miércoles, mayo 13, 2009

Ocurrencias.

La mayor dificultad con la que se enfrenta cualquiera que quiera atacar un gasto público es la facilidad para ocultar los costes y mostrar sólo los presuntos beneficios. Viene esto a cuento a raíz de la medida educativa tomada por nuestro gobierno, el asunto de los ordenadores para quinto de primaria. ¿Cómo oponernos a tal medida?, ¿acaso no es bueno que nuestros pequeñuelos se familiaricen con las nuevas tecnologías? La verdad es que sí es bueno. Sin embargo, conozco a muchos padres con niños en esa edad y a casi ninguno se le ha ocurrido comprar un ordenador portátil a su hijo y muchos pueden hacerlo sin problemas. Creo que lo que primero que deberíamos hacer es preguntarnos si es que acaso esos padres son poco conscientes de lo importante para sus hijos o simplemente son más conscientes de la relación coste beneficio. Cuando muchos padres que pudiendo comprar un ordenador portátil para sus hijos de quinto de primaria no lo hacen, están trasladándonos una idea sobre lo que para ellos es más importante y menos en la educación a esa edad con relación a los recursos disponibles. Dicho de otra manera, están evaluando beneficios y poniéndolos en relación con los costes. Es posible que compren cuentos, libros o juguetes y es posible que tengan un ordenador familiar en su casa y lo consideren más que suficiente. Por cierto, cada vez hay más casas con ordenadores sin la intervención del gobierno.

En un artículo escrito a finales del año pasado, el economista Thomas Sowell escribe acerca de la hipotética existencia de un mundo sin costes. Evidentemente, un mundo así sería fantástico y pararse un rato a imaginarlo es divertido. ¿Quieres un iPod? Tienes un iPod, ¿quieres una casa en la playa? Tienes una casa en la playa. En el mundo real eso no es posible como sabemos casi todos, ¿o no? Pues no. Hay un grupo de personas, los políticos, que quieren hacer creer a la gente que un mundo así es, al menos, parcialmente posible. Te prometen 500 € para un coche o un ordenador gratuito en la escuela y los ineptos, educados en lo que pomposamente se denomina "valores de lo público", jamás pensarán en que eso supone un gasto adicional que deba pagarse de alguna manera costosa, es decir, que supondrá la reducción de un consumo que sí sería libremente elegido. Su vida, piensan, seguirá igual pero ahora con ordenador portatil para el niño.

Ciertamente, los políticos han aprendido mucho sobre sistemas para ocultar costes. Han aprendido que la subida de impuestos sobre la renta sí que es visible por parte de los ciudadanos y, por lo tanto, últimamente suelen alejarse de las subidas claras. También saben que se puede gravar el consumo mediante el IVA y los impuestos especiales pero tampoco les suele gustar demasiado porque eleva los precios de los artículos disminuyendo la capacidad de compra de los salarios y, finalmente, acaba siendo percibida también por los ciudadanos. Pero hay un último sistema, el mejor, la deuda pública. La ventaja de la deuda pública es que no afecta a nadie que tenga derecho a voto ya que es un impuesto que pagarán las generaciones futuras. Las generaciones futuras pagarán nuestras fiestas. En este caso, como los beneficiarios son los niños puede tener cierta lógica maléfica que sean ellos los que acaben pagando por la propaganda de sus papás.

Pero, con todo, lo peor no es eso sino la falsa idea que se acabará transmitiendo. Los ordenadores han sido muy importantes para el desarrollo económico de las sociedades. Si no llega a ser por los gobiernos la extensión y universalización del uso del ordenador no hubiera sido posible. Otra mentira más que contribuirá forjar una mentalidad pro estatal, como la propia escuela.

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