viernes, octubre 17, 2008

Especulación y educación.

Estos días cualquier mero "aficionado" a la economía debería estar sobrepasado, cuando no aterrorizado, frente a la ingente cantidad de burradas alocadas que escuchan sobre la economía. Más allá de las explicación de las causas de la crisis, donde desde luego que hay ideología, se ponen en cuestión, por parte de personas que uno pensaría informadas y medianamente sensatas, asuntos que revelan la escasa formación económica en la que vivimos en "esta nuestra comunidad".
El otro día sin ir más lejos y zapeando aburridamente por las distintas cadenas de nuestra "maravillosa" tdt, tropecé con un debate en la cadena VEO en la que el antiguo presidente de la comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, argumentaba, por decir algo, contra los mercados de futuros y, como no, contra los pérfidos especuladores. Sus palabras, más o menos textuales, eran: "que alguien me explique qué beneficio o para qué sirven los mercados de futuros del arroz, que alguien me lo explique o que los cierren". Como me dedico a la pedagogía, y creo en el valor de las viejas obras de misericordia entre las que se encuentran la de enseñar al que no sabe, trataré de hacerlo y además, trataré de mostrar las consecuencias de no contar con un mercado de futuros en educación. Lo haré partiendo de los mercados de futuros del arroz para ceñirme a los deseos de don Joaquín.
Imaginemos a un campesino chino cultivador de arroz. Sin duda desarrolla un trabajo duro cuyo éxito en gran parte no depende de él. Cuando planta su cosecha asume riesgos, su futuro depende de la lluvia y otros avatares que le permitirán tener una cosecha buena o una mala. En condiciones normales si tiene una mala cosecha puede quebrar y arruinarse. Pero hay más, imaginemos que tiene una cosecha excepcional junto con el resto de cultivadores de arroz. Ese hecho tampoco le garantiza un buen retorno de beneficios pues una sobre abundancia de arroz destruiría igualmente el precio y, paradójicamente, podría convertirse también en un asunto negativo para muchos pequeños agricultores.
Los mercados de futuros, recogen, asumen y minimizan muchos de los riesgos, no todos, con los que corre el agricultor y que finalmente contribuyen, al actuar en competencia, a amortiguar los desfases de precios. Un mercado de futuros no es otra cosa que un lugar compuesto por personas, gracias a la tecnología muchas más de las que imaginamos, que ofrecen un precio por el arroz aún no cosechado tratando de averiguar la demanda y la oferta futura con la información, siempre parcial, disponible en un momento determinado. Nadie parece saberlo pero los especuladores a veces pierden, no deben quejarse por ello, a veces sin embargo aciertan y cobran los beneficios. Algunos pueden pensar, ¡no es cierto, los alimentos subieron mucho el año pasado por culpa de los especuladores! Lamentablemente tengo una noticia triste para el pensamiento simple. Los especuladores preveían un aumento de la demanda y un aumento de los costes, fruto de un petroleo más caro aún, y se equivocaron. Pagaron por el arroz, el petroleo o el maiz futuro mucho más de lo que luego pudieron sacar por él en las sucesivas cadenas que los llevan hasta los mercados minoristas. El trabajo de los especuladores evita, de alguna manera y en la medida en que es posible hacerlo, las oscilaciones bruscas de los precios a los que sin ellos estaríamos constantemente sometidos.
Pero es que hay más maneras en la que los especuladores resultan beneficiosos. Imaginemos que un laboratorio farmacéutico se encuentra en fase de investigación de un costoso y benéfico medicamento. Nadie garantiza el éxito de sus investigaciones pero los especuladores invirtiendo en la empresa, arriesgando su dinero, contribuyen a su capitalización y a la obtención de recursos que luego sirven directamente a esa investigación. Sin su trabajo muchos descubrimientos farmacológicos no hubieran podido pagarse.
Se que algunos pensarán, "lo hacen por su bien egoísta, para ganar dinero" y así su posición queda automáticamente desacreditada. Sin embargo, no es una correcta manera de ver estos asuntos pues de igual manera es posible pensar que algunos grandes investigadores, a los que tanto se admira, basen sus esfuerzos en la búsqueda de gloria y reconocimiento, motivaciones puramente egoístas, pero eso no quita valor social a sus descubrimientos. No parece un criterio muy acertado juzgar la moralidad de una ser humano en función del trabajo que realiza pues, si bien es cierto que hay trabajos (generalmente delitos) que son inmorales, en muchas ocasiones es posible encontrar moralidad entre trabajadores de la bolsa e inmoralidad entre miembros de ONG's.
Vayamos ahora al mundo de la educación. En educación no existe la especulación, mejor dicho, no existe la especulación con consecuencias para el especulador. El control bajo el que los estados someten a la educación convierte la especulación en un juego entre aquellos que tienen el poder para imponer sus "especulaciones" sobre la correcta educación sin sufrir las consecuencias de sus luminosas ideas. Al no sufrir las consecuencias uno se despreocupa y puede proponer como pedagogía innovadora toda clase de estupideces. ¡Qué bien nos vendría un mercado de futuros de proyectos educativos! Un mercado donde la gente pudiera invertir dinero de verdad y obtener la rentabilidad o la pérdida merecida. Seguro que nos frenábamos a la hora de "especular".

1 comentario:

Jonsy Gaviota dijo...

Buen artículo.

Sin embargo me gustaría ver cómo se puede crear un mercado de futuros en un sistema educativo...

Desde luego en el actual no es posible: en un sistema educativo orientado a la uniformidad y a la no diferenciación, es virtualmente imposible (rectifico, es tristemende demasiado fácil) poder hacer una estimación coste-beneficio a medio-largo plazo con vistas a una inversión.

Habría que empezar por implementar la competitividad en la escuela, mediante -entre otras acciones- una adecuada política de premios -que no subvenciones- que primen el rendimiento escolar, tanto de los docentes como de los alumnos

¿Es posible preveer la aparición de "genios" en un colegio, de manera que se pueda invertir en él? ¿Es posible decir "este colegio tiene futuro, merece la pena seguirlo de cerca"?. Desde luego, hoy en día no.

Y además la competitividad en la escuela es un tema muy políticamente incorrecto en estos días de intervencionismo...