viernes, abril 11, 2008

El estado educador

Este escrito me ha salido largo, aviso a los perezosos.

Don Gregorio Peces-Barba publicó en el País del lunes 7 de abril, un artículo rebatiendo las razones consideradas por el Tribunal Superior de Andalucía para reconocer a unos padres el derecho a la objeción de conciencia frente a educación para la ciudadanía. En su día no comenté ese asunto por dos razones. Primero, no soy jurista y no dispongo de suficientes conocimientos sobre el particular, además, como no he cursado "educación para la ciudadanía" no poseo los estupendos recursos con los que contarán las futuras generaciones (contengan las risas, por favor, este es asunto serio). Segundo, porque presiento que el tema va para largo y hasta que no llegue al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos no parará. Sin embargo, hay varias razones que me empujan a ser pesimista en todo este proceso. Las comentaré al hilo de lo sugerido por el insigne catedrático y padre de la patria constitucional.

El artículo, un poquito confuso, está adornado con citas de insignes pensadores, Bentham, Grocio, Locke, supongo que esta sombra de erudición contribuye a hacerlo más digerible entre los que se pasan la vida entre libros pero el contenido se limita a repetir un argumento muy simple: la educación para la ciudadanía está dedicada a la ética pública, la ética pública es competencia del estado y la ética pública no invade el espacio privado. ¿Es realmente así?

La educación tiene una indudable dimensión moral. Así lo ha reconocido la propia constitución que cuando define la educación introduce términos densos al hacer referencia a la plenitud: "la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales" (art 27.2). Esta definición está casi calcada de la que existe en la declaración universal de los derechos humanos que presenta algunos matices interesantes que luego comentaré.

Junto a esta definición el propio texto constitucional identifica dos agentes educativos principales. Por una parte al Estado que es garante de una educación básica y por otra a los padres a los que reconoce el derecho preeminente en la formación moral y religiosa de sus hijos (art.27. 7 y 27.3).

Tenemos por lo tanto una única definición de educación en un texto legal, que podría conllevar problemas posteriores por contener un germen de totalidad, y dos agentes educativos principales el estado y las familias. Estos últimos están legalmente capacitados para la dirección libre de la educación moral de sus hijos no sólo a través de la constitución (at. 27.3) sino también de otros documentos internacionales con rango fundamental, (Declaración universal de los derechos humanos de 1948 (artículo 26.3), Declaración 36/55 de las Naciones Unidas de 25 de noviembre de 1981 (artículo 5), Pacto internacional de derechos civiles y políticos (Naciones Unidas) de 1966 (artículo 18.4), Pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales (Naciones Unidas) de 1966 (artículo 13.3), Convención sobre los derechos del niño (Naciones Unidas) de 1989 (artículo 14.2), Convenio europeo de derechos humanos de 1950 (art. 2 del Protocolo I), y Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 14). En la Carta se reconoce además que los padres no sólo tendrán libertad para elegir la formación moral y filosófica sino también modelos pedagógicos.

En estos textos fundamentales el papel del estado es el de garante de la educación "básica" pero nada más. Como "curiosidad" significativa en la declaración universal de los derechos humanos el estado aparece ligado al término de "instrucción" y los padres al de educación.

La interpretación de máximos que el estado suele hacer de sus responsabilidades ha provocado que las sucesivas leyes educativas que nacen de la constitución acentúen su papel de formador en la plenitud de los sujetos posibilitando que apareciesen, en algún momento, encontronazos con quienes quisieran defenderse de la imposición estatal

El preámbulo de la Ley Orgánica de Educación, continuando una corriente iniciada en la LOGSE, acentúa esta visión integral y omnicomprensiva para el sistema educativo del estado. Este ya no sólo se liga al respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales sino que pretende dirigir sus fines a la totalidad del desarrollo personal en todos sus ámbitos: "Se trata de conseguir que todos los ciudadanos alcancen el máximo desarrollo posible de todas sus capacidades, individuales y sociales, intelectuales, culturales y emocionales para lo que necesitan recibir una educación de calidad adaptada a sus necesidades" (LEY ORGÁNICA 2/2006, de 3 de mayo, de Educación). Hay que notar que en este párrafo la ley educativa no ya no puede interpretarse como referida a unas bases o a unos mínimos en ninguna de las esferas de la persona que, lógicamente, tendrán que ser definidas de alguna manera por un estado que pretende su desarrollo "máximo".

