martes, septiembre 11, 2007

libertad de elección de centros. ¡Vaya un artículo!

Imaginemos una empresa que controla el 67,50 del mercado total de manera directa. También controla un 25,8% más a través de una subcontrata (que, dicho sea de paso, muerta de miedo es incapaz de independizarse de la empresa matriz, única fuente de su subsistencia). Por último, al mísero 6,7% restante también lo mangonea más indirectamente estableciendo normas y estándares obligatorios sobre la producción. ¿Diría usted que esa empresa tiene problemas? Ya se que lo normal es pensar que los problemas los tuviera el competidor al que no parece quedarle mucho margen, más bien ningún margen, o el consumidor (sí consumidor) que evidentemente tendría poca oferta, pero es que el mundo de la educación no es un mundo normal. ¿Qué diría usted si los defensores o directivos de esa empresa pidiesen al estado una mayor protección puesto que en virtud de no se que principio mágico indemostrable ellos garantizan mejor que una hipotética competencia el valor de la cohesión social y el de la justicia? Suena ridículo ¿verdad? Pues atentos, por consejo de mi amigo Gonzalo acabo de leerme un artículo publicado en la muy prestigiosa Revista de Educación del Ministerio, que alerta de la gravedad de introducir sin más el principio de elección de centro en nuestro sistema educativo, algo que ya parece estar ocurriendo en el mundo que nos rodea y, por lo visto, también en nuestro pobre país. Confieso que yo no había notado ningún cambio al respecto desde hace ¿decenios? Como siempre, alarmadísimo, acudo a los datos que el propio ministerio tiene sobre la escolarización de nuestros muchachos y muchachas para ver si la desbandada está siendo tan alarmante y requiere andarse con cuidado. Una vez localizados me encuentro con esta "terrible" serie referida al porcentaje de alumnos matriculados en el sistema público desde el curso 90/91 al 06/07. Los datos son los siguientes:

66,2 66,6 67,2 68,3 68,9 69,2 69,5 69,4 68,9 68,3 67,8 67,4 67,4 67,5 67,6 67,5 67,5

Vistos los datos, la escasísima variación y el dominio del estado sobre el resto antes vislumbrado dan ganas de mandar a esparragar al que ose hablar de libertad de elección pero como soy un chico disciplinado comentaré alguna cosilla sobre el artículo.

Comienza el autor, el profesor Fernández Soria, con buenas maneras. Él se va a situar en una posición ponderada entre dos polos irreconciliables, el de aquellos que defienden la libertad y el de los que defienden la igualdad, ahora llamada equidad. Al final del artículo nos enteramos que, por lo visto, esa posición de equilibrio es la que defiende la magnífica LOE. Dan ganas de gritar tongo ante la parcialidad del supuestamente "científico" analista.

La presentación que el autor hace de las posiciones liberales es, como siempre, siempre, siempre, mezquina. Que si son egoístas, "neocons", la derecha, el lobo, bla, bla, bla, en fin, neutral y objetivamente sectaria. Que si el consumidor sólo puede participar sacando a su hijo del centro y no puede participar en la gestión del mismo, que si no es la gente la que quiere elegir sino la nueva derecha la que quiere implantar esas políticas. No faltan argumentos sobre lo tonta y desinformada que es la gente que elige por motivos que nosotros los listos sabemos que son erróneos o ciertamente desinformados. Tampoco el viejo y aburridísimo argumento que dice que no es justa la elección porque hay personas que tienen mejores estrategias para elegir que otras. Confieso que no entiendo bien este argumento pues en el mercado de los coches también hay gente con mejores estrategias para elegir y no pedimos la tutela de un gobierno que nos cuide nos proteja y nos de su amoroso amparo. Ya se encarga la propia dinámica de competencia de mejorar la información.

Por supuesto tampoco faltan referencias a supuestos estudios empíricos que demuestran que, a diferencia de lo que sucede en el resto de aspectos de la vida, la competencia y la libertad de elección del consumidor, sí del consumidor, no mejoran el servicio.

