martes, abril 05, 2011

Divagaciones sobre educación y autoría.

Leo en el blog del rincón bibliotecario un post titulado: ¡Ojo! Cortar es plagiar que a su vez está tomado el periódico Granada Hoy. Parece que la Universidad de Granada prepara una campaña en sus bibliotecas destinada a concienciar a sus alumnos de que no se pueden cortar y pegar textos sin citar las fuentes. Para cualquier persona nacida antes de 1990 el aviso resultara sorprendente, ¿acaso puede entenderse por plagiar otra cosa que no sea cortar y pegar sin citar? Sin embargo, no es extraño encontrar entre los trabajos que preparan los alumnos universitarios varios textos sacados de Internet con la rigurosa técnica del corta pega y sin citar las fuentes. Lo sorprendente es que muchas veces esa actividad está realizada sin una consciente mala fe. Siempre lo han hecho así y nunca les han dicho nada. Más allá de la mala praxis evidente en semejante actividad "investigadora", creo que sería interesante realizar algunas reflexiones paralelas al caso.

Primero. Internet no es una herramienta neutral sino que tiene efectos directos en la estructura y la forma de pensar y entender la realidad y a nosotros mismos. Las descargas, la lectura a saltos, la multiplicidad de fuentes, de contactos, de conexiones, fomentan en el individuo la conciencia de que hay tantas procedencias, que, paradójicamente, ya no es fácil distinguir a los autores. Todo está a disposición de todos, todo puede ser utilizado para el beneficio de cualquiera. Muchas veces, leemos páginas y páginas, texto, tweets, blogs, citas,... que vienen rebotadas de otras citas, de otros tweets, de otros textos, de tal manera que acaban pareciendo salidas de un colectivo. El rostro del autor se difumina. Algo de esto puede estar pasando cuando los estudiantes no citan. Pueden llegar a pensar que simplemente leer de distintas fuentes, rebotar lo que otros dicen, combinarlo con lo que otros piensan, crearse un personal flujo de información, es lo que confiere a su trabajo valor añadido y es eso lo relevante mientras que resulta demasiado accesorio fijarse de donde proviene la información. Una suerte de peculiar manera de hacer nuestro el mensaje de otros que se caracteriza por la especial combinación en la que ese mensaje va envuelto junto a otros. El valor creativo de un trabajo proviene precisamente de la habilidad para el corta pega, porque realmente es eso lo que da valor a la página personal en facebook o al twitter. Esta práctica del plagio inconsciente no sería sino una muestra más del narcisismo superficial contemporaneo.

Segundo. La propia comunicación en la red, la propia manera de transmitir las ideas, la misma estructura de las herramientas que utilizamos nos disuade de citar conscientemente pues ya lo hace el programa automáticamente. Copiamos un enlace, colgamos un video, escribimos un hípervínculo, y dejamos electrónicamente marcado el camino hacia la fuente.

La educación en este ámbito es más necesaria de lo que parece, en primer lugar porque es una lucha contra la trampa, pero además, también es una lucha contra el narcisismo. Citar es una cura de humildad y un reconocimiento de que otros han pensado antes que tú y muy posiblemente mejor que tú. También es una cura frente al colectivismo y un reconocimiento de la importancia de los individuos que finalmente tienen ideas propias que deben ser reconocidas.

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