miércoles, septiembre 07, 2011

Otoño caliente

Hari Seldon llevaba tiempo esperando este momento. Sus cálculos así se lo decían y la situación social parecía propicia. El dinero escaseaba pero el crecimiento de las necesidades permanecía constante. Más y no menos era la máxima de todo trabajador, más aún si éste era funcionario o aspiraba a serlo. Por otro lado la visible escasez y los recortes presupuestarios amenazaba con degenerar en incontables episodios de violencia en las calles.
En aquellos días esos recortes habían llegado a la educación y los profesores no estaban dispuestos a soportarlos sin rechistar. Habían comenzado un plan de movilizaciones apoyados en su facilidad para paralizar el país y en sus éxitos de lugares y épocas pasadas.
Mientras ellos y la administración se pegaban por sus cosas, Hari Seldon sabía que esas movilizaciones eran la oportunidad, el disparo de salida. Una sociedad hiperconectada y unos adolescentes acostumbrados a pasar horas ante el ordenador ofrecía posibilidades que hasta hace unos pocos años habían resultado ser un sueño de ciencia ficción. Las antiguas fantasías de Iván Illich, Everet Reimer o Alvin Toffler estaban ya maduras para hacerse realidad.
Sus, aún escuetas, teorías en psicohistoria podrían, por fin, ponerse a prueba. Aunque había mucha gente que había realizado sesudos ensayos sobre la sociedad en red todavía eran pocos los que se arrriesgaban a extraer consecuencias y arriesgar en ellas.
Todos, incluidos muchos docentes ávidos consumidores de descargas gratuítas, habían advertido sobre la imposibilidad de vivir de la música o los libros sin tener en cuenta que los costes de distribución de los materiales culturales habían llegado a ser ridículos.
Ilusos, pensaban que ellos podrían seguir indefinidamente al margen del mismo fenómeno. Pretendían seguir viviendo de la misma manera. Como si su trabajo en la distribución de conocimientos y los costes que soportaba no hubiese también y por las mismas causas, disminuido de precio. Sí, Seldon estaba seguro de que su trabajo se había vuelto más prescindible. En la puerta de su despacho, más bien guarida, un discreto cartel "Bienvenidos al nuevo curso" (Continuará)....

2 comentarios:

AVATAR dijo...

Es Hari, David, Hari Seldon.

Espero la segunda parte...

Un abrazo.

David dijo...

Gracias, se ve que mi memoria familiarizó el nombre.