miércoles, septiembre 17, 2008

Un nuevo curso

Me resistía a comenzar a escribir este curso en el blog un tanto entumecido después de darle dos meses de vacaciones. Sin embargo ya estamos aquí. Un nuevo e interesante curso ha comenzado. Varias cosas podrían formar parte de este primer apunte. Hay noticias recurrentes en la universidad con el cambio de planes de estudio, pero estos no son nada fundamental aunque pueda tener apariencia de tal. En el fondo seguiremos viviendo como hasta ahora. Lo mismo pasa en la educación básica, que también como siempre, continuará bajo el peso de las diversas ocurrencias que se les vayan ocurriendo a los políticos de todo el mundo ansiosos de juguetear con mentes y conciencias (con buenas intenciones, siempre con buenas intenciones).
Me gustaría empezar la reflexión sobre las declaraciones de las nuevas gentes de bien que han salido escandalizadas frente a algún manual de educación para la ciudadanía. Se ve que los representantes del pensamiento dominante quieren que el juguete sólo pueda ser manipulado por ellos. El asunto tiene bastante más enjundia del que parece. Por cierto, la frase que encabeza ese artículo, "la doctrina es incompatible con la enseñanza", ¿es doctrina o ciencia?
El debate no hace más que confirmar algunas cosas que ya habíamos señalado desde aquí hace algún tiempo y es la equiparación de lo legal y lo moral y, consecuentemente, la utilización de las leyes como ladrillo moralizante. Es posible que algún contrariado lector esté pensando "por supuesto, por supuesto". "¿cómo vamos a permitir que en la escuela se enseñen asuntos contrarios a las leyes vigentes que defienden tantos juristas de reconocido prestigio e independencia?"
Pero en un sistema plural la ley no es la moral. Ni siquiera la moral pública es la ley pues si así fuese sería imposible ser crítico con la ley sin ser tachado de inmoral. No obstante, eso es lo que parecen pretender los que critican a los autores de un manual que considera, con razones no con teologías, que el aborto es uno de los asuntos más graves e irracionales de nuestro querido tiempo. ¿Es de mal ciudadano criticar una ley? ¿No es buen ciudadano quien aprende argumentos contra algunas leyes? ¿De qué vais?



1 comentario:

César dijo...

Unos contenidos que recojan lo positivado en nuestros actuales códigos pero desde una perspectiva crítica y abierta al constructivismo desde la razón, el diálogo y el intelecto.

Si esto fuera de facto posible y se cumpliera a rajatabla. ¿Qué diferencia habría con respecto a cualquier otro contenido o materia de la instrucción ya sea pública o privada?