Así, es normal que, por ejemplo, entre los fines de la nueva asignatura de educación para la ciudadanía y los derechos humanos, esté el desarrollo de competencias que van más allá de una instrucción en una moral universal. El propio Decreto de Mínimos dice: "La Educación para la ciudadanía tiene como objetivo favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable." (…) "Para lograr estos objetivos se profundiza en los principios de ética personal y social y se incluyen, entre otros contenidos, los relativos a las relaciones humanas y a la educación afectivo-emocional, los derechos, deberes y libertades que garantizan los regímenes democráticos, las teorías éticas y los derechos humanos como referencia universal para la conducta humana, los relativos a la superación de conflictos, la igualdad entre hombres y mujeres, las características de las sociedades actuales, la tolerancia y la aceptación de las minorías y de las culturas diversas" (BOE. Viernes, 5 de enero de 2007. Real Decreto 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria ). O cuando en el mismo Real Decreto se dice que: "La Educación para la ciudadanía contribuye al desarrollo de la competencia de aprender a aprender fomentando la conciencia de las propias capacidades a través de la educación afectivo emocional y las relaciones entre inteligencia, emociones y sentimientos ( BOE. Viernes, 5 de enero de 2007. Real Decreto 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria )

Resulta indudable, creo, que "todavía" existen numerosas maneras legítimas, y también "todavía" legales, de ofrecer respuesta a esa integración.

La apertura de esta vía en una ley educativa repleta de referencias a palabras de significado controvertido alcanzará también a los criterios de evaluación que no se limitarán ya a la comprobación de los conocimientos adquiridos sino que van más allá y entran en la compleja evaluación de actitudes como parte de los criterios certificadores de la asignatura de educación cívica. Por ejemplo, las actitudes aparecen en los criterios de evaluación 1, 6, 7, y 8 de la asignatura de la ESO Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (BOE. Viernes, 5 de enero de 2007. REAL DECRETO 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria).

Una vez que hemos hecho del sistema educativo del estado un pretendido sistema de educación "integral". Cuando hemos mezclado lo afectivo junto con lo cognitivo. Cuando hemos evaluado lo actitudinal como elemento que forma parte de la nota de una asignatura, resultará difícil deslindar qué es lo que queda fuera o cómo debemos interpretar objetivos como el que viene descrito en el criterio de evaluación 4 de la asignatura de cuarto curso de la ESO, "Educación ético cívica" y que dice: "Reconocer los Derechos Humanos como principal referencia ética de la conducta humana e identificar la evolución de los derechos cívicos, políticos, económicos, sociales y culturales, manifestando actitudes a favor del ejercicio activo (¿?) y el cumplimiento de los mismos". Desde luego ya no podemos saber si se está refiriendo a ética pública o si todos los individuos deben reconocer, postrándose quizás, a estos derechos como referente principal para dirigir su vida privada. Hemos acabado por borrar cualquier posibilidad de limitar los fines del estado al hablar en los objetivos de la asignatura de la profundización en la "ética personal" y no sólo social.

¿Alguien cree que es una asignatura de mínimos?¿Alguien cree que el estado es un educador de mínimos? ¿Todavía hay alguno que cree que no trata de domesticar? ¿Después de esta ley queda algo vetado al estado ahora o en un futuro próximo? ¿Alguien puede decirme dónde tiene prohibido meterse? El problema al que nos enfrentamos no es el que nos cuentan es el del conocimiento de una antropología sustantiva y ese conocimiento no puede ser objeto de la imposición del estado, al menos si seguimos creyendo que el ser humano es un ser libre. Lamentablemente, el afán pedagógico del estado no es sólo cosa nuestra.

4 comentarios:

Bianca dijo...

Hola David,

Es la primera vez que me hago visible por aquí pero sigo tu blog de cerca desde hace un tiempo, y lo visito con regularidad esperando buenas nuevas como la que me acabo de encontrar ahora en un momento de "dispersión". Estoy bastante liada ahora con un texto que tengo que prepara sobre todo esto de la educación para la ciudadanía y los enfoques pedagógicos y cosmovisiones que hay detrás de las distintas propuestas... Muchas Gracias. A veces lees cosas en momentos clave y tu último texto lo ha sido...

