miércoles, mayo 15, 2013

Tratando de aclarar(me): sobre las huelgas estudiantiles en la universidad.


Siempre había pensado que el sentido original de las huelgas era el siguiente. Una empresa invierte en maquinaria y contrata trabajadores para fabricar un producto y venderlo al mejor precio posible. De esa venta provienen los beneficios de los empresarios y los salarios de los trabajadores. El empresario quiere maximizar los beneficios tanto como los empleados maximizar sus salarios. Si los empleados perciben que los beneficios suben más que sus salarios  piden un aumento pues el mejor resultado de la empresa es en parte fruto de su trabajo. Como modo de presión pueden utilizar la huelga que supone parar la producción. La consecuencia inmediata de la huelga es que ambos pierden pues los empleados dejan de percibir el salario de esa jornada de huelga y los empresarios dejan de percibir los beneficios que se producirían de la producción y venta de esa jornada y mantienen los costes financieros, etc. Si la pérdida es mayor en la empresa pues los beneficios eran muy superiores a los costes la huelga triunfará y posiblemente conseguirá sus objetivos. Se que esta es una explicación muy reducida pero creo que puede servir para tener una idea aproximada del sentido original de las huelgas.
Ahora bien, imaginemos que una empresa no consigue vender lo que produce y cuenta con stocks a los que no puede dar salida como pasa hoy en tantos sectores de actividad, en un caso así la huelga beneficia claramente al empresario que se ahorrará los costes labores del día sin sufrir en los beneficios que no existen o son menores que los costes, en este caso la huelga no parece un instrumento muy adecuado para mejorar la situación de los empleados y quizás pueda aliviar la de los empresarios.
Pero ¿y las huelgas de estudiantes en la universidad qué sentido tienen? ¿a quién benefician realmente y a quién perjudican? EL producto que ofrecen las universidades es peculiar porque no se consume ni es privativo. Es lo que tiene el conocimiento que aunque uno lo aprenda sigue estando disponible para el resto, podríamos decir que incluso más disponible pues ya hay otro que dispone de él y puede darlo gratuitamente. Además, las universidades en España son en su mayoría públicas lo que quiere decir que tienen una peculiar financiación que las convierte en en entidades muy distintas a las empresas que antes vimos. Las huelgas, por el mismo motivo, tienen un efecto muy diferente. En primer lugar las universidades, al menos las públicas, que en España son prácticamente las únicas en las que los estudiantes hacen huelgas, reciben dinero de tres fuentes principales. Primero de las administraciones, segundo de los estudiantes y tercero de la investigación y servicios relacionados con ella, (modelos de acción, patentes, etc.). Cuando los estudiantes hacen una huelga el efecto es cuando menos curioso pues no dejan de pagar pero deciden no recibir el servicio por el que precisamente pagan. Siempre pensé que es un modo de presión más bien extraño pues los profesores siguen recibiendo su sueldo íntegro y tienen más tiempo para la otra actividad por la que les pagan, la investigación y la administración puede ahorrarse los costes derivados de la docencia sin disminuir ni un céntimo los ingresos que percibe de las tasas de matriculación. Esta forma de ver las huelgas estudiantiles siempre me ha hecho sospechar de aquellos profesores que las incitan pero dejaré a los lectores lleguen a sus propias conclusiones.
Creo que sería mucho más eficaz el uso masivo de los servicios universitarios. Si los universitarios sacasen de las bibliotecas todos los libros a los que tienen derecho, no digamos ya si los leyesen asunto que rozaría lo revolucionario, o si explotaran todas las posibilidades de acudir a la inspección a poner quejas contra los servicios que considerasen deficientes, o si solicitasen a gran escala reuniones con el defensor del universitario, o pidiesen citas de manera masiva y desde múltiples asociaciones con el ministerio y las distintas consejerías educativas, etc., creo que su efecto sería mucho mayor pero ¿dejar de acudir a clase para quedarse en casa? Quizás me falte visión pero no termino de verlo.... a no ser que las clases no sirvan de mucho.

3 comentarios:

Bianca dijo...

Muy bueno David y gracias por “revivir” tu blog: ¡¡se echaba de menos!! Estoy de acuerdo contigo.

