lunes, junio 07, 2010

Huelga de funcionarios el 8 de junio.

Comenzaré diciendo que soy funcionario. Para aclarar posiciones diré también que no haré huelga ni ahora, ni seguramente nunca, por asuntos económicos. ¿Por qué? Antes de contestar una pequeña e importante aclaración. El sueldo es el valor monetario de lo que hacemos y mide el reparto de recursos en el reino de la escasez (hay más posibilidades de gasto que recursos disponibles). Desde luego no es la única manera de valorar lo que hacemos y quizás no es la más importante. Por ejemplo, las cosas pueden tener también valor moral o valor estético pero su medida, aunque influye en la valoración monetaria, se hace con parámetros distintos. Volvemos a la pregunta inicial, ¿por qué no hacer huelga? En primer lugar, respuesta irónica -o no tanto- porque no quiero que, ni los que mandan ni los que indirectamente e inconscientemente pagan, se den cuenta de que si cierran la facultad, devuelven el dinero de las matrículas a los alumnos, o la parte proporcional a los días de huelga, y nos quitan la parte proporcional de nuestro sueldo en esos días de huelga pueden lograr un ahorro muy superior.
Ninguno de los que trabajamos para el estado tenemos manera humana de saber si nuestro sueldo es justo o no. Este hecho debería aparecer como irrefutable para muchos de los que trabajamos para el estado. Independientemente de que lo hagamos bien o mal, de que pongamos más o menos interés o pasión, no conocemos qué cantidad de dinero, o sea de esfuerzo, está dispuesta la gente a pagar por ese trabajo. Sin duda hay lugares en el espacio dominado por lo público, como los hospitales o las escuelas de primaria, por los que la gente estaría dispuesta a pagar y cuyo paro es, por lo tanto, más dañino. Pero en la medida en que estos servicios se prestan en posición de cuasimonopolio basado en la coacción impositiva ajena al mercado tampoco pueden saber cuál es su retribución justa, es decir, cuánto dinero estaría dispuesta la gente a pagar por lo que ofrecen. Como nota marginal que resulta reveladora deberíamos pensar en el hecho de que son precisamente gentes que están al margen de las retribuciones del libre mercado, profesores de enseñanza pública o concertada, quienes fundamentalmente introducen a nuestras siguientes generaciones en el mundo real.

Como ya he explicado otras veces, en el campo de la educación la situación es especialmente dramática y muy pocos pueden realmente saber cuánto vale su trabajo. Entre esos pocos está la protagonista de la historia que voy a contar. Es la historia de una educadora llamada Carmen aunque, sin duda, hay muchas más. Carmen pertenece a una fundación que imparte talleres de educación afectivo sexual para adolescentes. Su trabajo no es fijo ni está asegurado. Ella y la fundación para la que trabaja deben esforzarse y convencer a cada uno de los colegios que contratan los talleres, de que es un dinero que merece la pena y está bien gastado. Su trabajo incluye interesantes reuniones con los padres con el fin de persuadirles e informarles sobre la importancia de lo que hace. Ella sabe que el dinero que recibe es un dinero libremente otorgado por los padres e instituciones que valoran más aquello que enseña y que trata de transmitir a sus hijos que el dinero que les cuesta el taller. Todos acaban contentos al finalizar la transacción y si no acaban contentos al curso siguiente no habrá trabajo, la reducción del sueldo será del 100%. Desde luego Carmen puede pensar que su trabajo merece más dinero y puede tratar de subir el precio de los talleres, pero quizás con un nuevo precio muchos coles y/o padres no considerarían el taller lo suficientemente importante o sus recursos sean tan escasos que se necesiten para otras prioridades. Podría dedicar más tiempo a persuadir sobre los valores de su taller pero desde luego es imposible que, desde una instancia ajena a ese juego, alguien fije un precio justo para el trabajo de Carmen. Sólo los que participan en los beneficios y costes del taller, personas e instituciones con numerosos intereses y un dinero limitado, pueden fijar el precio justo de su trabajo. Si algún día ningún padre o ningún cole considerase interesante lo que hace Carmen lo tendría difícil pues no podría echar la culpa a los especuladores del mercado o qué se yo, pues ella sabe que el mercado es la gente concreta a la que sirve y que puede dejar de tener interés en lo que hace y/o en cómo lo hace y/o en el precio por el que lo hace. Sólo podrá combatir con esas mismas armas y en ese mismo terreno; demostrando la importancia de lo que hace a aquellos que pagan, y/o mejorando el modo en que lo hace y/o bajando su precio. Cuando llega a casa Carmen está agotada, es posible que algunos funcionarios de la educación también, pero la diferencia, y es una diferencia más importante de lo que parece, es que ella sí sabe cuánto vale su trabajo, tiene una conciencia más real de cómo es valorado socialmente y sabe, más allá de teorías sobre la economía y la crisis, cómo evaluar sus intentos de mejora. Vistas así las cosas cuando veo a gente como Carmen me doy cuenta de que la huelga de funcionarios es un lujo de ricos a costa de gente a la que no se pide opinión ni permiso para pagar lo que paga por los servicios públicos.

1 comentario:

Almudena Barta dijo...

No sé qué opinar... llevo un tiempo dándole vueltas y solo he llegado a una conclusión: La huelga de hoy no tiene sentido, no porque me parezca egoísta, sino porque me parece que no va a servir de nada.
Efectivamente, creo que estando en una situación económica como en la que se encuentra España, los funcionarios son en su mayoría los más afortunados, pues tienen el trabajo asegurado, pero ¿a qué precio? es decir, un bombero, gana bastante dinero, pero es que todos los días arriesga su vida, a lo mejor él no sabe cuánto dinero se merece ganar, pero ¿y si todos decidieran ponerse en huelga, no crees que entonces seríamos conscientes de su importancia y pagaríamos con tal de que siguiesen arriesgando su vida por los demás? Lo mismo que los profesores, los cuales me parece que tienen un sueldo más bien justito para los precios que tenemos en España, y además son menos valorados.
A lo mejor tengo una actitud egoista y no pienso que en estos momentos tenemos que ajustarnos todos el cinturón, pero no es lo mismo rebajar un 5% a una persona que gana al mes 6000€ que a una persona que gana 1000€, el 1ºsigue siendo mileurista mientras que el 2º deja de serlo.
Aunque también pienso que la gente que desea ir a esa huelga ya no es solo para quejarse de este recorte, sino que arrastran más cosas donde esto último ha sido el detonante.