jueves, enero 10, 2008

Corregir y educar

Después de un tiempo ocupado en otras cuestiones retomo este blog para responder a una petición en relación con la modificación del artículo 154.2 del código civil, el uso del cachete y lo que nuestro amado estado con sus ilustrísimas señorías al frente tienen a bien de enseñarnos. Comenzaré con un resumen del asunto lo mas aséptico posible para luego tratar de hacer algún comentario pedagógico liberal.
El congreso de los Diputados en diciembre de 2007 y en el marco de una ley de adopción internacional, sustituye, entre otros, el artículo 154.2 del código civil que decía, y escribo literalmente, "Los padres podrán, en el ejercicio de su potestad, recabar el auxilio de la autoridad. Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos". En su lugar se optó por la redacción siguiente: "la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica". La consecuencia no es, como dice Daniel, que nuestra extraña sociedad no permita pegar un azote en el culo a un crío pero si hacerle el vacío como método de corrección como hace la super Nanny. Me temo que la Nanny dará con sus huesos en la cárcel a poco que se descuide o cambien las modas. Lo que la ley parece que se propone dificultar es la corrección y cualquier tipo de castigo pues todo castigo supone un atentado contra la integridad psíquica en la misma medida que todo cachete "moderado y razonable" parece suponer para muchos un atentado contra la integridad física del menor. Si queréis seguir el debate de nuestras señorías en su integridad y tenéis mucho tiempo libre lo podéis hacer en este enlace que os llevará al diario de sesiones correspondiente. Por cierto, en el mismo podéis leer también el debate sobre la ley del cine tan necesaria para nuestra culturilla.

Más allá de los argumentos que van desde la necesidad de adaptarse a los documentos de la ONU, la necesidad de luchar contra el maltrato, como si la expresión corregir moderada y razonablemente a los hijos supusiese maltrato, las frasecillas de burócratas, generalmente sin hijos por supuesto, y un largo bla, bla, bla, creo que todo tiene que ver con una concepción radicalmente errónea de la educación que nace en Rousseau, para ser justo en una de sus versiones. El francés era un autor cuyo conocimiento experiencial de la infancia era manifiestamente mejorable como conocerá todo el que sepa de su biografía. Desde Rousseau el niño es visto como el colmo de todo bien y el adulto el colmo de todo mal. El niño lo tiene todo para ser bueno y sólo será malo si la sociedad lo corrompe. La corrección además es vista desde la desconfianza pues es practicada por un adulto ya de por si inevitablemente corrompido. Como la naturaleza es buena, la educación ha de ser lúdica y un juego sin dolor ni violencia pues es lo que el niño "naturalmente" desea. Desde esta antropología, " soft" blandita, rechoncha y de color rosadito, la corrección es un fastidio que muestra un fracaso del adulto.
Lamentablemente cualquiera que tenga o haya tenido contacto con naturalezas humanas reales en forma de niños concretos habrá experimentado la mentira que esconde esta antropología. Sin necesidad de creer con Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre, todos hemos experimentado que la voluntad humana tiende tanto a lo mejor como a lo peor sin necesidad de guías sociales y que la necesidad de la corrección no es algo pasado de moda. La educación tiene un aspecto hipócritamente escondido en nuestro "mundo feliz" basado, muchas veces, en la necesidad de"" violentar"" una voluntad ajena, la del educando. Los intentos por esconder esta dimensión de la educación muestran a las claras como nos encanta vivir en la mentira.

Queda además el tufo controlador y moralizante del estado cuando se pone a hablar de este tipo de aspectos, un tufo que nos recuerda que los totalitaritarismos, los fascismos y el ansia de control de las vidas de los demás, no son solo fenómenos del pasado de imposible repetición sino algo mucho más cercano y actual. El totalitarismo es siempre posible, además puede ser democráticamente elegido por la mayoría. Por cierto, ya lo fue.

Feliz año para todos.

   

3 comentarios:

César dijo...

Trataré de ser lo más cauto y riguroso posible:

El problema de no ver ningún tipo de "duda razonable" en esta cuestión es que se deja de lado en mi opinión una serie de cosas realmente peliaguadas...

a saber: si algo valioso me han enseñado en la facultad (lo cual es un logro ya de por sí) es que lo importante en la vida no es el qué, sino el cómo. Es decir, leyendo literalmente la nueva frase del artículo, sólo nos puede venir a la cabeza la palabra "bondad", cómo no... Es una bonita idea. El problema es que una vez más, ello implica una serie de "derechos" o más bien "deberes" (paternos) que a más de uno le chirrían.

Mas igual de absurdo es en mi opinión tratar al niño como adulto que tratar al niño como apéndice del padre/madre. Está de moda la ridiculización exagerada de cómo los menores abusan del amparo social y legislativo pero también veo factible lo contrario: burlarme, yo, simple e ignorante mortal, de todo aquel que piensa que su hijo le pertenece y que ello le confiere potestad suficiente para hacer con la criatura casi cualquier cosa.

Esa potencialidad como personita le otorga en mi opinión al niño una serie de derechos bien parecidos a los que podría tener cualquier adulto.

Todos pensamos en fronteras "obvias" tipo lesiones flagrantes y demás pero en los matices está el buen hacer pedagógico y creo que a día de hoy, pocos estarán de acuerdo en dónde debe colocarse la delgada línea que separa lo tolerable de lo intolerable.

Ya sabes David que estoy en un momento "tontorrón" (si me permites) de aceptación más que residual del estilo educativo defendido por Rousseau y es simplemente porque incluso basándome en mi corta experiencia vital con niños "reales" como tú dices, creo que hay mucho camino que recorrer en favor de esa cesión de autonomía y autodeterminación para con el niño que en mi opinión no es unívocamente incompatible con un cierto grado (cuanto más ínfimo mejor) de tutela paternal.

Supongo que la "vida" me convencerá de que a un niño no se le puede tratar "ni por asomo" como a un adulto o parecido, pero el problema es que sigo creyendo a día de hoy que con un par de adornos y florituras puede bastar para conseguir: tratar, respetar, lidiar con un niño, ahora sí, "casi" como con un adulto.

César.

Sarilla dijo...

La verdad sea dicha: cuando hablamos de niños cada persona tiene en su cabeza una idea bien distinta... ¿son seres inocentes y adorables como en las películas americanas, que viven en una esfera paralela? ¿O acaso son tan repelentes que hay que condicionarles para que te hagan caso?
(ni lo uno ni lo otro probablemente)

Un niño no es un adulto,porque está aprendiendo muchas cosas y necesita un ejemplo adecuado, pero es una persona.
Por eso tienen casi los mismos derechos que los adultos, porque son personas.

No obstante, no entiendo muy bien cuando se habla de corregir de la forma adecuada a qué se refieren cuando ni siquiera nos ponemos nosotros mismos de acuerdo en la facultad sobre lo que es adecuado o no para la educación.

¿Puede alguien ahora denunciarme por corregir en unas actividades extraescolares a su hijo de forma inadecuada?
¿qué es inadecuado?
¿Es siempre inadecuado el castigo?
¿Es siempre adecuado?
¿Frustrar a los niños es inadecuado?

Esa es la cuestión.-

julian dijo...

hacía tiempo que no te leía querido mentor; trabajando arte y crianzas queda manifestado la necesidad de la naturalidad pedagógica, del abrazo como hogar y del grito con sus frenos.. (que los tiene y a veces son re precisos) total, la solicitud inevitable del estado, que bien me enseñaste a medir, interpretar y trampear, ahora consiente aquéllo y luego otras muchas páginas que engorda... pero amigo... ahora que abro matería en las escuelas, lo veo claro... tanto que a veces no veo otra cosa... normalizar el cachete??? por las calles hay padres, maestros que necesitan la huella para andar y no piensan porque pensar es dejar la ociosidad de lado, la mismidad y el ombligo... y eso no, eso nunca!!! quizás el estado ve en el cachate el único momento que los padres puedan compartir con sus hijos..y lo normativiza... claro.

" se consiente el cachete corrector" quizás es porque el estado avisa que el niño no es algodón ni se le debe consentir cuanto pide, claro que hablar del cachete sin hablar del "vacío que anunciaba foucoult" pues es eso, volver a a la ilustración.. y hablar del cachete dice mucho del estado, no??


mañana hablarán del número de adjetivos que se le puede decir a tu hijo cuando hace algo bueno---

te imaginas?? ocurrirá, y si no lo hace el estado lo hará la supernanny.

buenos días amigo

ganas de verte!!!