¿Podría ser porque no hay libertad de ningún tipo? Basta con acudir a los datos para demostrar que no hay mercado en educación, y mira que es tonto tener que demostrar lo obvio, básicamente por dos razones. Por que no hay posibilidad de oferta libre y por que el precio está intervenido ( para no repetirme pinchar aquí para ver argumentación)

De tal forma se cree el autor esos estudios y su supuesta evidencia contra la mejora de calidad que llega a decir en la página 52 lo siguiente: "Los esfuerzos por lograr un sistema educativo diferenciado, que es el objetivo de los movimientos de libre elección, no parece que persigan otra cosa que acabar con la igualdad y con un sistema más justo e integrador". ¡Qué malos son los liberales! ¡A la cárcel con ellos! Una vez ha quedado claro que no persiguen la calidad es obvio que sólo quieren destruir la posibilidad de un mundo más justo.

No podía faltar, en un artículo que se precie (páginas 52 y 53), la crítica a la insolidaridad genérica de los padres que con sus decisiones dedicadas a la búsqueda de lo que consideran mejor para sus hijos destruyen la integración y cohesión social, ¡qué malvadísimos! aunque la culpa no es de ellos es de quien les deja elegir.

Me reconozco cansado de argumentar estas cosas pero volveré a hacerlo. El liberalismo no es necesaria ni inexorablemente egoísta. No es cierto que el estado y sus trabajadores sean altruistas por definición y la empresa un ente malvado y egoísta. Por último, habré de recordar, por enésima vez en este blog, que la defensa de la libertad de elección no es para muchos, entre los que me encuentro, un valor instrumental sino un valor en si mismo, una cuestión de estricta justicia. Nada humano es moral si no es libre. Sólo existe solidaridad, generosidad, altruismo o cualquier otro valor moral en el marco de la libertad.

Pero lo que ya es increíble es los términos en los que se plantea el desenlace del debate contra ese espantajo en el que el articulista ha convertido al liberalismo. Resulta que ahora la rivalidad no está entre versiones de la vida social liberales y versiones socialistas -como decía Hayek socialistas de todos los partidos-. El socialismo no está en cuestión, es la necesaria solución a dos extremos que son el libre mercado y la burocracia -que debe ser una hierba espontánea que no tiene que ver con la intervención estatal-. Citando la moraleja del autor del cuento chino:

"En la misma dirección (la buena la fetén, la de la ley), caminan propuestas que hablan de refundar la educación como un bien común, en el que las familias participen, y no sean ya clientes, sino copartícipes activos en la construcción social de la escuela, y asuman, junto con los demás agentes educativos, su parte de productores en la redefinición de un cuerpo de saberes que cohesionen la sociedad, de una cultura común que permita la competencia cívica, de unas prácticas pedagógicas incluyentes y de unos usos democráticos asociativos que hagan posible tanto la política generativa, como el negociar acuerdos y compartir actuaciones beneficiosas para sus hijos y los hijos de los demás. Este paradigma, alejado tanto de la libre empresa, como del burocratismo, se apoya en la innovación, la cooperación y la solidaridad, y no en la concurrencia, el interés individual y la segregación social" (pp.55-56).

Copartícipes, acuerdos, solidaridad, cooperación, moralidad en suma ¿Desde la coacción del BOE y no desde la persuasión? Cuéntame otra mentira que ésta ya no me la trago.

1 comentario:

César dijo...

Los prejuicios forjados a lo largo de tanto tiempo (demasiado) hacen de la doctrina liberal algo total y absolutamente "maligno y perverso", pero pasa como con todo: el sujeto X puede llegar a percibir la "verdad" con respecto a un determinado asunto y saca en claro ciertas cosas de gran valía para posteriores "dilemas". Pero sólo con mucha reflexión y sobre todo tiempo y reposo, este nuevo sujeto X podrá tener el ¿valor? de aplicar esos mismos baremos a cuestiones que él mismo siempre ha calificado de esenciales y estrictamente necesarios.

En otras palabras. El tema del mercado del automóvil es un buen ejemplo de cómo un tipo puede estar de acuerdo en algo pero no está preparado para aplicarlo al de la eduación (y digo bien mercado de la educación) porque cree tener muy claro que una cosa es elegir (libremente)y mal un modelo de coche y otra es "cagarla" a la hora de "volcarse" con una errónea educación para sus hijos. "Con las cosas importantes no se juega" se repetirá a sí mismo el buen señor...

Cuestión de tiempo? Ojala...