miércoles, septiembre 19, 2007

Opá, el ministerio va a hacer un corral

Con el inicio del nuevo curso escolar la ministra de educación anunció nuevas medidas para "hacer más atractivo y flexible" el bachillerato. Los alumnos que suspendan hasta cuatro asignaturas podrán pasar de curso matriculándose de esas asignaturas suspensas y de las que estimen oportuno del curso siguiente. Se trata de evitar que la gente se desanime y abandone pues un objetivo prioritario del ministerio es garantizar la permanencia de los alumnos en el sistema educativo más allá de la etapa obligatoria....

De el libro "el diablo propone un brindis" C.S Lewis (1965). Habla el diablo:

"El principio básico de la nueva educación ha de ser evitar que los zopencos y gandules se sientan inferiores a los alumnos inteligentes y trabajadores. Eso sería «antidemocrático». Las diferencias entre los alumnos se deben disimular, pues son obvia y claramente diferencias individuales. Conviene hacerlo en los diferentes niveles educativos. En las universidades, los exámenes se deben plantear de modo que la mayoría de los estudiantes consiga buenas notas. Los exámenes de admisión deben ser organizados de manera que todos o casi todos los ciudadanos puedan ir a la universidad, tanto si tienen posibilidades (o ganas) de bene­ficiarse de la educación superior como si no. En las escuelas, los niños torpes o perezosos para aprender lenguas, matemáti­cas o ciencias elementales pueden dedicarse a hacer las cosas que los niños acostumbran a realizar en sus ratos libres. Dejémosles que hagan pasteles de barro, por ejemplo, y llamémosle modelar.(...) No es imposible urdir un plan aún más drástico. Los niños capacitados para pasar a la clase superior pueden ser retenidos artificialmente en la anterior, pues, de no hacerlo, los demás podrían sufrir un "trauma" -¡qué utilísima palabra, por Belcebú!- al quedar rezagados. Así pues, el alum­no brillante permanece democráticamente encadenado a su grupo de edad durante todo el período escolar. Un chico capaz de acometer la lectura de Esquilo o Dante permanece sentado escuchando los intentos de sus coetáneos de deletrear EL GATO SENTADO EN EL FELPUDO.
En resumen, podemos esperar razonablemente la abolición virtual de la educación cuando el lema "soy tan bueno como tú" se haya impuesto definitivamente. Los incentivos para apren­der y los castigos por no hacerlo desaparecerán. A la minoría que pudiera desear aprender se le impedirá hacerlo. ¿Quiénes son ellos para descollar sobre sus compañeros? De cualquier modo, los profesores -¿debería decir acaso niñeras?- estarán muy ocupados alentando a los zopencos y dándoles palmaditas en la espalda para no perder el tiempo en la verdadera enseñan­za. Y no será preciso hacer planes ni fatigarse para propagar entre los hombres la presunción imperturbable y la ignorancia incurable. Los pequeños gusanos lo harán por nosotros.
Nada de esto sucederá, por supuesto, a menos que toda la educación llegue a ser estatal. Pero todo llegará. Es parte del mismo movimiento. Impuestos durísimos, ideados con ese propósito, están liquidando la clase media, que estaba dispuesta a ahorrar, gastar y hacer sacrificios para educar a sus hijos en instituciones privadas. La supresión de esta clase, además de beneficiar la abolición de la educación, es afortunadamente un efecto inevitable del espíritu que afirma "soy tan bueno como tú". Esa clase fue, a la postre, el grupo social que dio a los humanos la mayoría abrumadora de sus científicos, médicos, filósofos, teólogos, poetas, artistas, compositores, arquitectos, juristas y administradores. Si alguna vez ha habido un manojo de tallos elevados cuyas cabezas fuera preciso cortar, ha sido sin duda alguna ese".

martes, septiembre 11, 2007

libertad de elección de centros. ¡Vaya un artículo!

Imaginemos una empresa que controla el 67,50 del mercado total de manera directa. También controla un 25,8% más a través de una subcontrata (que, dicho sea de paso, muerta de miedo es incapaz de independizarse de la empresa matriz, única fuente de su subsistencia). Por último, al mísero 6,7% restante también lo mangonea más indirectamente estableciendo normas y estándares obligatorios sobre la producción. ¿Diría usted que esa empresa tiene problemas? Ya se que lo normal es pensar que los problemas los tuviera el competidor al que no parece quedarle mucho margen, más bien ningún margen, o el consumidor (sí consumidor) que evidentemente tendría poca oferta, pero es que el mundo de la educación no es un mundo normal. ¿Qué diría usted si los defensores o directivos de esa empresa pidiesen al estado una mayor protección puesto que en virtud de no se que principio mágico indemostrable ellos garantizan mejor que una hipotética competencia el valor de la cohesión social y el de la justicia? Suena ridículo ¿verdad? Pues atentos, por consejo de mi amigo Gonzalo acabo de leerme un artículo publicado en la muy prestigiosa Revista de Educación del Ministerio, que alerta de la gravedad de introducir sin más el principio de elección de centro en nuestro sistema educativo, algo que ya parece estar ocurriendo en el mundo que nos rodea y, por lo visto, también en nuestro pobre país. Confieso que yo no había notado ningún cambio al respecto desde hace ¿decenios? Como siempre, alarmadísimo, acudo a los datos que el propio ministerio tiene sobre la escolarización de nuestros muchachos y muchachas para ver si la desbandada está siendo tan alarmante y requiere andarse con cuidado. Una vez localizados me encuentro con esta "terrible" serie referida al porcentaje de alumnos matriculados en el sistema público desde el curso 90/91 al 06/07. Los datos son los siguientes:

66,2 66,6 67,2 68,3 68,9 69,2 69,5 69,4 68,9 68,3 67,8 67,4 67,4 67,5 67,6 67,5 67,5

Vistos los datos, la escasísima variación y el dominio del estado sobre el resto antes vislumbrado dan ganas de mandar a esparragar al que ose hablar de libertad de elección pero como soy un chico disciplinado comentaré alguna cosilla sobre el artículo.

