en la XVII reunión de ministros de educación de la organización de estados americanos (OEI). En la página del ministerio aparecen los asuntos tratados en esa cumbre, cito textualmente lo que más ha llamado mi atención: "la Declaración de Valparaíso, que apuesta por una educación para todos y de calidad y renueva el compromiso de erradicar el analfabetismo y universalizar la educación básica en la región de aquí a 2015". Entiendo que estando como estamos tan acostumbrados a las palabras grandilocuentes que provienen del estado la frase no llame la atención pero si la analizamos con detalle resulta de lo más curiosa. Desconozco como afectará personalmente a la psique humana la pertenencia a esa "élite" que trabaja de ministro pero estoy casi seguro de que resultará difícil, para quien no sea muy muy equilibrado, que esa experiencia no deje secuelas visibles.
Imaginemos la situación de ésta y otras cumbre similares. Se reúnen alrededor de 20 o 23 ministros con sus respectivos equipos de técnico-políticos. Esta gente que se cree poderosa, y lo es, elabora una declaración con la que se comprometen a erradicar el analfabetismo, ¿cómo no tener fe en el estado si trabajas para él y te atreves a firmar con cara sonriente cosas tan bonitas? ¿Cómo ser crítico con la implacable voracidad estatal si encima te crees que gracias a tu compromiso firmado de ministra ese bondadoso objetivo se va a cumplir? ¿Cómo ser intelectualmente humilde si se cree en semejante capacidad de visión para dirigir la educación de millones de seres humanos en las más variopintas situaciones y que no están en la mesa? En fin, algunas otras cosas llaman mi atención, por ejemplo, la fascinación que ofrece en general a los seres humanos sobre todo a los planificadores racionalistas los números 5 y 0, en cinco años, en 10 años el año 2000, los planes quinquenales...No se conforman con decir en los próximos años, sino que siempre atinarán con ese 5 esté a la distancia que esté. En este caso hay que reconocer que la fecha es buena. Por una parte está lo suficiente cerca para que parezca un proyecto ambicioso (otra palabra que les gusta a los políticos grandes jugadores con dinero ajeno) y por otra está también lo suficientemente lejos como para que nadie se acuerde de pedir cuentas si no se consigue. Resulta una fecha fantástica para la propaganda sobre las fabulosas posibilidades que nos ofrece el estado benefactor que nos cuida, nos protege y, sobre todo, nos educa. Un hurra por los técnico-políticos que son los que habrán escogido la fecha en base a sesudos estudios estadísticos, no lo dudo.
Es una lástima que todo sea un enorme y fatídico sueño. No es que no crea que el analfabetismo, clásicamente entendido, esto es, leer y escribir, pueda erradicarse de aquí a unos años, otra cosa es el analfabetismo funcional al que se hace referencia en la nota de prensa del ministerio, sino que lo que no creo es que tal logro sea debido al compromiso benevolente de 20 señorías con sus equipitos. Tal logro sera fruto de los intereses y necesidades de una sociedad libre y será más rápido cuanto más libre y con menos planificación se deje actuar al mercado.
En los asuntos de previsiones futuras los estados suelen ser bastante miopes, lógico pues sólo cuentan con una ínfima cantidad de conocimiento aunque crean que lo poseen en abundancia. No se exactamente cuantas personas participaron en dicha conferencia estoy seguro que entre ministros y técnico-políticos no más de 200 cuyo conocimiento, y aun suponiendo, que es mucho suponer, que son auténticas lumbreras, representa un muy escaso porcentaje del que poseen la totalidad de implicados en los asuntos educativos ¿cómo se puede ser tan creído o tan estúpido para pensar que se posee la solución para un problema tan complejo como la educación? ¿Cómo se puede ser tan atrevido para estar continuamente legislando y vomitando papeles con los que regular tal actividad? Aunque suene raro, si la actividad es muy compleja necesita de menos regulación y no de más como piensan los que tienen una fe dogmática en el estado omnisciente.
Ya hemos hablado en otras ocasiones de lo difícil que es mostrar que el estado no debe ser el guía máximo de la educación. Un monopolio de 200 años tiene efectos devastadores sobre las mentalidades y está claro que lo que tenemos, que algo es, es fruto en gran parte del estado, pero ¿es lógico pensar que si el estado no hubiese intervenido no habría nada? El estado es un pésimo innovador, un horrible competidor y sin la fuerza de la coacción apenas nada podría. No hay más que mirar el mercado de las nuevas tecnologías para comprobarlo. En el año 96 eran pocos los que sabían realizar una actividad bastante compleja como es manejar un ordenador, actualmente, según las estadísticas de 2006 del INI, un 57% de los hogares españoles posee un ordenador, suponemos que la gente no es tonta y será porque uno, o varios de sus miembros saben utilizarlo. La creciente alfabetización informática de la sociedad es sobre todo fruto de la dinámica competitiva del sector, es seguro que no ha sido el estado el que más a contribuido al desarrollo tecnológico, lo más que se le suele pedir es que no estorbe. El estado ha ido siempre por detrás, con ayudas para comprar equipos que quedaban rápidamente obsoletas, y hasta ridículas, por la pujanza de la competencia del mercado. Cuando la Universidad Complutense creó el Campus Virtual existía una cierta preocupación por las posibilidades de acceso del alumnado a ordenadores y redes de banda ancha, preocupación que quedó rápidamente disipada ¿gracias a las ayudas del estado? no, gracias al mercado. El mercado no es perfecto y sobre todo si está altamente regulado o proviene de un monopolio estatal como le pasa al de telecomunicaciones. El mercado, como toda actividad humana, está sujeto a la imperfección que nos es natural, pero en principio, la idea de que muchos en libertad saben más que pocos es una idea difícil de rebatir. De momento, con noticias como la firma de la ministra el estado añade otro clavo a su cartel propagandístico. "Hacemos cosas, luego somos imprescindibles". "Sin mi compromiso no podrías erradicar el analfabetismo".

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