A las barricadas.
Al volver del trabajo me he cruzado con un padre que se dirigía a recoger a sus hijos a un colegio concertado de la Comunidad de Madrid. Soliviantado por los argumentos de los convocantes a la huelga en el sector público de la enseñanza no universitaria, decidí perseguir al sujeto en cuestión armado con un móvil de última generación y dispuesto a rodar uno de esos famosos documentos gráficos que suelen colgarse en youtube. Tenía por seguro que semejante padre, al pasar junto a un colegio público cercano al de su hijo, se liaba a pedradas contra los cristales del edificio estatal. Incomprensiblemente eso no sucedió y el padre pasó de largo indiferente y continuó hasta llegar al colegio de su pequeño. Como casualmente era un colegio regido por una orden religiosa continué con mi móvil desenfundado dispuesto a captar a la salida las típicas actitudes fanáticas o intolerantes de niños adoctrinados en tan cruel ideología, pero, lamentablemente, tampoco encontré la respuesta esperada. Aun después de estos sonoros fracasos no me rendí pues los atribuí a que el padre, incluso el colegio entero, sospechaba de mi presencia y de mis intenciones. Como cerca de allí había un parque al que los niños pequeños del colegio se dirigían a merendar, me propuse camuflarme entre los columpios para, acercándome el máximo posible, poder captar las conversaciones sostenidas entre los "clientes" del centro escolar y las que pudieran mantener con sus criaturas. Una hora después el resultado era penoso: banalidades sobre la merienda, algunos comentarios superficiales sobre la crisis, el fútbol o algún programa de televisión e, incluso, padres que se esforzaban por enseñar a sus hijos a compartir los rastrillos, las palas, los cubos y los coches de juguete. Algo estaba fallando. Según me trasmitieron los papeles que habían dado a mis hijos en el colegio público, había gentes que desde el gobierno estaban conspirando contra la superior enseñanza pública y actuando en favor de una privada ávida de dinero y de la manipulación ciudadana. Además, según "rezaban" los datos, muchos padres desde su maldad o ignorancia, o ambas cosas a la vez, persistían en elegir ese tipo de malvados centros de intereses inconfesables.
No contento con el nulo resultado de mi pequeña investigación etnográfica decidí perseguir a un grupo de padres que decidió abandonar el parque. Afortunadamente, o eso pensé entonces, algunos entraron en un supermercado para aprovechar el paseo y realizar algunas compras de vuelta a casa. Ahora sí que podría captarlo. Me aposté junto a las cajas y esperé mi momento. Sin embargo, y contra todo pronóstico, al menos contra todo mi pronóstico, esas insolidarias familias no pidieron al pagar que les descontasen el iva con el fin de engañar al estado. ¡Mierda!, el grito me salió inadvertidamente tan alto que hube de mirarme la suela del zapato para disimular. Si resulta que pagaban los impuestos sobre una compra sin duda que podrían llegar a realizar la declaración de la renta, y si hacían tales cosas podría llegar a la conclusión de que ellos también pagaban los colegios subvencionados por el estado y, entonces..., preferí detener mi loca cabeza y pensar que la clave estaba en los pensamientos de aquel grupo de padres aparentemente normales. Si conseguía filmar sus pensamientos entonces podría colgar en youtube un documento impactante y clarificador. Desafortunadamente mi móvil de última generación no podía hacer eso..., todavía. Quizás algún día el puto mercado lo consiga y entonces sí, entonces podré mostrar la mundo la superioridad moral de la enseñanza pública. Mientras tanto, y a falta de ese móvil que compraré en cuantito que salga, os regalo un ejemplo de educación pública limpia, objetiva y deliciosa.
Posdata. Documento que explica resumidamente porque debemos tener una educación alejada de los "poderes públicos". Obtenido a través del blog de Lady Godiva

