martes, mayo 17, 2016

Deberes y política

Se ha vuelto a poner de moda un asunto que no es nuevo pero que reaparece cíclicamente en la escena educativa. No me refiero al asunto del velo en la escuela, clásico entre los clásicos recurrentes, si no al de los deberes. Los deberes escolares han venido siendo regulados en España, al menos desde 1957. No estamos pues ante un asunto especialmente nuevo.

Los niños tienen que jugar y la escuela los machaca con trabajos y trabajos. Aparecen vídeos lacrimógenos, muy del estilo sensiblero propio de nuestro mundo postmoderno que se convierten en virales, y no faltan campañas en change.org como ésta o ésta otra. Y claro, tenía que pasar, en la era de las redes sociales era cuestión de tiempo que la política fijase sus ojos nuevamente en el tema para "tratar de satisfacer una demanda social". Ha sido, en este caso el partido de Ciudadanos el que ha impulsado una proposición no de ley en la Comunidad de Madrid de cara a regular los deberes e introducir criterios de racionalidad en los mismos para que nuestros niños no sufran y velar así por su salud. La proposición no de ley, tal y como fue publicada en el BOAM decía: "La Asamblea de Madrid insta al Gobierno de la Comunidad de Madrid a: Promover con los instrumentos legales necesarios que los deberes, durante toda la etapa de educación primaria, sean tareas complementarias de las desarrolladas en horario escolar, de lectura, reflexión, investigación y motivación, limitando las tareas repetitivas y similares a las que los alumnos ya resuelven en las aulas, salvo situaciones específicas en las que la atención a la diversidad lo requiera. Establecer un porcentaje de tiempo máximo que deben dedicar los alumnos a las mismas. Informar del grado de cumplimiento de esta Resolución ante esta Asamblea al comienzo del curso escolar 2016/2017"

Nótese que lo primero que significa esta iniciativa es que los maestros no saben hacer su trabajo. Gente sin preparación que mandan tonterías sin sentido. Necesitamos que los legisladores los vigilen pues se nos van de las manos y no tienen criterios de racionalidad a la hora de mandar deberes. Por lo que se ve tenemos muchos docentes que mandan deberes "a tontas y a locas". Preveo además, gracias a esta medida, un espectacular incremento del número de inspectores en las casas de los niños cronometrando el tiempo efectivo dedicado a los deberes para que esta proposición no quede en agua de borrajas. ¿Alguien se imagina a los legisladores prescribiendo en una proposición no de ley el tiempo de reposo tras una cesárea, por ejemplo, para introducir racionalidad en del sistema? Es que los médicos van a lo loco y no saben lo que hacen dando altas al tuntún...

La segunda crítica al proyecto es la total ausencia de siquiera un mínimo intento por buscar evidencias que apoyen la medida. Es cierto que el proyecto se apoya en un informe de la OCDE basado en una encuesta según el cual los niños españoles están muy agobiados por los deberes. En general hay un alto porcentaje de niños agobiados por las tareas escolares en todo el mundo. Incluso en la maravillosa Finlandia (la arcadia educativa) a los 13 años casi el 50% lo está (un poco menos que los nuestros pero sin exagerar). Quizás a golpe de encuesta debamos también suprimir los trabajos pues yo también me encuentro mejor en casa, incluso normalmente mejor tumbado que de pie.  

¿Algún estudio sobre la eficacia? No se buscan. Existen tres posibles razones. Primero, que las evidencias existentes sean ambivalentes y poco claras y segundo, que no existan evidencias científicas sobre el asunto. En ambos casos los argumentos son suficientes para que la política no haga nada a no ser que lo que quiera sea hacer el ridículo. 

Pero existe una tercera posibilidad y es que la crítica a los deberes se mezcle con la búsqueda de la igualdad de resultados y que los deberes fuera del aula agranden las diferencias entre los que los hacen, porque tienen familias preocupadas porque los hagan y los que no los hacen. La típica búsqueda de la igualdad a costa de los que quieren y pueden más. Este motivo y esta concepción de la igualdad en educación dan para otro post. Solo decir que este tercer motivo, defendido por Podemos y en parte por el PSOE, nace, paradójicamente, del reconocimiento de valor de las tareas extraescolares.

¿Qué sabemos de la eficacia de los deberes? Pues algunas cosas sí sabemos. Básicamente que son eficaces cuando están bien diseñados a un coste bastante bajo (ver aquí y en el excelente post de Tania Alonso en el blog del mundo "Mejor educados" de forma más resumida y divulgativa).

En cualquier caso lo que también sabemos es que es un asunto técnico y profesional donde conviene que la política no entre pues no podrá hacer otra cosa que demagogia.*

* La RAE define demagogia en su segunda acepción como: "Empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política." Y es exactamente eso lo que los partidos han hecho con esta proposición no de ley.

1 comentario:

Maestra en crisis dijo...

Al hilo de este tema, unos periodistas hace unas semanas entraron al centro privado donde trabajo, un centro Kumon. Estaban haciendo un reportaje (inspirado seguramente por esa ola de preocupación infundida por los medios y campañas sensibleras) sobre la cantidad de deberes que tienen los chavales .
"Y claro, te presentas aquí, en una academia que añade más tareas a la lista", pensé. Muy evidente.
Tampoco fueron a preguntar a cada uno de los niños si estaban por obligación o porque querían (que los hay), ni si esta actividad les está resultando útil y ayudando en su día a día (desarrollando su potencial, hábito de estudio, concentración, cálculo mental, curiosidad, autodidactismo,...).

Y como siempre, el foco acaba allá donde esté el maestro, como máxima responsabilidad, siempre el “culpable”. Que como pollo sin cabeza, no tiene criterio ni sentido común y lo que más desea en este mundo es estresar a los pequeños y robarles su tiempo libre.

Tampoco nos cuestionemos el currículo, la interminable lista de objetivos y contenidos a alcanzar por curso (ya ni siquiera por ciclos, ¡no demos espacio a un respiro!) y “estándares de aprendizaje” innumerables a dominar... ni las pruebas individuales externas con carácter "informativo" (o más bien evaluativo) de centros.

Sí, esa saturación al final cae en los hombros de los pequeños... no lo niego. Pero ¿por qué no hablamos de esos padres que o bien por “afán” de conseguir niños-élite, o por simple necesidad laboral, elaboran unos horarios insanos para sus hijos sin un descanso?
La desigualdad casi siempre se mantiene fuera del colegio, así vemos padres tan volcados que rebosan y otros que olvidan a sus hijos en las escuelas. Estas impurezas no se liman “delimitando el tiempo de estudio extraescolar”, para empezar estos varian según las capacidades de cada uno, imposible establecer una válida para todos.

Una opción, con ligeros toques utópicos, sería que en el momento de encuentro, en el aula, en ese lugar que realmente se creo para ello, los niños aprendieran todo lo necesario y que no necesitaran refuerzo ninguno después de la larga jornada. Yo lo veo viable, siempre y cuando el maestro disponga de los medios y pueda atender a la gran diversidad a la que se enfrenta... y no solo hablo de ritmos de aprendizaje, sino también las diferentes maneras que tenemos de aprender y entender lo que nos rodea. Adaptando las actividades a ellos, despertando sus inquietudes, mejorando sus habilidades, trabajando sus capacidades. Un aula con un menor número de alumnos cuya gestión se pueda asumir y cubriendo todas las demandas. Una orden para regular esto, no estaría mal.

Como siempre, medidas bañadas en demagogia, con títulos rimbombantes, que decoran un qué pero de nada hablan del cómo... ni mucho menos dan una solución real a los desajustes de nuestro sistema educativo.