martes, noviembre 02, 2010

Evaluación y datos

Durante el tiempo en el que estuvo en vigor la anterior ley universitaria la LRU se hizo famosa la frase que decía irónicamente que para ser profesor titular de universidad sólo hacía falta saber un tema, y para catedrático ninguno. La razón de la frase estaba en el sistema de oposición previsto para cada uno de esos cuerpos funcionariales. La frase, además de revelar algunas de las "peculiaridades" de nuestro sistema de contratación que se mantienen con el paso del tiempo y las leyes, nos permite pensar en la evaluación y en el peso que el dominio de contenidos, que inicialmente deben ser aprendidos de memoria, tienen en la misma.
Cuanto más complejo se hace nuestro mundo, cuanto mas lo dominamos y cuanto mayor es nuestro conocimiento técnico mas peso van perdiendo, al menos en la evaluación educativa, el dominio de contenidos concretos. Por ejemplo, ¿sigue teniendo sentido que los estudiantes, llegado más o menos tercero de la ESO, se aprendan de memoria la tabla periódica de los elementos cuando la pueden tener a un click de distancia en su propio móvil? En la discusión sobre estos temas conviene no dejarse llevar impulsivamente por lo aparente y dedicar un poco de tiempo y pausa.
Cuenta Platón en el diálogo Fedro, al hilo de estas cuestiones, una interesante historia, pero mejor que contarla yo dejaré hablar al propio Socrates por boca de Platón: "Había por Náucratis, en Egipto, uno de los antiguos dioses del lugar al que, por cierto, está consagrado el pájaro que llaman Ibis. El nombre de aquella divinidad era el de Theuth. Fue éste quien, primero, descubrió el número y el cálculo, y, también, la geometría y la astronomía, y, además, el juego de damas y el de dados, y, sobre todo, las letras. Por aquel entonces, era rey de todo Egipto Thamus, que vivía en la gran ciudad de la parte alta del país, que los griegos llaman la Tebas egipcia, así como a Thamus llaman Ammón. A él vino Theuth, y le mostraba sus artes, diciéndole que debían ser entregadas al resto de los egipcios. Pero él le preguntó cuál era la utilidad que cada una tenía, y, conforme se las iba minuciosamente exponiendo, lo aprobaba o desaprobaba, según le pareciese bien o mal lo que decía. Muchas, según se cuenta, son las observaciones que, a favor o en contra de cada arte, hizo Thamus a Theuth, y tendríamos que disponer de muchas palabras para tratarlas todas. Pero, cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth: «Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría.» Pero él le dijo: «¡Oh artificiosísimos Theuth! A unos les es dado crear arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta para los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.» "
Ciertamente muchos sabios "aparentes", de pensamiento rápido pero superficial, podrían objetar que Platón no podría ni imaginarse lo que es Internet y lo que su generalización significa en cuanto a la velocidad de acceso a los datos más importantes y relevantes. Sin embargo, una lectura atenta convencerá al buen lector de que semejante respuesta no roza siquiera el genial argumento del famoso ateniense.
El problema del saber no reside en la velocidad de acceso a los datos sino en la capacidad de utilizarlos en el momento y del modo conveniente y eso sólo sucede si forman parte de uno, si están, en palabras de Platón, aprendidos, si forman parte de los automatismos del pensamiento. Si analizamos el buen uso que los genios hacen de la información en cualquier campo descubriremos que todos dominan los automatismos de ese campo y tienen incorporadas las variables y los datos más relevantes de su área, y suelen ser muchos, por cierto. Estás personas los dominan de manera tan natural y agil como la respiración, los han aprendido. Su creatividad y su capacidad de pensamiento complejo está apoyada en multitud de sutiles informaciones totalmente interiorizadas. Esos datos son tantos y sus conexiones tan inconscientes que pueden provocar la falsa ilusión, incluso entre quienes los poseen, de que no saben gran cosa.
Esa naturalidad e inconsciencia, junto con una nefasta y equivocada propaganda en torno a las competencias que no tiene encuenta lo que realmente son y cómo se consiguen, puede, y conozco casos, provocar que algunas de esas personas cuando se convierten en profesores pretendan enseñar lo que no se puede enseñar sin pasar por la adquisición laboriosa de esos automatismos basados en infinidad de datos concretos.
Existe además, otro importante pensador que complica un poco toda esta historia, su nombre, Enmanuel Kant. Kant comenta en unos escritos sobre pedagogía lo siguiente: "El joven que ha cumplido la instrucción escolar estaba acostumbrado a aprender, entonces piensa que va a aprender filosofía, lo que es imposible, pues ha de aprender a filosofar". Como sucede con cierta frecuencia la frase se convierte en eslogan "no debemos enseñar filosofía sino a filosofar" y se degrada, "no debemos enseñar pensamientos sino a pensar" y más "los datos no son importantes para el desarrollo de la inteligencia".
Sin embargo, nada hay en la frase inicial de Kant que pueda leerse directamente como un rechazo del aprendizaje de datos. Mucho menos si continuamos con la lectura de su texto. Lo que Kant dice, siguiendo una tradición que no es nueva y que se puede leer entroncada con el propio relato de Platón antes citado, es que el pensamiento no se puede reducir a un texto plano que tenga todas las respuestas. Eso es cierto, como también es cierto que Kant conocía y sabía interpretar la historia de la filosofía. Por supuesto que los datos no son el pensamiento pero también es cierto que no se puede pensar sin datos. Evaluar los conocimientos no es suficiente pero desde luego sigue siendo necesario.

1 comentario:

Almudena Barta dijo...

Me ha gustado leer esta entrada, ya que justo es algo que debatía el otro día en una clase de la facultad de filosofía, y digamos que el profesor nos decía que lo importante no está en conocerse los nombres de los ríos sino en saber qué es un río... sin embargo, creo también que es importante el hecho de memorizar datos, pues si tuviéramos que esperar a que el médico en una operación encontrara en Internet dónde se encontraba el corazón, más de uno habría muerto.
Creo que efectivamente la meta no consiste en tener un gran número de datos registrados en la cabeza, como el saber aplicar esos datos en el momento oportuno, pero eso no quita que más de una vez tengamos que memorizar datos.