Lo de “quedarse en casa como modo de lucha” es paradójico. Hacer todas esas cosas que propones sería mucho más eficaz, pero más cansado también y, sobre todo, implica sentirse comprometido con alguna idea y actuar en consecuencia. Y en tu post parece que estás suponiendo que esa es la razón por la que mayoritariamente los estudiantes no van a clase cuando se convoca una huelga. Sin embargo, pienso que la razón es simple y llanamente el escaqueo. Atribuyo al escaqueo un poder explicativo muy importante para entender el funcionamiento de las instituciones y el comportamiento de sus “habitantes”. Y esto se aplica también a las universidades públicas y sus “pobladores” (estudiantes, a los que te refieres en tu entrada, y su personal, del que diré algo a continuación). El escaqueo ético y profesional explica especialmente bien algunos de sus “defectos” o “aspectos a mejorar”; de hecho, explica casi todo lo malo que uno se puede encontrar en ellas. Desde luego, el escaqueo no explica tanto nuestras universidades como para definirlas por completo: todo lo bueno que tienen, y tienen muchísimo, se explica porque hay gente que no escurre el bulto, no elude sus responsabilidades, genera y comunica conocimiento, se esfuerza y da lo mejor de sí.

Sin embargo, tu post es crítico, y por ese lado quiero seguir. Pensemos, por ejemplo, en el personal universitario y en los sindicatos que los representan (valedores “oficiales” de sus demandas sociales y laborales), y pongamos por caso una de sus reivindicaciones más populares: los “moscosos”. Al leer tu post, he recordado uno de los e-mails sindicales que como todos, recibo semanalmente (y que tengo observado llegan dentro del estricto cumplimiento de un horario tipo 9am-2pm). En él se decía literalmente: “Los empleados de la universidad, tenemos derecho a un día más de asuntos particulares”. La noticia de la que este sindicato se congratulaba y que compartía con su “público objetivo”, hacía referencia a un conflicto sobre jornada y horarios de trabajo del personal al servicio de administraciones y organismos públicos. Por lo visto, los empleados públicos tienen derecho a disfrutar de hasta tres “moscosos”, sin perjuicio de demás días de vacaciones y permisos varios. Sin embargo, pueden incorporar un día de permiso adicional cuando alguna festividad nacional de carácter retribuido, no recuperable y no sustituible por las CC.AA. coincide en sábado. Como este es el caso del próximo 12 de octubre, el mensaje informaba de la lucha y exitosa concesión de un “moscoso” extra. La decisión en sí no es más que el resultado de la aplicación de una normativa e indica que la seguridad jurídica está garantizada en este país (al menos para el personal de las administraciones y organismos públicos). Otro tema, es la normativa en sí. Pero lo peor era el mensaje sindical. Presentar la “victoria del moscoso” como la gran batalla ganada a la administración explotadora de los trabajadores cuando, en realidad, es un “luchar por quedarse en casa”, es absolutamente ridículo. Tanto, o quizá más, que el “quedarse en casa como modo de lucha” de los estudiantes de los que hablas.

En ninguna de las dos situaciones la fuerza motriz es la lucha como expresión de un compromiso, sino el escaqueo. La diferente situación e intereses de los estudiantes y del personal de las universidades, hace que esta fuerza se manifieste bajo formas distintas, pero no deja de ser exactamente la misma. La desidia está instalada en muchas instituciones de nuestra democracia, en las que a diario se practican activamente formas de escaqueo, donde escaquearse de combatirlas es una de ellas. Las universidades públicas y sus “pobladores” no escapamos ni de la desidia democrática ni de las variantes de escaqueo. Y creo que concentrarnos en esto podría ayudar a entender situaciones como la que describes en tu post.

Anónimo dijo...

"Creo que sería mucho más eficaz el uso masivo de los servicios universitarios...": por ejemplo, el uso masivo de las tutorías por parte de todo el alumnado

César. dijo...


Así rápidamente:

1. Creo que la opinión general entre el alumnado de Educación de la UCM es en efecto que las clases no sirven de mucho. Particularizo por no caer en generalizaciones facilonas.

2. Creo personalmente que muchas clases / profesores no sirven de mucho. (ver punto 1 sobre particularización).

3. Es fuerte también el componente de "escaqueo" mencionado por Bianca. Es decir, ciertas clases, docentes, obligaciones, etc. SÍ que son valiosos pero la pereza es lamentablemente más fuerte.

4. En mis 28 años de vida, sólo he conocido a una persona que combinara responsabilidad, espíritu de sacrificio y "revindicación anti explotadora" a partes iguales. Una casi "mágica" excepción que a mí al menos me da que pensar.

5. No me gusta el modelo universitario español. Grados fortísimamente subvencionados, saturación de titulados universitarios y calidad general de formación más bien mediocre salvando honrosas excepciones (atendiendo sobre todo a los mejor o peor diseñados rankings mundiales).

Si al menos el nivel de la formación y el grado de compromiso de los estudiantes fueran elevadísimos, podría consolarme pensando en lo provechoso del despilfarro pero... (ver puntos 1, 2 y 3).

un saludo!!!!