Comienza el autor, el profesor Fernández Soria, con buenas maneras. Él se va a situar en una posición ponderada entre dos polos irreconciliables, el de aquellos que defienden la libertad y el de los que defienden la igualdad, ahora llamada equidad. Al final del artículo nos enteramos que, por lo visto, esa posición de equilibrio es la que defiende la magnífica LOE. Dan ganas de gritar tongo ante la parcialidad del supuestamente "científico" analista.

La presentación que el autor hace de las posiciones liberales es, como siempre, siempre, siempre, mezquina. Que si son egoístas, "neocons", la derecha, el lobo, bla, bla, bla, en fin, neutral y objetivamente sectaria. Que si el consumidor sólo puede participar sacando a su hijo del centro y no puede participar en la gestión del mismo, que si no es la gente la que quiere elegir sino la nueva derecha la que quiere implantar esas políticas. No faltan argumentos sobre lo tonta y desinformada que es la gente que elige por motivos que nosotros los listos sabemos que son erróneos o ciertamente desinformados. Tampoco el viejo y aburridísimo argumento que dice que no es justa la elección porque hay personas que tienen mejores estrategias para elegir que otras. Confieso que no entiendo bien este argumento pues en el mercado de los coches también hay gente con mejores estrategias para elegir y no pedimos la tutela de un gobierno que nos cuide nos proteja y nos de su amoroso amparo. Ya se encarga la propia dinámica de competencia de mejorar la información.

Por supuesto tampoco faltan referencias a supuestos estudios empíricos que demuestran que, a diferencia de lo que sucede en el resto de aspectos de la vida, la competencia y la libertad de elección del consumidor, sí del consumidor, no mejoran el servicio.

¿Podría ser porque no hay libertad de ningún tipo? Basta con acudir a los datos para demostrar que no hay mercado en educación, y mira que es tonto tener que demostrar lo obvio, básicamente por dos razones. Por que no hay posibilidad de oferta libre y por que el precio está intervenido ( para no repetirme pinchar aquí para ver argumentación)

De tal forma se cree el autor esos estudios y su supuesta evidencia contra la mejora de calidad que llega a decir en la página 52 lo siguiente: "Los esfuerzos por lograr un sistema educativo diferenciado, que es el objetivo de los movimientos de libre elección, no parece que persigan otra cosa que acabar con la igualdad y con un sistema más justo e integrador". ¡Qué malos son los liberales! ¡A la cárcel con ellos! Una vez ha quedado claro que no persiguen la calidad es obvio que sólo quieren destruir la posibilidad de un mundo más justo.

No podía faltar, en un artículo que se precie (páginas 52 y 53), la crítica a la insolidaridad genérica de los padres que con sus decisiones dedicadas a la búsqueda de lo que consideran mejor para sus hijos destruyen la integración y cohesión social, ¡qué malvadísimos! aunque la culpa no es de ellos es de quien les deja elegir.

Me reconozco cansado de argumentar estas cosas pero volveré a hacerlo. El liberalismo no es necesaria ni inexorablemente egoísta. No es cierto que el estado y sus trabajadores sean altruistas por definición y la empresa un ente malvado y egoísta. Por último, habré de recordar, por enésima vez en este blog, que la defensa de la libertad de elección no es para muchos, entre los que me encuentro, un valor instrumental sino un valor en si mismo, una cuestión de estricta justicia. Nada humano es moral si no es libre. Sólo existe solidaridad, generosidad, altruismo o cualquier otro valor moral en el marco de la libertad.

Pero lo que ya es increíble es los términos en los que se plantea el desenlace del debate contra ese espantajo en el que el articulista ha convertido al liberalismo. Resulta que ahora la rivalidad no está entre versiones de la vida social liberales y versiones socialistas -como decía Hayek socialistas de todos los partidos-. El socialismo no está en cuestión, es la necesaria solución a dos extremos que son el libre mercado y la burocracia -que debe ser una hierba espontánea que no tiene que ver con la intervención estatal-. Citando la moraleja del autor del cuento chino:

"En la misma dirección (la buena la fetén, la de la ley), caminan propuestas que hablan de refundar la educación como un bien común, en el que las familias participen, y no sean ya clientes, sino copartícipes activos en la construcción social de la escuela, y asuman, junto con los demás agentes educativos, su parte de productores en la redefinición de un cuerpo de saberes que cohesionen la sociedad, de una cultura común que permita la competencia cívica, de unas prácticas pedagógicas incluyentes y de unos usos democráticos asociativos que hagan posible tanto la política generativa, como el negociar acuerdos y compartir actuaciones beneficiosas para sus hijos y los hijos de los demás. Este paradigma, alejado tanto de la libre empresa, como del burocratismo, se apoya en la innovación, la cooperación y la solidaridad, y no en la concurrencia, el interés individual y la segregación social" (pp.55-56).

Copartícipes, acuerdos, solidaridad, cooperación, moralidad en suma ¿Desde la coacción del BOE y no desde la persuasión? Cuéntame otra mentira que ésta ya no me la trago.