viernes, junio 03, 2011

¿Para qué los profesores?


No, no voy a hablar del clásico de la pedagogía de Georges Gusdorf, al menos no lo voy a hacer directamente. Voy a hablar de otros dos libros. Libros que por diversas circunstancias he leído simultaneamente estos días y que permiten reflexionar sobre el papel del profesor. El primero de los libros titulado “el maestro ignorante” se lo debemos a Jaques Ranciere. Es un libro que, aunque nace de la exposición de un caso pedagógico, el método de Jacotot, no es sólo un libro de pedagogía sino también un potencial libro de filosofía o de política o, incluso, de psicología. Lo más impactante del libro es su, en principio, extraña teoría de que no es necesario saber para enseñar. Así leído, parecería que el viejo principio escolástico de que “nadie da lo que no tiene” es arrojado inmisericordemente a la basura, ¿absurdo? No tanto, la tesis de Ranciere apunta contra los que él mismo llama “maestros explicadores”, los que siempre tienen la respuesta y la ofrecen a tiempo y a destiempo, los que crecen aparentando estar por encima de aquel a quien enseñan, los que, en definitiva, atontan al educando impidiendo su emancipación porque se empeñan en negarles el trabajo y el esfuerzo y la independencia que requiere toda tarea de aprendizaje y para la que todos están preparados. No existe emanciapción posible sin un trabajo sobre la propia voluntad. No existe aprendizaje sin el riesgo de la aventura y la investigación sobre el objeto que aprendemos. ¿El profesor? Un vigilante, que si acaso evita que los aprendices se alejen del texto.

Coincidiendo parcialmente en el tiempo cayó en mis manos otro libro, este si eminentemente pedagógico, escrito por el famoso profesor de inglés Richard Vaughan. El título, “Si quieres puedes”. No puede parar de leerlo y en dos días había devorado sus 254 páginas. Un estilo muy directo ,unas críticas certeras a la actitud de los aprendices de inglés (la humanidad en general) y a la mayoría de los profesores y, sobre todo, la capacidad de proyectar delante de mis ojos mi propia historia, que es la historia de muchos, con el idioma de Shakespeare, capturaron mi atención.

El libro no es un método para aprender inglés sino más bien el testamento pedagógico de quien ha dedicado parte de su vida a la enseñanza. Sin embargo, el libro ofrece también muchas técnicas y trucos eminentemente prácticos, que, no tengo tiempo ni ganas de explicar y analizarlos. Me quiero detener en una frase que aparece en el libro de  Vaughan, “el profesor lo es todo” y que se cruzó, recuerdese, con la lectura paralela de Ranciere. ¿Otra vez la contradicción entre los teóricos y los pragmáticos? ¿Ya andan quizás los filósofos con sus filosofadas absurdas, lejanas a la realidad docente? ¿Acaso no nos dicen los estudios empíricos que una de las variables que más influyen en el rendimiento académico es la calidad del profesor? Creo que sólo es una lectura superficial y rápida de ambos libros la que nos permite presentarlos como antagónicos. La realidad es que ambos comparten una misma visión. Todo aprendizaje depende del aprendiz. Un buen profesor lo es todo para despertar interés, para alimentarlo en la dura tarea del estudio pero,  parafraseando una famosa campaña de tráfico, “no pueden aprender por ti”. Pero, aún hay más. Eso de la motivación es más complicado de lo que parece. En contra de lo que muchos piensan, motivar para el estudio no es lo mismo que hacer una clase divertida. Podemos hacer una clase divertida pero no mover a la estudiante a estudiar más allá de la clase tal y aún menos más allá del curso, podemos incluso valorar como buen profesor a alguien que no lo es, tal y como parece sugerirse aquí ¿Cuál es entonces la clave? Tal vez después de todo el profesor tenga que ser más humilde y reconocer que no está en su magnífica persona la clave sino en el trabajo que organiza, impulsa y "obliga" quizás a realizar. ¿Puede que sólo el propio trabajo sobre la materia acabe siendo la clave de la motivación? Quizás, después de todo, termine por ser cierto el viejo refrán “quién no vive como piensa acaba pensando como vive”. En efecto, parece que el pensamiento sigue a la acción y no al revés, quizás por eso métodos como éste terminan siendo efectivos aun cuando la labor del profesor o los padres "sólo" sea la de centrar al estudiante en la tarea  ¿Quieres realmente aprender inglés? Hay métodos, muy buenos, pedagogías excelentes, pero todas te van a costar 3000 horas de esfuerzo.

No hay comentarios: