domingo, febrero 03, 2008

Libertad y educación, ¿términos contradictorios?

Hará un par de semanas recibí un email en el que un alumno solicitaba ayuda pues se tambaleaba, según él, la posibilidad de justificar las intervenciones educativas de máximos. Trataré de explicar un poco el asunto. Cuando hablamos de intervención educativa de máximos hablamos de la legitimidad que tienen unos padres de introducir a sus hijos en una determinada visión del mundo y no en otras. Incluso la legitimidad para no ser neutrales entre las múltiples visiones del mundo legítimas que pululan en la sociedad.

La raíz de la confusión de este alumno está en una cierta fascinación ante la libertad y el efecto escéptico que ésta suele provocar en quienes se aceran a este tema. Vistas las cosas desde un punto radicalmente liberal puede parecer que los términos educación y libertad son claramente contradictorios pues con la educación pretendemos que el otro sea como aún no es, pretendemos influir en el otro y pretendemos dirigir esa influencia. Por otra parte la libertad es la capacidad de decisión autónoma y no debe estar más limitada que por la libertad de los otros. ¿Es esa contradicción real? ¿Es en el fondo la educación contraria a la libertad por mucho que nos empeñemos en ocultarlo o adornarlo?

La deriva escéptica del liberalismo es posible pero no es necesaria y además es peligrosa para un educador. Según esta deriva, que nace de trasplantar a todos los ámbitos las relaciones que el estado debe tener con sus ciudadanos adultos, la libertad humana nos obliga a no violentar con morales particulares la libertad del individuo siempre que este no pretenda imponerse a los demás, es decir, siempre que frene ante las libertades de los demás.

Sin embargo esto no es así. El hombre es libre de la misma manera que es un animal con lenguaje. Decir que el hombre es un animal con lenguaje no quiere decir que hable desde el nacimiento. Decir que el hombre es libre no quiere decir que lo sea desde el nacimiento. Antes de poder actuar autónomamente, igual que antes de hablar, el ser humano debe aprender muchas cosas, hábitos, conocimientos, actitudes… Esta necesidad del aprendizaje legitima al educador para imponer, si imponer, cierta clase de cosas a los educandos para posibilitar que sean progresivamente libres.

El hombre se hace libre a partir de una estructura para la libertad del mismo modo que se hace hablante a partir de cierta estructura morfopsicológica para el lenguaje. Con el lenguaje el individuo puede decir lo que quiera pero no se inventa el idioma y para decir lo que quiera se somete a unas reglas. De la misma forma, podemos decir que sólo somos libres desde la educación no a pesar de ella.

4 comentarios:

césar dijo...

Interesante argumentación, preliminar. Sí, preliminar.

No puedo estar en desacuerdo con lo que defiendes ahí pero en mi opinión es sólo la punta del iceberg pese a ser un presupuesto estrictamente necesario en cuanto a importancia.

Ya sabemos qué hay que hacer y por qué pero ahora necesitamos "saber" cómo ya que jamás me opuse a la Educación en sí, sino a qué hacemos con ella.

Y no me refiero a que alguien prescriba una tonelada de "recetas" pedagógicas infalibles y universales.

Hablemos de fronteras, que es lo que verdaderamente importa.

Yo de momento no me mojaré. Sólo diré que siguiendo tu definición de Educación-Libertad muchas "malas" prácticas educativas quedarían auspiciadas en nombre de la Libertad, o más bien de su posible adquisición.

¿Cuando sea padre comeré huevos y... seré libre?

sarilla dijo...

Desde luego, yo también me he topado con esa duda alguna vez, no es raro creer que la educación puede "violentar" procesos que se puedan dar de forma natural en las personas.

Se podría decir que toda persona que esté en educación debería llegar a preguntarse por la libertad en algún momento, aunque sea a efectos prácticos ( tan sólo para jugar al escondite ya hay que decir las normas)
Algunos dicen "no hay que frustrar a los niños", hay que dejarles ser "naturales"; ahora bien, ¿Cuándo puedes decir que estás faltándole al respeto a la naturaleza del niño/a? ¿Cuándo debes hacerlo?
¿Y cuándo no?
Son cosas que cada mañana con mis peques me tengo que preguntar a la fuerza. O eso o acabo con puré hasta las orejas, y no es plan, la verdad.
Saludos y felicidades por el post.

(A todo esto, ¿piensas escribir algun día en el blog sobre la naturaleza del ser humano?)

Anónimo dijo...

Seguramente este es uno de los temas más importantes en educación, y de los que más se prestan a confusión. Estoy de acuerdo con David siempre que aceptemos que la única relación educador-educando legítima es la de los padres con los hijos. Cualquier otra relación es por delegación de los padres, y mientras estos conserven la patria potestad, nadie está legitimado para intervenir en contra de su acción educativa. Y para mí la explicación de esta afirmación es que mientras el hijo (todos somos hijos en algún momento) no es autónomo, los padres SON por el hijo. Un amigo mío dice que nadie nace entero, nos vamos enterando. Dicho de otro modo, hasta que somos libres no hemos acabado de nacer.

José Luis Gaviria

Anónimo dijo...

Pues si. Aunque vivimos en una sociedad en la que los padres, desgraciadamente no tienen tiempo ni para cuidar a sus hijos, sobretodo en los primeros años, lo cual es una pena, porque se pierden muchas cosas. Me da la impresión de que el estado no garantiza que las jornadas laborales sean las adecuadas para poder ejercer adecuadamente la parternidad/ maternidad.