Efectivamente, y hoy en clase de Patricia lo hemos planteado como una de las dificultades de la educación cívica: ¿por qué educar política o cívicamente? ¿no deberíamos limitarnos a, como mucho, enseñar política o las leyes que hay que cumplir, de forma aséptica? Es curioso, porque estoy leyendo un montón de sentencias americanas sobre padres o grupos comunitarios que denuncian al gobierno o al centro escolar por los contenidos del currículum: la cuestión es tan grande, que en las facultades de educación, los futuros directores de escuela, estudian "derecho escolar" para saber qué hacer para evitar que los padres les "metan un puro"... Algunas son un pelín exageradas: enseñar o no la teoría de la evolución, cómo enseñarla, insultar a un profesor como un ejercicio de la libre expresión,... hay de todo.

Hay una que me ha gustado mucho: dos comunidades religiosas demandaron a una escuela pública de un sitio llamado Montgomery County (Maryland) por el uso de unos materiales didácticos diseñados para algunos temas de educación para la salud; y tuvieron éxito. El juez estableció que algunos de los materiales eran parcialmente contrarios a algunas convicciones religiosas. Además, se le exigió a la escuela pagarles 36000$ en concepto de costes legales y tuvo que eliminar el tema de la educación sexual. Y lo mejor viene ahora: ordenó que se crease un comité de ciudadanos para proponer un nuevo currículum.

Me gusta: el Estado al auténtico servicio de los intereses de los ciudadanos:al final, todo lo que sucede en un centro educativo público se financia con los impuestos de todos y cada uno.

Pero por lo que he leído, en interpretaciones globales de todos estos casos, los tribubales de justicia han generalmente apoyado el papel de la escuela como comunicadora de un conocimiento expansivo, más que restringido... No es mejor, si envías a tus hijos a la escuela (sé que en este país es absurdo plantearlo en forma condicional, cuando la realidad es imperativa) que se encuentren con el Conocimiento con mayúsculas, más que con visiones particulares de vida?? Es que para eso ya tienen su comunidad de relaciones y su familia, no??

La familia tiene derecho a elegir la educación moral y religiosa que quiere para sus hijos. Pero, qué debe hacer un educador cuando un determinado conocimiento científico la contradice?? Qué es mejor David??

Un saludo,

Bianca .

David dijo...

Gracias por tu mensaje Bianca. Me encantaría que me pasases la referencia al caso que cuentas de Montgomery County. Me parece crucial que la justicia se preocupe, atienda y respete las convicciones y la libertad individual. Creo que aunque la coacción es a veces necesaria hay que tener muy muy buenas razones para decidirse a aplicarla. Trataré de responderte a la pregunta central de tu comentario y que planteas al final del mismo. ¿No debemos favorecer con la educación un conocimiento expansivo que enfrente a los educandos con el Conocimiento, con mayúsculas, del que tú hablas? ¿No es para eso para lo que les llevamos a la escuela? ¿Qué hacer si un conocimiento “científico” contradice las ideas de las familias?

Planteas un problema real pero creo que mezclas dos cosas. Tienes razón al decir que una de las funciones de la escuela es la de aproximar a los niños al mundo de la ciencia y del pensamiento riguroso. Desde luego, la inmensa mayoría de la gente quiere que a sus hijos se les enseñen los rudimentos del conocimiento humano con la mayor profundidad que sea posible. Sin embargo, la escuela, y cada vez más, no se contenta con esa transmisión sino que pretende inculcar una cosmovisión con aspectos que escapan a lo que sea ciencia y entran en el terreno de la concepción moral del mundo, el ejemplo que pones de la educación sexual podría ser uno de esos ámbitos. El problema es que no llevas tu argumento más allá y te detienes en seco para retornar a una dicotomía falsa.
¿Qué dicotomía? La que planteas, entre líneas, al manifestar que existe una contradicción posible entre el derecho de la familia a la transmisión de filosofías o valores morales (y también a la elección de modelos pedagógicos, según la Carta Europea de Derechos) y la apertura al Conocimiento, con mayúsculas, que parece garantizar la intervención estatal.

