Inflación
El aumento del dinero, sin base real en ahorro, fomenta las malas inversiones y de la creación de burbujas. Vivimos en un momento lleno de ese tipo de burbujas, la del ladrillo es la más evidente pero no la única. En la universidad, al menos en las titulaciones de ciencias sociales y humanidades aunque seguro que también en las demás, también hemos vivido nuestro proceso de creación de burbujas, tanto en el número de titulaciones ofrecidas con respaldo oficial, es decir pagadas por el estado y no por la demanda, como en el de universidades, profesorado, y de asignaturas, muchas de las cuales son, literalmente, humo. Estas burbujas tienen efectos perversos en las partes sanas del conocimiento pues todo acaba desprestigiado. Como toda burbuja que se precie ésta no puede hincharse indefinidamente. Alguna vez estalla y sale a la luz el fraude fruto de las malas prácticas. En nuestro caso la caótica reforma de planes de estudio ha actuado como alfiler para que en algunas titulaciones salga a la luz el asunto inflacionario. Como pasa en la economía real nos vemos empujados básicamente a dos posibilidades una fácil y otra difícil. La fácil es pedirle al estado que siga pagándonos la fiesta a unos pocos con el dinero de muchos. La difícil es purgar el sistema eliminando lo superfluo, manteniendo lo nuclear y recuperando las bases que permiten construir un conocimiento realmente valioso. Este proceso, que será doloroso, sólo es posible mediante el trabajo bien hecho. ¿Podremos hacerlo?

