miércoles, marzo 04, 2009

Savater, el ciudadano con sexo, lenguaje y dos huevos duros.

Tengo en casa un cajón lleno de cables de lo más variado; cables usb, cables para recargar numerosos móviles, cables de cascos para escuchar música, cables de teléfono, cables, cables, cables. En fin, un auténtico cajón de sastre. Lo peor de los cables de ese cajón es que como están enredados no vale ninguno para nada. El día que tengo que utilizar uno de ellos, y si tengo paciencia y tiempo, me paso media mañana tratando de desenredar la madeja. Deshaciendo el camino que el azar ha ido construyendo hasta formar un auténtico enjambre negro perfectamente inútil.

De manera similar, me temo, a Savater, le ha salido un enjambre de artículo que enlaza tantos temas y tan diversos que resulta tan inútil como los cables de mi cajón. Aunque no tengo la mañana libre me parece necesario tratar de desenredar la madeja para ver si hay algo aprovechable. Por debajo de la confusión creo poder descubrir una linea que sigue el siguiente camino: en España hay unos partidarios de la educación separada que pretenden educar a sus hijos en instituciones diferentes de las que eligen para sus hijas. Se apoyan en los supuestos mejores resultados de este tipo de separación. Para el articulista semejante argumento es discutible pues ¿qué entendemos por mejores resultados? Está claro que nada que tenga que ver con la función social de la educación sino sólo aquellos resultados que mejor preparen para la función laboral "aunque sea a costa de las dimensiones cívicas" (sic). Para Savater "nadie puede dudar" de que para la convivencia hay que educar juntos a niños y niñas. Savater reconoce, eso sí, algunas razones para separar a unos alumnos de otros; las "cuestiones estrictamente académicas: necesidad de clases de refuerzo, agrupación por materias o lenguas optativas, etcétera". Según Savater, el argumento de los defensores de la educación diferenciada es el derecho de los padres para educar a sus hijos, algo que, también según Savater, nadie pone en duda. Para el filósofo lo que está en cuestión es que éstos posean el monopolio de la educación de sus hijos. El Estado (contrariando mi costumbre lo escribo con mayúscula pues para Savater es claro que representa su particular "ente" divino), a través de la escuela pública, tiene el derecho de enseñar que hay opiniones distintas con criterios "no menos respetables" que los de los padres. Después de esta argumentación entramos en el jardín de casos de malos padres que muestran lo necesaria que es nuestra santa escuela pública. Continúa con un alegato en favor de los buenos padres que son aquellos que no enseñan a sus hijos a pensar como ellos sino a pensar por si mismos, (ejem, sin pasarse, es decir, siempre que piensen, por ejemplo, que la educación diferenciada es un horror). Termina con un párrafo, realmente confuso y escrito ad hoc para atacar a los que, presuntamente, no votan UPyD, a saber: la iglesia, los nacionalistas y la izquierda clásica. La verdad es que tiene mérito repartir tanto mandoble en cinco escuetas lineas.

Empecemos. Aunque el tema de la educación separada ya ha salido en este blog el asunto se ha reavivado recientemente pues, como informó hace unos días el país, muchas comunidades, amparándose en una interpretación de la LOE refrendada por los tribunales, están negando los conciertos a colegios con educación diferenciada. La cuestión revela muchas cosas que están también presentes en el artículo de Savater y que conviene analizar despacio. Por no extenderme demasiado me ceñiré al análisis de tres de ellas. La primera está relacionada con la separación entre objetivos académicos y objetivos sociales. Sinceramente no me esperaba de Savater, y es una decepción real, una defensa de la coeducación basada en una crítica a los que, supuestamente, ponen por encima de los objetivos sociales y cívicos de la educación los resultados académicos. No me lo esperaba porque esa dicotomía es más falsa que el beso de Judas. El éxito académico y la formación laboral, que Don Fernando casi denigra para ensalzar a la otra, tiene unos evidentes efectos sociales y cívicos directos y además varios indirectos. Como no quiero alargar el escrito ad infinitum dejaré que la capacidad de razonar de cada uno de los lectores haga el resto y extraiga esos efectos. En segundo lugar porque, como revela el análisis de la propia experiencia personal de Fernando Savater, educado en colegios de élite y de educación separada, esta opción pedagógica no correlaciona directamente con el maltrato o el desprecio al otro sexo, ni siquiera con su desconocimiento, pues la sociedad es algo más que la escuela, afortunadamente. De igual manera que su educación elitista tampoco nos hace sospechar que Savater desprecie a los pobres o sea incapaz de sentir empatía y ponerse en su lugar. En educación lo evidente y lo que es dudoso es difícil de delimitar y las evidencias absolutas no son tantas. No creo posible que nadie pueda establecer un sistema único de organización escolar igualmente valioso para todos. Quizás a algunos les convengan escuelas separadas y a otros no, quizás convengan en algunos cursos, es más quizás a algunos les convengan escuelas y a otros otros sistemas.

En tercer y último lugar, más no por ello con menor importancia, está el asunto de la peculiar concepción de lo público que viene marcada por esa grandiosa frase de una diputada, de cuyo nombre no quiero acordarme, que recoge un sentir bastante generalizado entre los políticos y pensadores de por aquí: «Si hay familias que quieren ese modelo (la diferenciada), entonces, que lo paguen».

El argumento, perdón, quise decir la frase, manifiesta una curiosa manera de entender el dinero público que, desde luego y vistas las cosas, podríamos definir paradógicamente como aquel dinero que no es el del público. Señorías varias y de distintas administraciones deberían aprender un concepto básico: el ciudadano ya ha pagado.

Repasemos. El estado tiene dinero porque lo recauda a través de los impuestos, eso dicho en fino, dicho más claro: los ciudadanos generan un dinero y parte se lo quita el estado, por su bien, siempre por su bien. Con ese dinero nuestro magnánimo estado hace muchas cosas: rescata bancos, paga coches de lujo, hace algunas escuelas y paga a otras escuelas que son elegidas por padres que no quieren las del estado. ¿Por qué no las quieren? que se yo, algunos les parecerán sucias, malas, feas o indisciplinadas, pero lo importante es que el estado realiza ese pago con el dinero que previamente había confiscado al ciudadano. Algún espabilado dirá, para eso que no se lo quiten, con lo que se acabaría la discusión. Sin embargo, y aquí está el meollo de la cuestión, el estado se lo quita y, aunque presuntamente le deja elegir, de facto le tutela la elección entre posibilidades legales más de lo que sería razonable.

En nuestro estado la educación separada es legal, si tu tienes dinero es perfectamente legítimo que lleves a tu hijo a una escuela separada. Además, que yo sepa, ningún partido ha planteado en su programa electoral la necesidad de prohibirla, ni siquiera el partido de Fernando Savater. Si la educación separada es por tanto una opción legal y un centro cumple los requisitos presupuestarios solicitados a los conciertos lo que se está transmitiendo con esta decisión es que la educación diferenciada es una opción valida para los ricos pero no para los pobres que además de ser pobres deben estar tarados y necesitar unas ayudas en su elección que otros no requieren. Que curioso, al final va a resultar que Savater sí que desprecia a los pobres, ¿un fruto de su educación elitista y separada?

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