Sinceramente, creo que no hay contradicción pues uno puede defender una posición moral y desear que su hijo se abra al conocimiento y aún así desconfiar de que el estado sea el mejor garante de esa apertura y, por lo tanto, puede legítimamente oponerse al dominio educativo del estado. No es cierto que al oponernos a la escuela pensada, dirigida y configurada por el estado, nos estemos oponiendo al Conocimiento con mayúsculas. Muchas veces puede pasar que precisamente al oponernos al conocimiento que trasmite el estado estemos abogando a favor de un auténtico conocimiento humanizador.

Te pondré un ejemplo relacionado precisamente con la educación sexual que mencionas en tu texto. Cuando el estado se hace cargo de ese tipo de educación normalmente lo hace desde la consideración de la sexualidad entre adolescentes como un asunto de salud pública. Lo que se pretende como objetivo número uno es que las adolescentes no se queden embarazadas o que no contraigan ETS’s ¿Es una consideración neutra? Desde luego para mucha gente que lo único que desea es que su niña no llegue con un “problema” a casa este puede ser un objetivo suficiente. Pero para muchos otros implica una visión sesgada y lamentable de la sexualidad humana cuyo significado escapa y con mucho a lo que el estado pueda decir y que cuyas ideas sobre sexo seguro y divertido pueden oscurecer el significado que legítimamente quieren transmitir.

El conocimiento hacia el que nos abre la educación no es sólo el conocimiento científico y, desde luego, no sólo el de las ciencias positivas. Por supuesto que la familia no puede darlo todo pues es una entidad limitada pero cuando una familia conscientemente elige un colegio le suele pedir que la imagen global que transmita sea algo más que lo que tiene en casa pero también espera que no sea algo contrario.

Llegamos al asunto del evolucionismo, un poco extraño para nuestro ámbito pero interesante teóricamente. ¿Es posible que las elecciones de una familia o de una comunidad contradigan verdades científicas claramente verificadas? Sí, es posible. ¿Justifica eso la intervención estatal? No lo creo pues los beneficios son claramente menores que las desventajas. En un ámbito de libertad la ciencia termina por imponerse sola a la mayor parte de sociedad. En este caso, si se estudia el conflicto del que hablas detenidamente desde unos comienzos en los que se oponía a la teoría de la evolución la enseñanza literal de la Biblia a la actualidad cuando se habla del diseño inteligente (ya se admite evolución) se verá que esto es así. Creo que el estado y los grupos de poder tratan de utilizar este argumento que afecta a una minoría, por grande que sea, para justificar la necesidad de imposición para todos. Lo que hay que hacer es divulgar persuadir y convencer. Nunca cargarse el deseo de las familias que tienen algo que trasmitir, -lamentablemente cada vez menor en número-, de participar y dirigir la educación de los hijos.

Bianca dijo...

Hola David,

Por fin puedo contestarte!! Vamos al lío...

No sé qué es lo que he dicho que te lleva a interpretar que quito importancia al derecho de las familias, más bien, la libertad de la familia para elegir el tipo de educación moral o religiosa que quieran para sus hijos... Y estoy de acuerdo con los afanes transmisiónde valores del sistema educativo (pero es que a "unos mayores" les leí que la educación siempre lleva unida una dimensión o componente ético, además del científico: y creo que tienen razón)

La construcción de una sociedad democrática y participativa, como lleva procurando serlo la española desde hace treinta años, "provoca" que los ciudadanos utilicen los cauces que esa democracia pone a su disposición para "hacer oír su voz" en todos los temas de interés y en los que se inviertan los impuestos que "como buenos ciudadanos" pagan; y la educación de las nuevas generaciones lo es. Efectivamente, es en Estados Unidos donde tienen ya cierta tradición al respecto:

Special interest groups and parents expect to have a voice in what is taught in public schools. This increased desire to be involved in curricular matters stems, in part, from fact that certain topics invoke emotional responses. Topics such as intelligent design, the theory of evolution, human sexuality, homosexuality, and black history are among many of the hot topics that stem debate among various groups ... The day has passed when school boards, school leaders, and subject matter specialists are the sole curricular decision makers ... School boards are expected to be more responsive to parents and communities under school choice, charter schools, and school-based management (Essex, 2008, 311).

