lunes, abril 22, 2013

Oposiciones a maestro. Examen y experiencia profesional

En España los profesores de la escuela pública son funcionarios. El acceso al funcionariado está regulado por pruebas más o menos objetivas a las que todos se presentan en igualdad de condiciones.

Sin embargo, a la hora de conseguir un puesto laboral como profesor en la escuela pública no sólo cuenta la nota del examen, también se tienen en cuenta la experiencia profesional y la formación continua. El peso de cada uno de esos apartados era el siguiente: examen 36,1%, experiencia profesional, 46,8% y otros méritos: formación continua, otras titulaciones, doctorados, etc., 16,1%. Además, uno podía continuar en la lista sin necesidad de aprobar el examen de oposición. Presentarse era suficiente.

Frente a este baremo los actuales dirigentes de la Comunidad de Madrid quieren aumentar el peso del examen y obligar a que su superación sea requisito imprescindible para estar en la lista. De esta manera el examen pasa a contar un 80%, la experiencia profesional un 15% y el 5% restante otros méritos destacando la posesión de acreditaciones en idiomas.

¿Es justo? Hay argumentos para todos los gustos, algunos basados en juicios de intenciones de la Comunidad que requieren de la "fe" en la "mala fe", asunto siempre complicado. En cualquier caso los interinos que lleven mucho tiempo y que se mantengan en las listas gracias a la antigüedad dirán que no, que es realmente injusto que la experiencia profesional se valore en tan poco. Algunos de estos profesores sacaron en su día la oposición con buena nota y fueron perjudicados por el sistema que ahora defienden. Quizás también muchos de los que aprobaron abandonaron las listas pues no se podían permitir el "lujo" de renunciar a una estabilidad que una lista de interinos no ofrece. Por otra parte, los estudiantes que terminen sus carreras y vean posibilidades reales de conseguir un puesto a la primera estarán contentos.

Ciertamente, antes era muy posible que alguien recién salido y con un 10 en el examen se quedase sin plaza adelantado por otro que, por el hecho de llevar más tiempo en el sistema, tenía una cantidad de puntos que resultaban inalcanzables para el "recién llegado". Por otra parte, también es cierto que el éxito en un examen no nos garantiza de manera cierta la competencia docente. Una cosa es aprobar exámenes y otra ser un buen docente. Hay cosas que se aprenden y dominan gracias a la experiencia y a un tacto pedagógico que no es fácil demostrar con un examen.

Sin embargo, hay para mi un argumento que resulta inapelable y que inclina la balanza a favor de la propuesta sobre el aumento del valor del examen en la selección. Dicho argumento se basa en la actualmente inexistente evaluación de la experiencia. En efecto, la actual valoración de la experiencia es absolutamente absurda. Un buen docente tiene los mismos puntos que un mal docente con los mismos años de experiencia. Esto supone creerse que no se puede pasar por la docencia sin aprender y mejorar en absoluto y que ese plus que se adquiere con la experiencia cualquiera lo adquirirá sin problemas. Ninguno de esos postulados del sistema actual es cierto pero su aplicación de facto nos empuja a creerlo así.
Si los sindicatos y los propios interinos hubiesen defendido un auténtico sistema de evaluación de la experiencia quizás ahora tendrían algún argumento de peso con el que enfrentar las decisiones de la Comunidad.

2 comentarios:

César. dijo...

Has vuelto!!!

En Yankeelandia los colegios públicos incluyen la presentación de una lección frente a audiencia real (alumnos) entre los criterios de selección.

Un acierto desde mi punto vista.

Pero claro, es que aquí los maestros de la pública no son funcionarios.

Es lo que tiene... :)

Fernando dijo...

Bien por la vuelta. Echábamos de menos este blog¡¡¡.
César, en España hace tiempo era así. Mi madre opositó a "párvulos" con un examen delante de niños. Le tocó por bola el tema de Asturias.
Vayamos a las ideas.En realidad, no hay confusión alguna: puntúan la experiencia, no la calidad de la misma, medida, por ejemplo, en logros de aprendizaje de los alumnos. Puntuar la experiencia es como puntuar poner el nombre en un examen, como puntuar la asistencia a clase, etc. Lo que se valora es la socialización o gremialismo profesional, el saber estar porque ya se ha estado, el saber hacerse con la situación, etc. La tendencia a puntuar todo esto, al igual que la de firmar un examen, calentar una silla, o mover osciladamente la cabeza según lo haga la del docente, es parte de la expresión social de bajar la exigencia de los resultados de una acción y de la pérdida del sentido de lo que significan las acciones en cada caso y contexto. Poner el nombre en un examen no es hacer el examen; sentarse en una silla de un aula no es participar; ejercer de oscilador armónico no es atender activamente. Y, por lo mismo: hacerse con el espacio de un aula y sus ritmos no significa, aunque sea necesario, generar aprendizaje. Por cierto, en la universidad, tampoco.Como se sabe, en algunos departamentos se puntúa con holgura la contratación de profesores asociados basándose en su experiencia docente universitaria previa, garantizándose así, como sucede, que cada año sean capaces de dar diferentes materias -eligen los últimos- sin mucho revuelo...porque saben apañárselas.