miércoles, junio 01, 2016

A vueltas con la concertada

Nos asaltan temas realmente novedosos. La escuela concertada. ¿A que no les suena? Yo, un visionario, escribí sobre ello hace ocho años y también hace cinco, creo que alguna vez más incluso. Ahora por lo visto en Valencia vuelve a estar de moda. Pero vamos, que el problema ya estaba cuando hicimos la Constitución hace casi cuarenta años.
Voy a tratar de resumir de la manera más objetiva posible los problemas que están debajo de este asunto. Empezaré exponiendo los principios y hechos más importantes que subyacen a todos esos problemas relacionados con el tipo de escuela.
Primero, la educación es una actividad densa. ¿Qué quiero decir? que educar no es como vender bolis. En los coles no solo enseñamos a abrochar los cordones o sumar, sino que la educación tiene como pretensión el pleno desarrollo de la personalidad (finalidad que está en la Constitución y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos). La plenitud es asunto serio y precisamente por eso será difícil que en sociedades como las nuestras nos pongamos de acuerdo en qué es eso y en cómo se logra. Siendo esta la realidad es normal que haya varias organizaciones o grupos de padres o padres sueltos que se muestren preocupados por el asunto y creen empresas o asociaciones dispuestas a ofrecer diferentes modelos, por eso existe libertad de enseñanza y no creo que haya nadie, salvo los totalitarios, que piensen que dicha libertad no tiene sentido.
Segundo, la educación es también un asunto público. Aunque vivamos en una sociedad pluralista no vale cualquier modelo. Algunos están prohibidos y es legítimo que el estado democrático, a través de sus legisladores, tenga algo que decir. La regulación, siquiera de mínimos, tiene sentido. Además hay bienes comunes que trascienden los legítimos modelos individuales. Por ejemplo, es defendible como interés público acabar con la marginación y los guetos, y contribuir en la creación de una cierto clima de cohesión social a través de la transmisión cultural.
Tercero, la educación es cara. Cuesta dinero, y mucho. Es bueno saber que no existe algo así como educación gratuita. A los profesores, fijate que curioso, les gusta comer varias veces al día.
La existencia de la educación concertada se justifica claramente en el primero de los principios descritos y viene matizada por el segundo y el tercero.  
Que haya distintos proyectos no es algo que deba ir a menos sino más bien algo que debería ir a más. Proyectos basados en distintas pedagogías y también en distintas finalidades. El estado debería regular menos y limitarse a pagar aquellas ofertas que respeten los valores esenciales. Lo que no está prohibido debería estar permitido en educación. Esa pluralidad debería también permitirse dentro de la propia educación pública. Estudiar modelos como el inglés nos vendría muy bien. A falta del sistema británico con sus "academy" y "free schools" (ambos modelos públicos imposibles aquí) pues nos conformaremos con la concertada. 
Hay, no obstante, un argumento crítico con la concertada que los defensores de la misma deberían estudiar con atención porque tiene sentido y es el referido a la necesidad de garantizar que son los padres los que eligen colegios y no los colegios los que, con algunas prácticas cuestionables,  eligen a los padres. Cuando esas prácticas se consolidan la escuela concertada se convierte solo en una excusa que los padres pueden utilizar para "liberarse" de un tipo de alumnado problemático contribuyendo así a la creación de guetos. 
La búsqueda de un reparto equitativo del alumnado con dificultades o de diferente procedencia sociocultural (siempre que se dote a todos los centros con los mismos medios) es más que razonable. Es una obligación de los poderes públicos (1).
Establecidos estos principios, no tiene sentido que las comisiones de escolarización no asignen a escolares a la concertada hasta que no estén cubiertos los puestos en la escuela pública, porque en ese caso se están poniendo los intereses del profesorado por encima de los derechos de las familias a elegir legítimamente el modelo pedagógico, filosófico o/y religioso en el que educar a sus hijos. Los colegios públicos tienen que poder quebrar como un concertado o un privado. 
La idea de que el dinero público debe servir y seguir al público y sus intereses y no al proveedor del servicio, sea quien sea, debería ser evidente. 

(1) Es importante resaltar que muchas veces la diferencia en el tipo de población de un centro no es tanto cuestión de titularidad como de zona. Hay muchos colegios públicos con pocos inmigrantes o poco alumnado con necesidades educativas especiales porque está situado en determinada zona.

4 comentarios:

Unknown dijo...

Se me queda a medias. Hay segunda parte prevista?

Me da la sensación que haces una introducción pero luego, a la hora de profundizar, solo lanzas unos trazos muy generales.

Entiéndeme la crítica en el sentido positivo de que me hubiera gustado que te extendieras más, aunque desconozca la razón de no hacerlo.

Juanfran

David dijo...

Imagínate. Yo ya pensaba que había escrito una entrada demasiado larga. Pero es cierto que se puede matizar mucho más.

David dijo...

Imagínate. Yo ya pensaba que había escrito una entrada demasiado larga. Pero es cierto que se puede matizar mucho más.

Juanfran dijo...

Es que es dificil "concertar" la profundidad de los temas que tocas y la "necesidad" de ser "ligero".

Como odio a la gente que "abusa" de las "comillas"