lunes, septiembre 27, 2010

El profesorado universitario

Lo reconozco, he tenido el blog bastante abandonado. La razón es doble. Por una parte encuentro últimamente pocas cosas que me estimulen lo suficiente como para tratar de decir algo medianamente interesante y por otra tengo en la cabeza algunas ideas sobre las que estoy trabajando y que me están comiendo mucho tiempo. Comienzo a escribir esta entrada, la primera del curso 2010/2011, desde las sextas jornadas del Campus Virtual de la Universidad Complutense.
Las jornadas comienzan con una conferencia en la que Juan José Moreno Navarro, que es Director General de Política Universitaria, nos trata de convencer de las bondades del sistema universitario español. La verdad es que no lo sabía pero al parecer vivo en el mejor de los mundos posibles. El famoso EEES, para los no iniciados, Espacio Europeo de Educación Superior, ha resultado ser la panacea que va a ser copiada incluso por los propios americanos, que "no saben lo que es un titulado universitario" (sic). Nos cuenta que le han llamado para una charla y está contentísimo. Lamentablemente, el flamante director se olvida de comentar algunos datos, como por ejemplo, que algunas universidades, como la Complutense en la que trabajo, están endeudadas hasta las cejas. Además, y eso tampoco lo dice, ni siquiera esa deuda, o las que tienen otras universidades españolas, ha servido para que coloquemos una sola universidad española entre las 200, sí 200, mejores universidades del mundo. La realidad es que el famoso EEES no es mas que un enjambre burocrático que está desquiciando algunas cabezas, y tengo ejemplos concretos.
La discusión posterior a tan excelsa conferencia comienza como casi siempre por un, "que hay de lo nuestro" por parte del profesorado. Resulta que los profes implicados en los Campus Virtuales estamos trabajando muchísimo y no se nos está reconociendo. Ya lo he contado otras veces pero la discusión es una muestra más de que el reconocimiento de nuestro trabajo nunca depende de los que lo padecen, el alumnado, y siempre es algo que debemos conquistar a los políticos que son los que nos pagan. La consecuencia principal es clara debemos patalear ante los políticos, dorarles la píldora, bailar a su son y el resultado de ese bailoteo marcara nuestra promoción de manera independiente a la valoración que nuestros clientes, los estudiantes, tengan de nuestro desempeño profesional como docentes.
La discusión continua acerca de la selección de docentes y el poco peso que tiene la docencia en los sistemas de acreditación. Efectivamente, para quien no lo sepa explicaré que para ser profesor de la universidad e ir consiguiendo mayores cotas de estabilidad los candidatos deben someterse a un proceso de acreditación. En ese proceso el candidato somete su trabajo a evaluación. Básicamente se evalúa su capacidad docente y su capacidad investigadora. El peso de ambas partes de la evaluación es parcialmente diferente según se opte a la acreditación en una plaza como profesor titular, asociado, ayudante doctor, profesor de universidad privada, etc. ¿Por qué algunos candidatos dicen que no se valora la docencia? Porque, es cierto, que conseguir la máxima puntuación docente sólo depende de la cantidad de tiempo que llevas enseñado. No se valora en absoluto la calidad de la enseñanza. Tantos cursos impartidos tantos puntos. Sin embargo, la evaluación de la investigación si que está ponderada según el lugar en el que publiques o los proyectos e los que trabajes, de tal manera que no cualquier artículo vale lo mismo pues estos artículos han sido sometidos a una evaluación previa para ser publicados en las diferentes revistas que a su vez tienen diferentes índices de impacto. La evaluación de la investigación es selectiva mientras que la evaluación de la docencia podríamos decir que se establece al peso.
¿Se podría hacer de otra manera? ¿Podríamos establecer un sistema de evaluación de la docencia parecido o al menos con criterios de calidad que nos permitiesen valorar mejor a los buenos profesores y evitar que los malos llegasen fácilmente? Creo que merecería la pensa intentarlo aunque no cabe duda que nos enfrentaríamos a muchas resistencias por parte de..., no, no de la administración sino sobre todo de los propios docentes.
Algunos colegas pretenden que la valoración de la docencia se haga en función de las o cosas que hagamos o/y del tiempo que esas cosas nos ocupen. Si hacemos unos cursos, puntos, si hacemos una paginita, puntos, si participamos en equipos multidisciplinares más puntos. Todo de este estilo. Lamentablemente, aunque todas estas acciones pueden tener cierta relación con la buena práctica docente ninguna de ellas evalúa en realidad la calidad de la docencia. Todo responde a un viejo error que no solemos cometer en la vida real y es confundir esfuerzo con valor. En la vida normal sabemos que las cosas no se valoran en función de la cantidad de trabajo que conlleva su realización. Si así fuese uno se pondría a cavar zanjas hasta el agotamiento con la convicción de que un trabajo tan esforzado le haría multimillonario. Para hacerte multimillonario, sin entrar en la política, tienes que conseguir que mucha gente acepte y valore lo que le ofreces. Así, si queremos evaluar realmente la docencia no vamos a tener más remedio que preguntar a los que la "sufren". Mi propuesta es que no se valore la docencia impartida a un grupo que no apruebe el trabajo del profesor. Se que parece un mecanismo casi evidente pero curiosamente resulta algo impensable en nuestro ámbito. Los argumentos posibles contra una propuesta de este tipo podríamos reducirlos a uno. Según algunos colegas, los alumnos no suelen valorar a los profesores que les exigen. En el fondo, alumnos y profesores son enemigos irreconciliables debido a la función evaluadora de los segundos. Eso además de no ser una verdad absoluta puede inducir a algunos a pensar que los alumnos valoran a los profesores que no les exigen lo que es, eso sí, mucho más dudoso. Invito a los que puedan leer esta página a que piensen en el mejor profesor o en los mejores profesores que han tenido y verán como no estaba entre sus rasgos más destacados una escasa exigencia.
Además, podríamos establecer algunos parámetros que evitasen ese posible sesgo como, por ejemplo, el de evaluar a los profesores antes de que estos evalúen a los alumnos. También podríamos evaluar la docencia observando el rendimiento de los estudiantes. Si un profesor suspende mucho es que no enseña bien. Algunos profesores volverían a decir que es por que exigen más que otros lo que podría solucionarse separando la evaluación de la docencia. En muchas universidades esto se hace pues los exámenes son comunes a todo el departamento y no nacen de la libre voluntad de cada uno de los profesores. No es esta la entrada para discutir porque no se hace así en todos los casos o por qué esta práctica es más común en carreras técnicas que humanísticas pero la generalización de esta práctica solucionaría estas excusas.
En definitiva se trata de abandonar las viejas formulas de llorar a la administración y volver a una práctica que resulta bastante evidente y que consiste en que aquel que recibe un servicio pueda valorarlo y su valoración tenga efectos reales en la selección del personal que provee ese servicio.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Échábamos de menos las entradas. Ha merecido la pena, gracias. Propongo, junto al criterio de David Reyero, no dar por buena ninguna evaluación en la que no hayan asistido, como oyentes activos y críticos, otros compañeros del mismo área y de otras. Que las aulas estén abiertas a que asistan otros profesores a observar la docencia y juzguen.