Dicho esto, creo que no me has contestado a la pergunta que te hacía, que era más que nada pedagógica pero es que no supe expresarla con claridad. Lo vuelvo a intentar, a ver si me sale mejor:

Pensaba en una cuestión de contenido científico del currículum. Hay padres que han denunciado a un maestro, a una escuela, al distrito escolar o al Estado, por enseñar la Teoría de la Evolución en las aulas. Ciertas comunidades religiosas en EEUU abogan por una lectura literal del Génesis, siendo la llamada "Teoría Creacionista" parte misma de esa educación moral y religiosa que quieren, libremente, transmitir a sus hijos. Lo que yo me pregunto es qué debe hacer un profesor ante una situación así, desde el juicio educativo: ¿qué es más importante el derecho de los padres o el del niño a tener una visión más amplia, científicamente hablando, del mundo? La solución que se da en los manuales de formación del profesorado allí es hablar de la teoría de la evolución con las mismas reservas con que lo haríamos de la posible existencia de las gnomos que viven entre las setas o de unicornios voladores que echan pompas de jabón por la boca...


((Los libros con los que ando y de donde saqué la referencia son estos de aquí, pero busca por "school law"; hay cientos de ellos que recogen la jurisprudencia educativa: es que la hipersensibilidad de algunos ha generado una nueva rama jurídica: jajajaja!!))

- Stefkovich, J. A. (2006): "Best interests of the student : applying ethical constructs to legal cases in education". Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum Associates.

- Essex, N. L. (2008): "School Law and the Public Schools. A Practical Guide for Educational Leaders". Boston: Pearson Education (4th edition).

David dijo...

Comenzaré con alguna aclaración. Lo que los padres tienen con respecto a la educación moral de sus hijos no es sólo libertad sino también derecho, al menos si sigue rigiendo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (ver artículo 26.3), algo sobre lo que tengo serias dudas. Además, la educación moral de los hijos es una obligación, una aventura, y un desafío (de esto las leyes no hablan ni falta que hace).

Por su puesto que toda educación tiene un componente moral, de hecho, los que más lo creen son, paradójicamente, los más “hipersensibles”, los que más “molestan” al aparato escolar y no se conforman con cualquier “bondad” aparente de los sistemas. Nadie es hipersensible por un conocimiento que no cree que roza o explica su posición en el mundo. Lo más normal es que pase aborregadamente del mismo y se trague todo lo que le dicen.

La pregunta que me haces creí haberla respondido. Seguramente estaba contestada desde la política educativa, trataré de hacerlo ahora desde un punto de vista puramente educativo. La educación, en el sentido profundo del término, es, como bien sabes pues habrás leído a Gonzalo Jover (te recomiendo su tesis), un tipo especial de relación humana que entre otras cosas requiere de autoridad y de confianza. También sabemos, al menos los que hayan leído a Jaspers, que la autoridad a la que nos estamos refiriendo no es lo mismo que el poder sino que es la autoridad “reconocida” en función de una posición moral, de un saber o de una experiencia. Este tipo de autoridad, que no requiere de aparato coactivo, es un tipo de autoridad bastante natural como saben, por ejemplo, los buenos profesores de infantil que suelen manejar a los grupos de tiernos infantes razonablemente bien con la misma. Esta autoridad se va complicando más y difícultándose según la edad de aquellos a los que se educa y de la complejidad de lo que se enseña. Además, para enredar más el asunto, en las edades iniciales es necesario extender la autoridad al resto de la comunidad educativa para evitar contradicciones y guerras que no trerían educativamente nada bueno. Aquí es donde está el problema. Sin duda podemos exigir que la ley y el aparato burocrático nos apoye ela conquista de la verdadera autoridad pero los buenos se la curran y la conquistan. Lo mismo, y aún más, sucede con la confianza. ¿Hay educación sin confianza? ¿La confianza se puede imponer o exigir de alguna manera? ¿Puedo obligar a las familias a confiar en que lo que yo enseño es lo mejor?

En fin, ¿quieres ser de los buenos educadores o de los burócratas? Si quieres ser de los buenos pues convence persuade y gánate a los que educas y a sus familias.