Fernando

César dijo...

Yo quisiera matizar la respuesta de Fernando.

Creo que sí se podría evaluar (quizás no perfectamente) a un docente sin la asistencia y comparecencia de sus colegas.

No obstante, apoyo a ultranza la segunda idea. Mi pequeño y sombrío reino por ver a un docente dentro del aula de otro docente con vistas a mejorar, así a secas.

un saludo

Laura dijo...

Muy interesante la entrada.

[Estaría muy bien que evaluaran a algunos profesores del departamento de matemáticas de una facultad y universidad que yo me sé.]

En un mundo utópico y chachifeliz los profesores se esforzarían por realmente ser competentes y buenos maestros. Dejarían a un lado, aunque sea un poquito, todos esos cursos, paginitas,etc cuyo único objetivo queda lejos de la buena praxis educativa. Y les daría lo mismo, o incluso les gustaría, ser evaluados por otros para poder mejorar en su trabajo.

Sin embargo: ni los profesores serán evaluados adecuadamente, ni los alumnos podrán evaluar el servicio por el que están pagando y dedicando tiempo y sacrificio. Los docentes seguirán creyendo que los alumnos no prefieren que sean exigentes, seguirán pensando que si la mayoría de la clase suspende es porque sus alumnos son así de "tontos e inútiles" y muchos de estos seguirán temiendo a ser vistos por otros profesores (no porque tengan miedo a que la gente se de cuenta de que son unos incompetentes, sino porque ellos lo valen y nadie puede tener el poder de evaluar a personas con tal sabiduría, prepotencia y estupidez acumulada)...

Por lo que he visto hasta el momento, esto no cambiará. Eso es lo que creo. Ojalá me equivoque.

Rafael Javier Rodríguez Sánchez dijo...

Perdón por el off-topic.Pero, David, como dices al principio del artículo que no encuentras algo que te motive para escribir, te recuerdo un tema pendiente....Aquello de cómo educar en el juicio crítico.Un saludo

Raúl dijo...

Bueno , como alumno perenne de la Facultad de Educacion desde hace ya mas de 9 años he visto la evolucion , y ciertamente no estoy muy entusiasmado con su orientación .Ahora que el espacio europeo corre en mi contra y me mete prisa para que terminar mi Pedagogia Plan del 2000 , cada vez lo veo menso claro .
Esto de Bologna se ha metido con calzador , grupos muy numerosos , falta de adecuacion de materiales y de conciencias , no se tiene en cuenta esa parte de los universitarios que trabajamos y estudiamos .No me da mucha alegria ver como vamos andando hacia adelante, si ellos creen que vamos hacia adelante .
Un saludo.